⛏️🏴El anarquista que se convirtió en el primer fusilado🇦🇷🪏

– desaparecido por la dictadura de Uriburu💩

Felipe Pigna

La vida de Joaquín Penina es el relato de un relámpago que cruzó el cielo gris de la injusticia para terminar fundiéndose en el barro de las barrancas del Paraná.

F Letter PNG Transparent Imagesue un hombre de ideas encendidas y manos callosas, cuya existencia se convirtió en el primer capítulo trágico de la represión sistemática en suelo argentino durante el siglo XX.
Penina nació en 1901 en Gironella, un pueblo de la Cataluña profunda donde el murmullo de las fábricas textiles se mezclaba con el eco de las luchas obreras. Desde joven, su espíritu se forjó en el fuego del anarquismo español.
En 1924, huyendo de la dictadura de Primo de Rivera y buscando un horizonte donde sus manos pudieran construir el mundo que soñaba, desembarcó en Buenos Aires.

Entre muros de ladrillos y literatura libertaria

Sin embargo, fue en Rosario, la «Chicago argentina», donde su figura encontraría su destino final. Allí no solo levantaba muros de ladrillo; también construía conciencias. Era un albañil de oficio y un bibliotecario de alma.

Se convirtió en un pilar de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) y se encargaba de distribuir literatura libertaria.

Vivía en una modesta habitación en Salta 1500, rodeado de libros y panfletos. No era un hombre de armas, sino de ideas. Su «artillería» eran los volúmenes de la Editorial Claridad y los periódicos que repartía en las obras en construcción.

El 6 de septiembre de 1930, el general José Félix Uriburu derrocó al gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen, instaurando la «Década Infame». La represión no tardó en descender como una mortaja sobre los movimientos obreros.

En 1930 la dictadura encabezada por Uriburu comenzó a perseguir a los movimientos obreros. / Archivo

El 9 de septiembre, la Policía allanó la casa de Penina. Lo acusaron de distribuir un panfleto que llamaba a la resistencia contra la dictadura. Era el chivo expiatorio ideal: extranjero, anarquista y culto, y su voz podía despertar a los dormidos.
En la madrugada del 11 de septiembre de 1930, Rosario dormía bajo el peso del estado de sitio. Sin juicio previo, sin defensa y bajo el amparo de la ley marcial Penina fue sacado de su celda en la Jefatura de Policía y trasladado en un camión hacia el sur de la ciudad, a las barrancas del arroyo Saladillo.
El entorno era desolador: el río Paraná servía de único testigo. El frío de septiembre calaba los huesos, pero los relatos coinciden en que Joaquín caminó hacia su destino con una serenidad que heló la sangre de sus ejecutores.

Fusilado y desaparecido

El capitán al mando del pelotón, siguiendo el protocolo de las ejecuciones, intentó vendarle los ojos. Penina rechazó el pañuelo: «No necesito vendas. Quiero ver de frente a los que me matan por pedir pan y libertad para mis hermanos».

Mantuvo la mirada fija en los soldados, jóvenes conscriptos que temblaban al sostener sus fusiles ante un hombre cuya arma había sido una biblioteca ambulante.

«¡Viva la Anarquía!», se cuenta que fueron sus últimas palabras.
El cuerpo de Penina fue enterrado clandestinamente como “N.N.” en el Cementerio La Piedad de Rosario, en un intento de borrar su huella. La dictadura quería que el miedo fuera su único epitafio. Sin embargo, los obreros rosarinos, en susurros en las fábricas y obras, empezaron a llamar a ese tramo del río donde lo fusilaron «las barrancas de Joaquín».
Su figura fue rescatada del olvido décadas después, gracias a la investigación de historiadores como Osvaldo Bayer, quien escribió:

«A Penina lo mataron tres veces: con las balas, con el entierro clandestino y con el olvido oficial.

Pero se olvidaron que los mártires tienen la mala costumbre de resucitar en la memoria de los pueblos (…) fue el primer desaparecido-fusilado de la historia argentina contemporánea. Su sacrificio marcó el inicio de una metodología del horror que el país conocería con mayor crueldad décadas más tarde.»

Hoy, un parque en Rosario lleva su nombre, no muy lejos de donde su voz fue silenciada.

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