oy más que nunca es necesario conocer, difundir y practicar el Naturismo para poder autogestionar la salud individual y colectiva; de esta manera, estar en conexión con nuestro propio cuerpo y la naturaleza para el bienestar de la humanidad. Este conocimiento tiene raíces milenarias, pero nos centraremos en el período señalado, entre los años 1890 y 1936, a través de las personas que difundieron estos conocimientos en el entorno anarquista, porque la idea de armonía entre naturaleza y ser humano forma parte de dichos principios, cuyos postulados adquieren plena vigencia hoy por los problemas que padecemos como es la intoxicación química, de la tierra, de los alimentos, del aire, del agua, en las fábricas, etc. Además de las radiaciones nucleares y electromagnéticas actuales, agresiones a la salud que impone el sistema capitalista e impregna todas las esferas del conocimiento y la ciencia. Ya fuimos alertadas desde el anarquismo al plantear que: «la ciencia en manos del poder podría ser nuestra mayor carcelera».
No dispongo de espacio para exponer la gran labor realizada por los y las médicos anarquistas en esta etapa histórica.
Las ideas del Naturismo se introducen en la Península con las publicaciones editadas por La Revista Blanca dirigida por Soledad Gustavo y Federico Urales, padres de Federica Montseny, así como en las revistas Helios, Generación Consciente, Estudios, Ética y Naturismo.
Dos grandes pensadores influyeron en el movimiento Naturista Internacional sembrando la semilla con sus publicaciones, Élisée Reclús y Lev Tolstói, traducidas en España y difundidas en los sindicatos, ateneos y asociaciones.
Élisée Reclús (1830-1905) nacido en Francia donde se le valora como un gran sabio y precursor de la ecología social, escritor, geólogo, vegetariano, esperantista y anarquista. Sus ideas se propagan en nuestro país a partir de 1887 con las publicaciones:
Historia de un arroyo Historia de los Continentes, Nueva Generación Consciente, documentada esta última en sus largos exilios, para culminar con La enciclopedia del Hombre y la Tierra compuesta de seis volúmenes traducida por Anselmo Lorenzo como material de estudio para la Escuela Moderna fundada por Ferrer i Guàrdia.
Lev Tolstói (1848-1910) de origen ruso, su obra se conoce a partir de 1887; considerado un escritor universal, pedagogo, vegetariano, esperantista, y revolucionario pacifista. Cuestionó las revoluciones violentas porque solo veía en ellas una alternancia en el poder, mientras quedaba intacto el sometimiento del individuo. Aceptó la presidencia honorífica de la Asociación Internacional de Esperantistas y vegetarianos, contribuyó a crear el movimiento tolstoiano que se negaban a pagar impuestos, a servir al Ejército y a enviar a sus hijos a las escuelas estatales. Su obra ha influido en el movimiento Pacifista Internacional y en los medios anarquistas españoles. A su muerte, Anselmo Lorenzo escribió: «sea su memoria honrada por los tiranizados de hoy y los libres del porvenir».
La revista Helios publica los libros del francés Emill Gravelle (1885-1920), ilustrador de profesión, fue el impulsor del Naturismo y de la edición de la revista L`État Naturel, dando lugar a la creación de núcleos naturistas.
Otro francés que influyó en el naturismo Ibérico fue Henri Zisly (1872-1945). Entre sus objetivos se encuentra la vuelta a la edad de oro, que significa un estilo de vida sencilla frente a la degeneración que ocasiona el capitalismo y la ciencia, considerada esta una diosa cuyo culto generaba lo artificial; los resultados eran las ciudades con focos de epidemias, adulteración de las bebidas y alimentos, contaminación ambiental, sobreesfuerzo intelectual o el trabajo atrofiante de las fábricas; causa todo ello de la degeneración de la Humanidad. En 1899 publica Hacia la conquista del estado natural, en 1903 El Naturismo Libertario ante la civilización, y en 1928 El Naturismo práctico ante la civilización. Estas publicaciones se expandieron por la península y Latinoamérica a través de los exiliados de diferentes épocas.
Las ideas fuerza que se expandieron en el naturismo Ibérico serian: la regeneración, la vuelta a la naturaleza y el Naturismo Integral propagadas por:
Adrián del Valle (Barcelona 1872-La Habana 1945). A los 13 años se interesa por las ideas anarquistas y a los 15 participa en el ateneo obrero Regeneración. Fue escritor, naturista y periodista. Pasó un tiempo en Nueva York, Tampa (Florida), y es en La Habana donde formó parte de la Sociedad Naturista, dirigiendo en 1920 la revista Provida y donde escribió sobre los factores de degeneración considerados una alteración morbosa sufrida por el organismo que abarca lo físico, lo ético y lo intelectual. Considera que la tarea del naturista consistiría en contribuir al predominio del sentimiento de solidaridad y bienestar social por encima del egoísmo individual y de clase. En 1920 publica Para vivir 100 años, en 1926 Náufragos, novela que tuvo amplio eco no solo en los medios anarquistas, y en 1931 publica Naturismo.
Concluye: «con el estudio científico de la naturaleza y del ser humano, del medio ambiente y del medio natural se podrían deducir las reglas de una vida normal y armónica, dicho estudio se podría extender al Universo».
Jesús González Malo (1912-1965) Portuario montañés, activo sindicalista, naturista. En 1930 formó el Colectivo Naturista en el Ateneo Obrero de Santander. El naturismo lo concibe como una autorregulación individual y de perfección. En 1936 fue nombrado comisario general de milicias y organizó la evacuación de la ciudad. Murió exiliado en Nueva York en 1965.
Albano Rosell Llongueras (Sabadell 1888-Uruguay 1964) Naturista, sindicalista, maestro racionalista, escritor, editor, y conferenciante. En 1909, a consecuencia de la Semana Trágica de Barcelona, se exilia en Francia para marchar a Argentina y posteriormente a Uruguay donde sigue divulgando el naturismo y la pedagogía libertaria, y, a su vez, colabora con la prensa naturista de España. Regresa a la península en 1915, colabora con las revistas Helios y Naturismo; crea un centro en Valencia y además publica en 1918 El Naturismo integral y el hombre Libre donde plantea los factores de regeneración para lograr la salud: aspectos físicos, sociales, artísticos, emotivos y científicos del ser humano. Escribe:
«el naturista practica un tratamiento profiláctico, dietético, terapéutico, regenerador tratando de resolver los efectos de esa decadencia además de ver las causas para llegar a la perfecta integración del hombre con la naturaleza. El sentido artístico y estético conducen al apego a la naturaleza, arte que no tiene nada que ver con la industria cultural y con la estética de consumo, pero sí con el goce de sentirse parte de un todo».
Con la dictadura de Primo de Rivera volvió a Uruguay para quedarse definitivamente y publica en 1929 En el país de macrobia. Una narración naturológica con gran repercusión.
José Elizalde (1926, Barcelona, muere en el exilio). Fundador de la revista Ética e impulsor del Ateneo Naturista Ecléctico, tradujo a los naturistas franceses individualistas Armand y Ryner.
José María Martínez Novella (Alpuente, Valencia, 1896, muere en el exilio en México) destacado difusor de la ciencia en el movimiento libertario, realiza su formación de neuropatía en Nueva York en la prestigiosa escuela del Dr. Bendi Rust colaborando con él y crea su propio centro en Granbury (Nueva Jersey).
Antonia Maymón (Madrid 1881-Beniaján, Murcia, 1959). Estudió magisterio en Zaragoza ejerciendo su profesión en las escuelas racionalistas en distintas ciudades, escritora, sindicalista, naturista y anarquista. Publicó artículos relacionados con la salud en revistas como Helios, Ética, Naturismo, colabora con La Revista Blanca, Tierra y Libertad, Fructidor, Acción Social Obrera, Mujeres Libres; de carácter pedagógico Almanaque y Vértice. También escribe cuentos y novelas: La Madre, La perla, El hijo en el camino, Pedagogía y Amor Libre, editadas en la colección La Novela Ideal de gran difusión en las Juventudes Libertarias, presentan arquetipos que encarnan los valores de justicia, fraternidad, libertad de sus héroes y heroínas unidos a relaciones de respeto a la dignidad entre la mujer y el hombre condición indispensable para el amor. (el dictador Franco dijo que la Novela Ideal había corrompido a la juventud española…)
El Naturismo lleva implícito un régimen de regeneración física y moral, proclama el derecho a la vida integral de todo ser humano y el respeto a las leyes de la naturaleza unido al desarrollo de la educación física, intelectual y moral dando importancia a la maternología, esta debe ser deseada, limitada y seleccionada. La mujer ha de poder decidir cuándo, con quién y cuántas veces desea ser madre.
Publica en Helios un artículo sobre el pensamiento en el que considera imprescindible saber la influencia que tiene en todos los actos de la vida, tras una herencia de fanatismos, y observar que un pensamiento repetitivo conduce a ejecutar una acción determinada. El naturismo como idea renovadora necesita pensamientos cultivados, seguido de acciones provechosas, unido a la justicia social frente a los que ven en el naturismo solo la mejora fisiológica.
Participó en el Congreso de Bilbao en 1925 y presidió el celebrado en Málaga en 1927, colaborando en el proyecto de colonias infantiles inspiradas por el Dr. Alfonso, médico naturista que sobrevivió a las cárceles franquistas, período en el que se dedicó a escribir el libro «40 lecciones de medicina naturista». En sus memorias nos habla de su experiencia carcelaria y resalta que vivió la mejor universidad entre rejas; ya en el exilio, el libro tuvo cuatro ediciones en Buenos Aires, además de escribir numerosas publicaciones que contribuyeron a difundir la medicina naturista prohibida durante la dictadura. En 1966 retornó del exilio para formar a la juventud naturista ansiosa de conocimientos. Nos dejó a los 95 años en Madrid.
Ana Carrera: Postgrado en Medicina Naturista. Participó con la ponencia El Naturismo Libertario, historia y desarrollo social en España 1890-1936 representando a la CGT.
Bibliografía
Josep María Roselló, La vuelta a la naturaleza
M.ª Carmen Agullo y Pilar Molina, Antonia Maymón Dr. Alfonso, Mis recuerdos y 40 lecciones de medicina naturista.
El 20 de julio de 2001, en la cima del movimiento contra la globalización capitalista, cientos de miles de personas se reunieron en Génova, Italia, para oponerse a la cumbre de los ocho gobiernos más poderosos del mundo: el G8. Durante las manifestaciones masivas que siguieron, un oficial de policía llamado Mario Placanica disparó y mató a un manifestante de 23 años llamado Carlo Giuliani. El siguiente texto fue escrito por Tomás Rothaus, un compañero participante en la batalla de Génova.
scribí esas palabras, Carlo, cuando tu sangre todavía estaba fresca en el pavimento y tu nombre aparecía todavía en cada periódico y en cada televisión. Los publiqué en nuestra revista anarquista, Barricada, y sigo estando de acuerdo con ellas. Pero por favor no las malinterpretes. Siento que te hayas ido y experimento tu muerte como una tragedia. Pienso en ti hasta el día de hoy más de lo que podrías imaginar. Con suerte, no estoy solo en ese sentido.
Durante años, todo el tiempo que pude, me aseguré de que cada 20 de julio, dirigiéramos la rabia que llevamos por ti en nuestros corazones contra nuestros enemigos. En las ciudades al azar de cualquier país en el que me encontrara, nos aseguramos de que se iluminara la noche, que lloviera piedras en la oscuridad contra los bancos, que emboscamos a los coches de policía, que grabamos tu nombre en las paredes de Boston, Goettingen, París, Berlín. A veces, para celebrar tu vida y no tu muerte (así como para deshacernos de la policía), elegimos vengarte en tu cumpleaños, el 14 de marzo, en lugar del día de tu muerte.
Hoy, décadas después de ese 20 de julio de 2001, a menudo me acuerdo de ti cuando menos me lo espero. Verte a los cuarenta años. Vestido decentemente, ordenado, tal vez con un traje de negocios o algún tipo de uniforme de trabajo. Un humano lo suficientemente viejo como para parecer desgastado por las inevitables tensiones de la vida, el amor y el trabajo, pero lo suficientemente joven como para que su juventud todavía brille detrás de la sombra de las cinco en punto y el incipiente vientre de cerveza. Porque cuando veo a esa persona al azar, cualquier persona al azar, que tiene la edad que tendrías hoy, me acuerdo del día en que la bala del policía sesgó tu vida y tu futuro.
Lugar donde Carlo Giuliani fue asesinado, poco después de su muerte.
No estoy tan indignado por tu muerte como por la vida que te robaron.
Teníamos una afinidad en la batalla, y fue solo el destino el que te puso en esa batalla en particular, en esa plaza en particular, en la que mis amigos y yo no estábamos. La única vez en ese día en particular que la policía apuntó sus balas no al cielo, sino a la cabeza de un ser humano. Tu cabeza.
Por lo que me dijeron, si hubiéramos vivido en la misma ciudad, es probable que no nos hubiéramos llevado muy bien. Me han dicho que eras uno de la punkabbestia de Génova, que (por lo que entiendo) es como los chos de caos o los punks callejeros que teníamos en mi ciudad. No particularmente organizado, a veces cayendo en reuniones políticas, pero definitivamente no activista, militante o cualquier tipo de cuadro. El Tute Bianche, cuyas palabras hasta el día de hoy, obviamente, todavía soy reacio a tomar a su valor nominal, lo llamó “no particularmente político”. Dijeron que solías pasar tu tiempo en la Piazza Delle Erbe, donde “amenazabas y salías con amigos y perros callejeros”. Todo lo cual no tengo nada en contra, pero todos sabemos que los punks callejeros y los jóvenes anarquistas ortodoxos obsesivos a menudo no se llevan muy bien.
Sin embargo, nada de eso importa. Lo que importa es que te han congelado en el tiempo. Siempre serás un joven punk callejero, si eso es realmente lo que eras, privado de la oportunidad de hacer aquello que te hacía feliz y te hacía sentir pleno como persona en los años y décadas que aún te quedaban por vivir. Tal vez su rebelión juvenil eventualmente se habría desvanecido, habrías terminado tus estudios universitarios, obtenido un título, seguido adelante y mirado hacia atrás con desdén a esos días en las calles como un rebelde y un marginado. O tal vez los habrías recordado con nostalgia melancólica, como un capítulo agradable por el que pasaste en tu vida antes de asimilarte, conseguir un buen trabajo gracias a las conexiones de tu padre, formar una familia y lanzar una moneda hacia la próxima generación de punkabbestia mientras pasabas por las calles que solían ser tuyas. O, quién sabe, tal vez te habrías convertido en un viejo punk, canoso pero todavía libre, perro a tu lado, paseando por las calles de Génova hasta el día de hoy.
Pero te robaron un futuro, así que nunca serás ninguna de esas cosas. No nos traicionarás, no seguirás adelante, no caminarás entre nosotros. E, incluso si mis aventuras no me hubieran exiliado de Europa y pudiera encontrarme en Génova una vez más, nunca recordaremos juntos ese día de verano caluroso y soleado en el que podrías haber ido a la playa, pero en cambio, indignado por la invasión policial de tu casa, te uniste a nosotros en la batalla.
Nunca tendrás la oportunidad de seguir adelante, arrepentirte de tus elecciones, denunciar los excesos de tu juventud o pasar toda tu vida manteniéndote fiel a ellos. Siempre serás, como tu mejor amiga Daniele te recordó pocos días después de tu muerte.
“alguien que tenía ese mal por dentro, el que está aquí en el aire, que todos tenemos. No encajaba en la sociedad, en el sistema. Sufría mucho, y como era más sensible que nosotros, más generoso y más amable, también era más frágil”.
Para siempre, un niño de veintitrés años, solo unos pocos años más allá de un adolescente, mirándonos a través de una foto, o recordándome el precio brutal de la rebelión como la imagen de ti acostado en un charco de sangre brilla constantemente en mi cabeza.
Mientras estoy indignado de que te robaran cualquier futuro que aún no hubieras elegido, estoy alarmado porque veo que tu memoria se desvanece en el tiempo de la conciencia colectiva de aquellos que te siguieron. Ni siquiera sé por qué te escribo una carta. No creo en la vida después de la muerte, y dudo que tú tampoco lo hicieras. Tal vez es mi forma desesperada de aferrarme a una sensación de control sobre lo que parece inevitable: ese tiempo finalmente nos devora a todos. Eso, aunque las circunstancias pueden ser diferentes, tanto la muerte como el paso del tiempo algún día vendrán a por mí tal como fueron a por ti. Aún así, y aquí asumo que también somos similares en espíritu, solo porque sea inevitable no significa que me vaya a impedir tratar de prevenirlo.
Sin embargo, han pasado muchos años, Carlo, y he tenido que dejar mis armas también. Entonces, como ya no puedo hacer mi parte para mantener tu memoria viva con la acción, aquí estamos: un anarquista impío escribiendo una carta a un punk callejero muerto. Con la esperanza de que otros lo lean y pregunten sobre ti, y sobre las condiciones, los sueños y las aventuras que llevaron a la creciente ola de nuestro movimiento, y la ola que, ese día, barrió tu vida con ella. Es el único arma útil que puedo encontrar en mi arsenal hoy para luchar contra la idea de que serás olvidado, solo una nota a pie de página en un distante choque de un movimiento olvidado hace mucho tiempo. Tu cara, tus esperanzas, tus sueños y, finalmente, tu nombre se desvanece en los libros de historia.
Hemos estado luchando por tu memoria desde el día en que te mataron. Hemos hecho todo lo posible para ser justos. Para no asignarte roles o aspiraciones, que hubieras rechazado. Pero no ha sido fácil, y me disculpo si no te hemos representado como te hubiera gustado. En Barricada, con valentía y sin dudarlo, te calificamos de anarquista, sin saber si te identificas con la palabra. En nuestra defensa, no puedes imaginar cómo fueron esas horas, días, semanas y meses después de tu muerte.
Había algunos entre nosotros, bien intencionados pero equivocados, que se imaginaban que eras un militante anarquista organizado. Un luchador de primera línea del bloque negro. Querían convertirte en un mártir voluntario que sacrificó con gusto su vida por la causa.Pero sé que no elegiste esto, porque estuviste a punto de ni siquiera aparecer por allí aquel día. Más importante aún, porque ninguno de nosotros lo elige. A diferencia de los fascistas, celebramos la vida, no la muerte.
“Carlo vive, eres tú el que está muerto”.
Luego estaban los pacifistas y los reformistas. En estos días, trato de alejarme del lenguaje sectario anarquista hiperbólico de mi juventud, pero cuando los recuerdo, sus acciones y sus palabras cuando hablan de ti, vuelve rugiendo. Si hubieras podido ver las lágrimas de cocodrilo de la escoria de ese movimiento! Invocaron tu nombre, pretendieron mantener la memoria alta, pero te celebraron y recordaron solo porque moriste. Aquellos de nosotros que actuamos con vosotros, como vosotros, que fueron tus camaradas ese día pero a quienes el destino no puso en el camino de la bala de un policía esa tarde en la Plaza Alimonda, nos denunciaron. Dijeron que éramos responsables de la violencia, que habíamos traído la ira del Estado sobre los buenos manifestantes. Eso indirectamente, fuimos nosotros los responsables de tu muerte, no el estado, no el policía que disparó el arma. Difundieron absurdas teorías de conspiración de que el bloque negro y la resistencia masiva, generalizada y digna eran obra de policías y fascistas encubiertos.
A la deriva en la realidad paralela que creó su narrativa, intentaron atacarnos, trataron de expulsarnos del movimiento, empujándonos hacia los policías, llamándonos fascistas y gamberros. Y al día siguiente, cuando nos propusimos vengar tu muerte, dirigieron sus cantos de “¡Assassini!” —asesinos— tanto como a la policía. Ellos también hicieron todo lo posible para reclamarte como un mártir de su movimiento, pero en su caso con el increíble cinismo e hipocresía de reivindicar tu memoria mientras denunciabas a todos los demás que actuaban como tú. Para ellos, estabas mejor muerto que vivo. Un gamberro en vida, un mártir en la muerte.
La gente de ATTAC, el Foro Social de Génova, el Tute Bianche, las partes, los reformistas y toda la sopa de alfabeto de los aspirantes a gerentes de descontento, todos ellos trataron de convertirte en una víctima. Un joven desventurado y equivocado, asesinado por el Estado. Querían privarte de la agencia, como a menudo lo hacen con aquellos cuyas opciones no pueden entender o no respetan. Todavía no estoy seguro de cuánto es oportunismo cínico y cuánto es que en realidad no pueden concebir ninguna forma de lucha más allá de las maniobras políticas y los enfrentamientos mediados. Así que cada vez que ponemos a los policías en fuga, cada vez que abríamos suficientes frentes para mantenerlos a raya, para que algunos de nosotros tuviéramos la oportunidad de deconstruir tranquilamente el paisaje del capitalismo y tomar descansos muy necesarios y muy merecidos entre batallas, descansando en los muebles de la orilla que habíamos instalado en las calles con el ocio de una fogata en el patio trasero, alucinaron algún gran plan maestro de la policía para justificar la represión contra todo el movimiento antiglobalización. Los que vivimos éramos fascistas, gamberros y provocadores, mientras que tú, en virtud de la muerte, te convertiste en una víctima y un mártir. Simplemente no podían aceptar que la rebelión en Génova no solo fuera orgánica y auténtica, sino también exitosa.
Moriste precisamente porque, en ese día y en ese momento, lo estábamos logrando, les estábamos ganando la partida. La policía se retiraba. No sé si alguna vez lo supiste, pero no solo fue allí, en la Piazza Alimonda, sino que estaban huyendo por toda la zona. Sé que esto será controvertido, pero dadas las circunstancias, ni siquiera estoy seguro de que sea correcto decir que te “asesinaron”. Ahorraré a ambos la reconstrucción voyeurista de las minucias de tus últimos momentos. Hubo años de interminables discusiones sobre si la bala te golpeó directamente o rebotó de algo, si estabas lanzando el extintor de incendios o simplemente sosteniéndolo. El soldado que te disparó finalmente fue encontrado actuando en defensa propia y absuelto de cualquier irregularidad. Tampoco estoy tan seguro de que importe, honestamente, aparte de la necesidad de muchos camaradas, incluso compañeros anarquistas, buscar el papel de víctima de la brutalidad policial, como si posicionarnos en el papel de víctima perpetua frente al gran estado malo nos prestara un terreno moral a los ojos de una sociedad en general. Es derrotista y lo odio, como supongo que tú también lo harías. La justicia que buscábamos nunca fue la del Estado y sus tribunales.
Hablando de miedo, esto es lo que el soldado que te disparó, Mario Placanica, le dijo al juez poco después de matarte:
«Disparé porque tenía miedo de morir. No sé qué pasó. Recuerdo que nos estaban rodeando, que nos atacaban, que el jeep era un infierno. Me temblaban las manos y disparé sin mirar hacia fuera».
No me malinterpretes, definitivamente no soy amigo de policías o soldados, pero no tengo ninguna dificultad para creerle. En ese momento, tenía veinte años, apenas más que un adolescente, enviado a las calles de Génova ese día después de que sus superiores le dijeran que “estuvieran atentos” porque los manifestantes estarían “tirando bolsas de sangre infectada” y que habría “ataques terroristas”. Él dijo: “El sentimiento era como si fuéramos a la guerra”.
He estado en situaciones similares, incluso en otras partes de Génova ese mismo día. Me he parado en el lugar donde estabas, pero en un momento diferente y en un lugar diferente, y mirado a los ojos de la persona uniformada frente a mí. Si yo fuera el policía o el soldado, yo también tendría miedo. Tal vez yo también apretaría el gatillo, especialmente si fuera un joven soldado, un creyente en Dios y en el país, frente a una horda de anarquistas enmascarados que avanza de forma, aparentemente, incontrolable.
Por si sirve de algo, el hombre que te mató, hoy es una cáscara de un ser humano. Salio de los carabinieri en 2005 debido a problemas psicológicos, hoy se representa a sí mismo como un hombre “destruido, solitario y consumido” que lucha contra la depresión.
Como era de esperar, no tengo casi ninguna simpatía por su situación. ¿Pero es personalmente un asesino? No lo sé. Nunca podríamos decidirnos sobre eso, tanto que la contraportada del número de Barricada que publicamos inmediatamente después de la batalla de Génova, que te estaba dedicada, en la que prometimos venganza, incluye la línea “Carlo no fue víctima de la brutalidad policial” mientras proclamaban: “Asesinaron a un anarquista”.
“En la memoria amorosa de un compañero caído”. Barricada #8. Verano/septiembre de 2001.
Tanto desprecio como tengo por el hombre que te mató, hace unos años,
“Ese día para mí sigue siendo un trauma, un trauma por la muerte de un chico como yo, que también fue víctima de aquel trágico día.. No soy un verdugo, no soy un vigilante. Ese día no sostuve el arma para Mario Placanica, la sostuve para los Carabinieri, para el estado italiano”.
Por un momento, dejemos de lado la autocompasión en la que se regodea y la falsa equiparación con la que se presenta a sí mismo como una víctima más, ya que ambos sabemos que no era un recluta sino un profesional que voluntariamente eligió su profesión. Sin embargo, tiene razón en que fue el estado italiano el que puso el arma en la mano de este niño soldado y le dio rienda suelta para disparar contra quién se rebeló. Te dispararon porque eras “uno de los nuestros”.
“Uno de los nuestros”. Lo pintamos con aerosol en las paredes durante años. Uno de los miles y miles en las calles de Génova ese día que eligió rebelarse. Uno de nosotros, uno y el mismo, independientemente de la etiqueta política que nos apliquemos, independientemente de si algunos pasan sus días editando diarios anarquistas y tramando acciones mientras otros pasan sus días pidiendo limosna y paseando a sus perros por las calles de su ciudad.
Uno de nosotros. Todos nosotros, independientemente de nuestras motivaciones más específicas, estuvimos allí ese día porque vimos este mundo como roto y nos negamos a permanecer de brazos cruzados. Elegiste rebelarte, al igual que nosotros, una roca en tu mano, tu rostro enmascarado, sin inclinarse con dignidad. Ningún intermediario, ningún espectáculo escenificado o gestionado o curado de la rebelión que atiende a los gustos imaginados de las masas. Solo tu cuerpo como arma y los camaradas que estaban a tu lado como tu fuerza. Elegiste este camino no para morir, sino para vivir. Porque querías vivir, libre y desencadenado.
Tan libre, tan desencadenado, que sé que nuestra afinidad probablemente solo existía en las calles, en combate contra aquellos que reconocimos como nuestros enemigos comunes. No voy a estar tocando ninguna nota nostálgica aquí en cuanto a lo maravilloso ser humano que eras, aunque tu padre dice que le diste “la fuerza de tus ideales” y le enseñaste a no juzgar a la gente por “una camisa rasgada, agujeros en sus pantalones o cabello de color”. No habrá voyeurismo de duelo aquí; los buitres de la prensa hicieron suficiente de eso en el pasado.
Uno de nosotros. Tal vez no un activista o un militante, no un cuadro de cualquier organización o estructura, sino uno de nosotros porque elegiste luchar. Para luchar junto a nosotros, hombro con hombro. Uno de nosotros, y por eso te dispararon. Todos sabemos que la bala que te encontró podría haber herido/matado fácilmente a cualquiera de nosotros. Era para cualquiera de nosotros, para todos nosotros.
A lo largo de los meses y años que siguieron a su muerte, llegué a entender cuán dolorosa y visceralmente cierto es esto, como camarada tras camarada caen bajo las balas del estado o los cuchillos de los fascistas. El mismo año que tu caiste, el estado desató una tormenta de balas que mató a decenas en Argentina. No pude evitar recordarte mientras me refugiaba detrás de nuestras barricadas improvisadas, sin saber si las balas que se acercaban a nosotros eran de goma o plomo. Años más tarde, cuando un policía asesinó a un anarquista de quince años en Atenas, muchos de los que compartimos las calles de Génova contigo lanzó fuego contra los policías fuera del politécnico ocupado. Tú también estabas en nuestra mente.
Lo que diré a continuación puede sonar contradictorio, pero tendrá sentido para otros combatientes. Después de muchos años, he concluido que eso es lo que somos: combatientes. Por supuesto, no vamos a la guerra, y no pretendo que somos cosas que no somos. Es cierto que no hay comparación entre los riesgos asociados con los conflictos en los que participamos y las condiciones de la guerra real. Pero mis experiencias de vida y las experiencias de los que me rodean implican una proximidad constante a la muerte, la prisión, lesiones graves, el exilio. Estas no son las experiencias, los traumas, que la mayoría de los civiles experimentan en esta parte del mundo, al menos, aún no.
Como combatiente, creo que dos cosas simultáneamente, incluso cuando suenan contradictorias.
Primero, tu muerte fue trágica. Ojalá nunca hubiera pasado. Hemos tratado desesperadamente de vengarla, tanto fuera de principio como también como una cuestión de defensa propia básica. Enviar el mensaje al estado de que la sangre de los rebeldes, de los anarquistas, lleva consigo un alto precio.
Pero al mismo tiempo, y aquí es donde mucha gente no estaba de acuerdo con nosotros, ¿fue inesperada su muerte? Probablemente no. ¿Deberíamos llamarlo asesinato? Tal vez en el sentido amplio, pero la pregunta parece casi irrelevante. Sobre todo: ¿fue tu muerte una razón para detener nuestros esfuerzos? Absolutamente no. La rebelión es importante. Pero los rebeldes mueren, particularmente cuando las rebeliones comienzan a tener éxito y el Estado comienza a tomar en serio a sus enemigos. Y cuando el estado les quita la vida, los extraño, y amo incluso a aquellos que nunca conocí.
Parece demagógico decir que extrañas a una persona que nunca has conocido, y con la que probablemente ni siquiera te hubieras llevado bien. Pero lo hago. Te extraño como extraño a Dax y a Carlos, atacados por los cuchillos fascistas en Milán y Madrid; como extraño a Clement que cayó luchando contra los fascistas en París; como extraño a Pocho Lepratti en Buenos Aires, Alexis en Atenas y Tortuguita en Atlanta, todos tomados por las balas de la policía. O como extraño a ese chico en Goettingen que entró en nuestra tienda de información un día, cuyo nombre ni siquiera puedo recordar, a quien me avergüenza decir que nunca me tomé en serio, que fue a dar su vida luchando contra el fascismo islámico y por la revolución en Rojava, como tantos otros voluntarios internacionales. Los extraño y a todos los demás compañeros desaparecidos, porque esas balas y cuchillos estaban dirigidos a todos nosotros. Los extraño porque todos eran parte de la lucha por una idea común. Los extraño, ya que te extraño, porque aunque no conozco a la persona, conozco a la clase.
Carlo, no te conocía, pero siento mucho que ya no estés con nosotros. Nunca te conocí, pero te echo de menos. Siempre mantendré vivo tu recuerdo e intentaré vengar tu muerte, porque la sangre de nuestros compañeros no se derrama en vano. Y aunque sigo sin encontrar el optimismo necesario para creer en una vida después de la muerte convenientemente idílica, no puedo evitar esperar que hayas sonreído desde arriba, aprobando nuestros esfuerzos.
Mural en memoria de los asesinados por la policía apareció durante la Rebelión de George Floyd de 2020 en el sur de St. Louis, a solo unas pocas millas de Ferguson, Missouri, el sitio del levantamiento de 2014.
«Para mí, el anarquismo es, por lo tanto, una doctrina social revolucionaria a la que deben inspirarse los explotados y oprimidos. Bueno, en la actualidad, el anarquismo no está, en mi opinión, en posesión de todos los medios necesarios para llevar a cabo ni siquiera una sola acción social; esta es la razón del marasmo en el que se encuentra. Y no podemos encontrar un remedio quedándonos donde estamos.»
Nestor Ivanovič
l movimiento machnovista ucraniano, poco estudiado por la historiografía mundial, fue uno de los episodios más importantes de la revolución y guerra civil que estalló en 1917 en el Imperio ruso. En los años comprendidos entre 1917 y 1921, los campesinos y trabajadores que vivían entre el Dnieper y la cuenca del Don intentaron construir sus vidas a partir de sus propios deseos, luchando contra las fuerzas contrarrevolucionarias y los nacionalistas ucranianos, mientras intentaban no someterse al nuevo poder comunista. No es de extrañar que la alianza táctica inicial con los comunistas terminara en un enfrentamiento militar, durante el cual el ejército insurgente machnovista luchó bajo la bandera negra de la anarquía.
Al frente de este ejército campesino estaba Néstor Ivanovic Mach Machno, un brillante estratega que hasta 1918 no había participado en ninguna guerra, pero que luego se encontró en el lugar correcto en el momento adecuado. En los breves momentos de respiro, los machnovistas intentaron construir una nueva sociedad basada en la autogestión, y aunque este movimiento sobrevivió solo hasta 1921, aún representa uno de los ejemplos más vívidos del deseo de liberación social y política que caracterizó esa época.
Entre las guerras campesinas europeas, esta es ciertamente de la que se tiene acceso al mayor número de fuentes históricas, incluso si estas fuentes, por muy contradictorias que fueran, hasta hace poco eran en su mayoría secretas, y la pequeña parte que se hizo pública quedó a discreción de los pocos estudiosos pro bolcheviques autorizados a verlas. La mayoría de los materiales de archivo relacionados con la historia del movimiento machnovista se concentraron de hecho en los archivos estatales de Rusia y Ucrania, aunque varios documentos interesantes han reaparecido en el extranjero, por ejemplo en los archivos del Instituto de Historia Social de Ámsterdam. Una parte de los documentos había sido reproducida en los periódicos editados por los propios machnovistas. Entre las fuentes más importantes para la historia del movimiento machnovista se encuentran obviamente las memorias de Machno, en las que encontramos tanto las notas tomadas durante los acontecimientos, como las reflexiones posteriores, a menudo críticas y a veces destinadas a justificarse. Esto explica algunas contradicciones y ayuda a contextualizar las ideas expresadas por Machno en las memorias relativas a los acontecimientos de la época, en particular del bienio 1917-1918. Además de Machno, otros miembros destacados del movimiento escribieron sus memorias, como Aleksej Cubenko y Viktor Belas. Por supuesto, los bolcheviques también escribieron mucho sobre la machnovina.
En cuanto a los memorandos de los comandantes machnovistas Čubenko y Belaš, cabe señalar que fueron escritos bajo el control de la GPU, la policía política soviética, y la intención era publicarlos después de un nuevo examen por los editores. En realidad nunca fueron publicados por diferentes razones: en primer lugar porque Čubenko, que también mostró el claro deseo de proporcionar información «comprometida» sobre la machnovščina, lo había hecho de manera ineficaz debido al bajo nivel de alfabetización; por su parte Belaš se limita a un parte de guerra en el que mitigaba las operaciones militares que él dirigía. En este documento, el ex comandante machnovista mantuvo una línea clara, en realidad, dirigida a engañar a sus censores: criticar duramente a Machno, Belaš pretendía justificar el movimiento (y a sí mismo dentro) de todas las maneras posibles. Las notas de Belaš sobre operaciones militares también se confirman con los documentos de los archivos militares del estado; por lo tanto, con la excepción de algunos fragmentos en los que la intervención de un censor «interno», o quizás «externo», pueden considerarse suficientemente objetivas.
Un documento muy interesante es el informe del interrogatorio de Volin de 1920. Como prisionero de los bolcheviques, el ideólogo del movimiento obviamente no podía decir lo que pensaba. Sin embargo, al intentar escapar del fusilamiento, parece obvio cómo Volin trató de demostrar a los bolcheviques la corrección de la política de Machno. Habiendo leído el documento varias veces, puedo testificar que no está en contradicción con otras fuentes y por lo tanto no ha sido comprometido por el deseo de salvar la vida.
Una fuente igualmente importante para la reconstrucción del movimiento hasta 1920 es el diario de la esposa de Machno, Galina Kuz’menko, del cual algunas fresas serán publicadas en 1921 y el texto integral en 1960. La autenticidad del diario fue impugnada durante mucho tiempo porque, antes de la publicación de los fragmentos, el diario había sido atribuido a Fedora Gaenko, una amiga de Kuz’menko. De hecho, los fragmentos de la revista publicada en 1921 comprometían al movimiento y su líder, a pesar de que Kuz’menko permanecía a su lado y apoyaba su lucha contra los comunistas. Como en el caso de los recuerdos de Belaš y Čubenko, el diario tiene un peso histórico significativo y puede ser utilizado como una fuente histórica confiable.
En 1928 una editorial soviética publicó Bat’ko Machno: recuerdos de una guardia blanca de N.V. Gerasimenko, texto en el que se describía al movimiento machnovista como una banda de delincuentes. Una comparación mínima con los documentos de archivo muestra cómo Gerasimenko no conocía el movimiento machnovista en absoluto y había escrito sólo de oídas. Extremadamente aparte son también los recuerdos del ex anarquista I. Teper, forzado a mostrar su lealtad al bolchevismo haciendo una feroz crítica al machnovismo, con declaraciones que en muchos casos tienen poco o nada que ver con hechos reales, ya que ahora es fácilmente verificable comparando fuentes de archivo. Sin embargo, a diferencia de las memorias de Gerasimenko, el trabajo de Teper es una fuente histórica válida porque muchas observaciones personales no son dictadas por la ideología de los vencedores.
Los recuerdos escritos por los bolcheviques también son contradictorios. Si en algunos casos hay una hostilidad clara, una deformación obvia de los hechos o un interés puramente militar (que, sin embargo, hace justicia al ingenio militar de Machno), en otros casos raros aparece una cierta simpatía, por ejemplo en las memorias de Vladimir Antonov-Ovseenko y Anton Skačko. Pero aparte de algunas excepciones, la historiografía del movimiento machnovista por parte bolchevique ya en los años veinte se basó principalmente en la difamación, un modo ampliamente difundido que sería superado sólo en los años ochenta con la apariencia de samizdat.
En particular, el libro de Michail Kubanin, Machnovščina, que emerge más claramente el pobre objetivo de la historiografía soviética. Esta obra es probablemente la investigación más importante sobre el movimiento machnovista de la escuela marxista-leninista. Una buena parte del material encontrado por Kubanin en los archivos del movimiento obrero es ciertamente interesante y ayuda a resolver algunos puzzles del movimiento, pero su trabajo está profundamente condicionado por la censura del régimen, con transgresiones de los hechos y evaluaciones ideológicos que se reanudarán constantemente por escritos de filo-bolchevique posteriores.
De gran interés es el artículo publicado en 1923 por B. Kolesnikov, en el que se analiza el impacto del machnovismo en el movimiento obrero, aunque ni siquiera este estudio ha logrado escapar al condicionamiento impuesto por la ideología dominante.
Durante los años veinte y luego los treinta, se publicaron algunas obras probolcheviques de mucha peor calidad, pero sin embargo constituyen, desde un punto de vista científico, nuevas fuentes de investigación. Bastante después, en 1966, se publicó un artículo de Serge Sem Semanov, La machnovinaina y su colapso, que consagra claramente la decadencia de la historiografía probolchevique sobre la guerra civil, incluso en comparación con las obras publicadas en los años veinte. En ausencia de una renovación ideológica, este enfoque historiográfico, aunque comprometido con la búsqueda de nuevas fuentes, no logra brindar al lector una visión imparcial del movimiento. En el mismo espíritu, los trabajos sobre la historia del anarquismo ruso realizados por S. Kanev resultan anticuados y demasiado inexactos, a pesar de las interesantes referencias a las numerosas fuentes oficiales sobre la historia de las organizaciones anarquistas en Rusia y Ucrania.
La última publicación pro-bolchevique sobre el movimiento machnovista, y al mismo tiempo la más emblemática, es la obra de Valerj Volkovsky Nestor Machno y su caída. La subyugación incondicional de Volkovysky a la ideología comunista ha plegado la realidad histórica creando una narrativa absolutamente inverosímil. Este trabajo es de hecho un excelente ejemplo del enfoque que marcó el período de transición llamado glasnost, en el que el periodismo parcial intentó combinarse con un sistema científico. Y de hecho también las obras de este tipo tienen éxito en tener un valor científico gracias a las numerosas fuentes históricas publicadas, aunque las fuentes citadas y los juicios relativos a menudo no encuentran respuestas o a veces están en clara contradicción con el contenido del documento original.
La década de 1920 también marcó el comienzo de la tradición apologética en la historiografía del movimiento machnovista por parte anarquista. Esto se hace principalmente con el libro de Archinov Historia del movimiento Machnovista. Ante la ola de calumnias, los anarquistas se vieron obligados a aceptar las reglas del juego político y a contrarrestar los escritos “absolutos” a esos “indicadores”. Y esto se repitió en los años setenta-ochenta, cuando los eruditos anarquistas, en una situación de renovada confrontación ideológica, aprovecharon las lagunas de la historiografía para mostrar sólo los lados positivos del movimiento machnovista. La necesidad de un análisis general de ese movimiento todavía no se había puesto a investigadores anarquistas, que en esos años han emprendido un análisis de la ideología propia de los líderes del movimiento situándolo dentro de la experiencia histórica del siglo XX. Y el autor de este libro también rindió homenaje a esa tradición.
La mayoría de las obras en ruso sobre el movimiento machnovista publicadas en la época de glasnost, a pesar de los intentos de alejarse de la visión estrictamente marxista-leninista, permanecieron esencialmente fieles a los mitos construidos por la historiografía filo-bolchevique anterior. Este período se caracteriza sobre todo por el deseo de la cultura oficial de presentar la machnovščina como «una revuelta insensible y sin piedad«. El mismo Machno se describe como un hombre excesivamente ingenuo desde un punto de vista político. La razón de este malentendido radica tanto en la mala comprensión de los acontecimientos, como en el pobre conocimiento, por algunos autores como Vasilij Golovanov y Sergej Semanov, de la idea social propuesta por el anarquismo. Esto hace difícil entender la conducta de Machno incluso para los investigadores más graves como Vladimir Verstjuk, que de buena fe se centra en los aspectos militares del problema. En el mismo período se publica una colección de documentos y memorias, ya conocidas pero dispersas, sobre Machno y el movimiento machnovista.
Por su parte, la historiografía no marxista siguió siendo activa en el extranjero en un intento de hacer que los lectores conocieran los hechos reales, aunque a veces lo hiciera muy superficialmente. No sólo porque el impacto de la tradición apologética ha sido siempre fuerte, sino también porque autores extranjeros se han desviado fácilmente del tema principal, dedicando gran parte de la narrativa a los ya conocidos acontecimientos de la Revolución Rusa. Además, su labor se ve ciertamente obstaculizada por la falta de fuentes. Sin embargo, autores como Alexander Skirda y Michael Mallett han realizado estudios en profundidad sobre el movimiento machnovista, aunque la transformación social no ha estado en el centro de sus atenciones. Cuando, a finales del decenio de 1980, las primeras fuentes secretas llegaron a ser accesibles a los eruditos no marxistas, el nuevo contexto los obligó a regresar no sólo en el análisis del contenido social del movimiento sino también en un examen más detallado de los acontecimientos. En este trabajo, el autor espera haber logrado impulsar el estudio que ha emprendido durante mucho tiempo: una primera parte de la investigación fue publicada en 1993, seguida de una monografía más completa apareció en 1998, Machno y el movimiento machnovista, y el trabajo Machno y su época en 2005. En este mismo período aparecieron varias obras importantes en ruso sobre Machno26.
Lugares
El área que vio al protagonista del movimiento machnovista es principalmente la región entre el Mar Azov al sur, la orilla izquierda del Dienper al oeste y la cuenca carbonífera del Don al este. Pero los machnovistas también actuaron en la orilla derecha de Dnepr, especialmente en la región de Ekaterinoslav (ahora Dnepropetrovsk), y norte en los de Poltava y Černigov [en Ucraniano Černihiv – N.d.T.]. El corazón de la revuelta fue la ciudad de Gula Pole en la provincia de Aleksandrovsk (el actual Zaporozhye). La historia de estos lugares está vinculada a la de los cosacos y su cultura rural y nómada, aunque a principios del siglo XX en la provincia de Aleksandrovsk los cosacos eran sólo un recuerdo. La estepa se había repoblado con nuevas personas con diferentes estilos de vida.
La región adyacente al Mar Azov es parte de una estepa más grande que se extiende al río Dnestr. En ese momento, este territorio tenía una economía de mercado viva y una población más compleja que el norte de Ucrania. La historiografía marxista argumentó que esta era la región de los kulakis (colonos alemanes que los agricultores locales todavía consideraban extranjeros) y que sus fincas representaban el 22% del número total de fincas. A primera vista tal afirmación podría parecer favorable: el movimiento de los kulakis (que todavía no había asumido una connotación negativa) se refiere a la imagen romántica del buen campesino que había logrado emanciparse económicamente. Pero esta cifra del 22% se obtiene sólo si se considera el kulaki con más de 10 hectáreas de tierra, que también en la historiografía marxista se considera «excesiva». La economía rural en esas zonas estaba más bien representada por el pomešiki, es decir por los grandes terratenientes, y cuando la reforma agraria del gobierno de Pëtr Stolypin trató de abolir las tierras comunes tradicionales, la mayor resistencia la encontró en la provincia de Ekaterinoslav.
Desde el punto de vista agrícola e industrial, la zona de acción del futuro movimiento machnovista era una de las regiones más desarrolladas del Imperio Ruso, gracias a la proximidad de los puertos y a una red ferroviaria que había favorecido el desarrollo del mercado del trigo. En la provincia de Ekaterinoslav, en 1913, se produjeron 109.806 toneladas de trigo, de las cuales 52.757 pood (1 pood = 16 kg) se exportaban a otras regiones.
Los campesinos de la zona eran una figura económica muy activa en el mercado de trigo de Ekaterinoslav: entre 1862 y 1914 pudieron comprar a los pomešiki casi la mitad de sus tierras. Pero posteriormente los pomešiki aumentaron el precio de la tierra y, con la ayuda del Estado, había impuesto el mantenimiento de contratos de arrendamiento con los agricultores. Esto provocó naturalmente la hostilidad de los campesinos hacia cualquier forma de propiedad privada, no sólo la del pomešiki sino también la del kulaki. Al mismo tiempo, algunas formas de mercado colectivo facilitaron el desarrollo de las cooperativas agrícolas.
La orientación mercantil de las empresas colectivas contribuyó al desarrollo de la ingeniería agrícola y otras formas de agroindustria. En las provincias de Ekaterinoslav y Tauride se produjo el 24,4% de la maquinaria agrícola del país (en Moscú sólo el 10%). Una parte importante de la industria de Ekaterinoslav se extendía por todo el territorio: ciudades pequeñas y pueblos grandes se habían convertido en complejos agroindustriales reales. En Guljaj Pole, futura capital del movimiento machnovista, había una fundición y dos molinos de vapor, y en el distrito había doce fábricas de baldosas y ladrillos. Esto contribuyó no sólo a la producción sino también al fortalecimiento del vínculo entre los agricultores y los trabajadores. Muchos campesinos buscaron trabajo cerca de los grandes centros industriales, seguros de que en caso de crisis podrían regresar a sus pueblos de origen, y en los pueblos no había escasez de productos industriales gracias a la proximidad de numerosas fábricas. Los campesinos percibían a grandes ciudades como un mundo exterior y distante del que no sentían necesidad. En cuanto al nacionalismo, mientras que en el norte de Ucrania estaba sólidamente arraigado en la economía autocrática que caracterizaba esa zona, en la región del Mar de Azov, en cambio, intentaba encontrar su base social.
Es en este contexto que originaría uno de los mayores movimientos campesinos de la historia europea y nacería, sin embargo, estrechamente vinculado al movimiento obrero, originando entre sus filas líderes obreros, incluyendo el mismo Machno que en su juventud había trabajado en una fundición de hierro fundido.
La Revolución Rusa en Ucrania 1918-1921
Nestor Makhno
A manera de prefacio:
En el momento de publicar este primer volumen de la Revolución Rusa en Ucrania considero útiles algunas palabras introductorias.
En primer lugar, deseo advertir al lector sobre la ausencia de documentos importantes que deberían figurar en esta obra: resoluciones y proclamas de la Unión de Campesinos de Gulai-Polé, del Soviet de Diputados campesinos y obreros y de su inspirador directo, el grupo campesino anarquista-comunista de Gulai-Polé.
Este grupo se dedicó, con una admirable constancia, a reunir bajo su estandarte a los campesinos y obreros de esta región. Siempre a la vanguardia, nuestro grupo los condujo,
explicándoles el sentido y el alcance de los acontecimientos que tenían lugar, exponiéndoles los objetivos de los trabajadores en general y los de los anarquistas-comunistas, más cercanos de la mentalidad campesina, en particular.
Lamento, también, no poseer las fotografías del grupo anarquista-comunista campesino de Gulai-Polé, que me hubiera gustado ver ocupar, acompañado de breves notas biográficas, el primer sitio entre los documentos relativos a la Revolución Rusa en Ucrania, al movimiento makhnovista nacido de esta Revolución, a los principios que lo guiaron, a los actos, en fin, que de ella resultaron.
Hubiera deseado insertar en estas páginas los retratos de estos revolucionarios desconocidos, surgidos de lo más profundo del pueblo Ucraniano, y que bajo mi impulso y guía, lograron crear entre los trabajadores ucranianos ese movimiento revolucionario, amplio y poderoso, a la cabeza del cual flotaban las banderas negras makhnovistas. Por desgracia yo no he podido conseguir hasta ahora esos documentos, los cuales publicaré, en cuanto tenga la posibilidad, con el fin de someterlos a los trabajadores del mundo entero, a fin de que ellos los juzguen.
Mi relato es completamente conforme a la verdad histórica, sea que trate de la Revolución Rusa en general, o de nuestro papel en particular. Solo intentarán ponerlo en cuestión aquellos «historiadores» que, no habiendo tomado parte alguna efectiva en los acontecimientos revolucionarios que se narran en estas memorias, y que a pesar de haberse puesto al margen de la Revolución, trataron, por la palabra y por la pluma, de hacerse pasar frente a los revolucionarios extranjeros por gentes que conocen a fondo y en todos sus detalles la Gran Revolución Rusa.
Nosotros sabremos siempre refutar esas críticas, porque carecen de fundamento, pues esos «expertos» no saben de qué hablan, ni contra quién gritan…
Mi única pena es que estas memorias no vean la luz en Ucrania y no aparezcan ni en ruso ni en ucraniano. La culpa es de las circunstancias y yo no puedo hacer nada.
El autor
Posdata: me complace expresar mi sincero y profundo agradecimiento al camarada francés E.W. cuya ayuda fraternal inestimable me ha permitido extraer de mis notas y publicar las páginas que siguen.
Dedicatoria
Dedico este libro a la memoria de mis amigos, los camaradas: Pierre Gavrilenko, Alexandre Kalachnikoff, Moïse Kalinitchenko, Simon Kartnik, Philippe Krate, Isidore (Pierre) Liouty, Alexis Martchenko, Sawa Makhno, André Semenota, Gabriel Troïan, Stéphane Chepel, Boris Veretelnik, H. Gorélik, Luc Pantcheuko, Abram Schneider y otros, que lucharon conmigo para organizar a los trabajadores revolucionarios ucranianos y realizar nuestro ideal común: una sociedad anarquista-comunista libre.
Todos encontraron la muerte en circunstancias diversas, pero en la búsqueda de un único objetivo: la realización de la idea de libertad, de igualdad y de trabajo independiente.
El autor
En Ucrania
La Revolución de febrero de 1917 abrió por completo las puertas de las prisiones políticas rusas.
Los obreros y campesinos que se arrojaron armados a las calles, unos en blusa azul, otros envueltos en la capa gris de soldado, contribuyeron en gran parte a ese resultado. Desde el inicio, los trabajadores revolucionarios tuvieron que hacer frente a los socialistas-estatistas, que habían ya, en acuerdo con la burguesía liberal, formado un gobierno «revolucionario» provisional e intentaban mantener el movimiento revolucionario en la vía que este gobierno había trazado.
Los trabajadores exigieron entonces la amnistía inmediata, que es la primera conquista de toda Revolución. Y el socialista-revolucionario A. Kerensky, ministro de Justicia, se
inclinó frente a su voluntad.
En pocos días, todos los detenidos políticos fueron liberados y reiniciaron, entre las masas de las ciudades y de los campos, la propaganda activa que antes habían realizado
clandestinamente en la atmósfera intolerable del régimen zarista.
Al mismo tiempo que a otros detenidos políticos –que el gobierno del Zar, los propietarios y los terratenientes habían encerrado en los húmedos calabozos, esperando privar
así a la masa de los trabajadores de su elemento más avanzado y matar, a través de ello, todo intento de denunciar la iniquidad del régimen- la libertad me fue devuelta a mí también.
Condenado a cadena perpetua, encadenado, a menudo enfermo, ocho años y medio de reclusión no habían, sin embargo, quebrantado para nada mi fe a la causa anarquista. Siempre convencido de la victoria futura del trabajo libre, de la igualdad y de la solidaridad sobre la esclavitud creada por el Estado y el Capital, salí de la prisión central de Moscú el 2 de marzo de 1917 y me puse a trabajar de nuevo dos días más tarde, en Moscú, dentro del grupo anarquista de Lefortovo. Por supuesto yo no había olvidado nuestro grupo anarquista-comunista de Gulai-Polé, creado diez o doce años antes, y que, al decir de mis camaradas, continuaba su actividad, a pesar de la pérdida de numerosos militantes de vanguardia.
Me preocupaba lo deficiente de mi educación teórica y mi desconocimiento de las soluciones positivas que me hubiesen permitido resolver los problemas sociales y políticos desde el punto de vista anarquista. Cierto, yo sabía que ese era el caso nueve veces sobre diez, en nuestro medio nos hacían muchísima falta las escuelas que hubieran sido capaces de proveer este género de formación. No por ello dejaba de sentir profundamente esta laguna y no cesaba de sufrirla.
Solo la esperanza de que este estado de cosas no duraría me consolaba y me volvía a llenar de valor; en efecto, yo estaba firmemente persuadido de que el trabajo abierto, en el seno del intenso movimiento revolucionario, demostraría con gran fuerza a los anarquistas la necesidad de crear una organización poderosa, capaz de llevar al combate a todas las fuerzas anarquistas y de crear un movimiento de conjunto coherente y consciente del objetivo a alcanzar. Tal era el futuro que me hacían entrever los progresos inmensos de la Revolución Rusa. En mi pensamiento, la acción anarquista en esos periodos estaba indisolublemente ligada a la acción de la masa de los trabajadores, a aquellos que eran los más íntimamente interesados en el triunfo de la verdad y de la libertad, en la victoria de un nuevo régimen social y en la nueva organización de la sociedad humana.
Entreveía el desarrollo poderoso de nuestro movimiento y su influencia sobre el resultado final de la Revolución. Y esta idea me era particularmente querida.
Fortalecido por esta convicción, me trasladé a Gulai-Polé, apenas tres semanas después de mi liberación; regresé al sitio donde había nacido, donde había vivido, donde había dejado tantos seres queridos, tantas cosas amadas, y donde sabía bien que podría obrar útilmente en medio de la gran familia campesina, en el seno de la cual se había formado nuestro grupo. Aunque había perdido dos tercios de sus miembros en el cadalso, en las praderas heladas de Siberia o en el exilio, no por eso el grupo tenía menos vitalidad.
Su núcleo original había desaparecido casi por completo, pero sus ideas habían penetrado profundamente entre los campesinos, mucho más allá de los límites de Gulai-Polé.
Una gran fuerza de voluntad y un conocimiento profundo de lo que los anarquistas quieren alcanzar, son necesarios para decidir lo que es posible obtener en una Revolución, aún si ésta es solo política.
Fue de aquí, de Gulai-Polé, que salió, del seno de la masa de los trabajadores, esa fuerza revolucionaria formidable sobre la que, siguiendo a Bakunin, a Kropotkin y otros, debe
apoyarse el anarquismo revolucionario; es ella la que indicará el medio para terminar con el viejo régimen de servidumbre y crear uno nuevo en el que la esclavitud no exista y la autoridad no tenga cabida. La libertad, la igualdad y la solidaridad serán entonces los principios que guíen a los hombres y a las sociedades humanas en su vida y en su lucha por más felicidad y prosperidad.
Esta idea no me había abandonado durante toda mi estancia en el presidio y con ella volví a Gulai-Polé.
En coincidencia con las trágicas jornadas de 30 y 31 de mayo, se celebraron los actos centrales del 125 aniversario de los sucesos de mayo de 1901 en A Coruña.
as jornadas de 30 y 31 de mayo de 1901 quedaron grabadas a fuego en la memoria de la clase obrera coruñesa. El asesinato a tiros por la Guardia Civil de un huelguista, el consumeiro Mauro Sánchez, en el transcurso de una manifestación obrera en la tarde del día 30 provocó la convocatoria de una huelga general que paralizó la ciudad durante tres días.
La fuerza colectiva demostrada por las sociedades obreras, mayoritariamente libertarias, llevó a la declaración del estado de guerra y a la salida de las tropas de los cuarteles. La brutalidad de la represión militar y policial dejó las calles coruñesas teñidas de sangre obrera, con siete personas asesinadas y docenas de heridas. Con las cárceles atestadas de presas y presos, militantes condenados en consejos de guerra a penas de hasta 20 años de reclusión, las sociedades obreras suspendidas y sus locales clausurados, una inmensa ola de solidaridad de clase de dimensión internacional fue capaz de aportar apoyo a las víctimas y lograr la liberación de los presos y presas primero y el indulto delos condenados y el sobreseimiento de las causas después.
Ahora, cuando se cumplen 125 años de aquellos acontecimientos, una comisión de entidades culturales, sindicales, y políticas, entre las que se encuentran, junto al Ateneo Aurora y el colectivo Refuxios da Memoria, los sindicatos CGT y CNT, las organizaciones libertarias Xesta y Naide, y la editorial anarquista Bastiana, impulsa un programa de actos a los que llama a participar a que toda la ciudadanía.Después del acto en recuerdo de la huelga de misteiras de abril de 1901 que fue celebrado el pasado mes de abril, llegaron los actos centrales del aniversario.
El mediodía del sábado 30 de mayo, el Circulo de Artesanos de A Coruña (una institución singular que vió nacer el movimiento obrero coruñés y que acogió en sus salones muchas de las primeras reuniones obreras) fue el escenario de la presentación del libro Po las vítimas de onte, xustiza! Folga xeral, represión e estado de guerra na Coruña en 1901, publicado por la editorial Bastiana. Prologado por el conocido historiador Eliseo Fernández, este libro recoge la historia de lo acontecido y la permanencia de estos hechos en la memoria de la clase obrera coruñesa a lo largo del tiempo.
En la presentación participaron los autores, Daniel Palleiro y Francisco Ascón, junto con la docente Eva Loureiro. El acto finalizó con la actuación del grupo “Cantareiras Revolteiras”. Pese a intentarlo, los poderosos nunca consiguieron borrar la huella que estos hechos dejaron en la memoria de la clase obrera coruñesa. En1906, a iniciativa de las Sociedades obreras y por subscrición popular, se levantó un monolito en el cementerio de San Amaro en recuerdo de las víctimas de aquella represión. Ese monumento acogió en el mediodía del domingo 31 de mayo, un acto de homenaje a las obreras y obreros asesinados, con una ofrenda floral y el relato de los hechos, del mismo modo que se hacía hasta la sublevación fascista de 1936 y como se viene haciendo desde la década de los 80 del siglo pasado por el anarcosindicalismo local. Después del acto de homenaje, el grupo “Comadres” interpretó varias canciones incluyendo una cantiga compuesta especialmente para este 125 aniversario, de la que recogemos una estrofa traducida al castellano:
“Luto viste A Coruña
Fuerte fue la represión
Brazaletes negros llevan
Lágrimas en el corazón”
El programa de actos de este 125 aniversario continuará ya en otoño con nuevas actividades con objetivo de, no sólo recuperar un episodio de la memoria obrera, si no también tomar ejemplo de la capacidad de organización y lucha de aquellos hombres y mujeres que fueron capaces de llenar las calles con sus ansias de justicia y libertad, para incorporar su ejemplo a nuestras luchas del presente y del futuro.
e considera que la experiencia es la mejor escuela de la vida. El hombre o la mujer que no aprende alguna lección vital en esa escuela es mirado como un zote. Aun pareciendo extraño que digamos que las instituciones organizadas continúan perpetuando errores, ellos, sin embargo, no aprenden nada de la experiencia, a la que se someten como si fuera algo irremediable.
Vivía y trabajaba en Barcelona un hombre llamado Francisco Ferrer. Era un maestro de niños, conocido y amado por su pueblo. Fuera de España sólo una culta minoría conocía la obra de Francisco Ferrer. Para el mundo en general, este maestro no existía.
El primero de septiembre de 1909, el gobierno español -a requerimiento de la Iglesia Católica- arrestó a Francisco Ferrer. El trece de octubre, después de un proceso ridículo, fue llevado al foso de Montjuich, colocado contra el horrible muro, testigo de infinitos gemidos, y allí cayó muerto. Instantáneamente, Ferrer, el maestro obscuro, adquirió contornos universales inflamando de indignación a todo el mundo civilizado contra el espectacular asesinato.
La muerte de Francisco Ferrer no fue el primer crimen cometido por el gobierno hispano y la Iglesia Católica mancomunados. La historia de estas instituciones es una dilatada corriente de sangre y fuego. No sólo no aprendieron nada por la experiencia sino que ni siquiera dieron en pensar que cualquier ser, por frágil que sea, lapidado por la Iglesia y el Estado, crece y crece hasta tomar los contornos de poderoso gigante que libertará algún día a la humanidad de su peligroso poder.
Francisco Ferrer nació en 1859, de humildes padres. Estos eran católicos, y, por supuesto, quisieron educar a su hijo en la misma fe. No sabían que el muchacho se convertiría en el precursor de una gran verdad y rehusaría marchar por el viejo sendero. A temprana edad Ferrer comenzó a dudar de la fe de sus padres. Quiso saber por qué el Dios que le hablaba de bondad y de amor turbaba el sueño del inocente infante con espantos y pavores de torturas, de sufrimientos de infierno. Despierto y de mente vivaz e investigadora, no tuvo que andar mucho para descubrir el horror de ese monstruo negro, la Iglesia Católica. No haría ya buenas migas con ella.
Francisco Ferrer no fue solamente un incrédulo, un investigador de la verdad, sino también un rebelde. Su espíritu estallaba en justa indignación al considerar el férreo régimen de su país. Y cuando un puñado de rebeldes, dirigidos por el valiente patriota General Villacampa, bajo el estandarte del ideal republicano, se rebeló contra ese régimen, nadie fue combatiente más ardoroso que el joven Francisco Ferrer.
¡El ideal republicano! Espero que nadie le confundirá con el republicanismo de este país (los EEUU). Sea la que fuere, la objeción que yo, como anarquista, pueda hacer a los republicanos de los países latinos, sé que se elevaron mucho más alto que el corrompido y reaccionario partido que, en EEUU, está destruyendo todo vestigio de libertad y de justicia. Basta sólo con pensar en los Mazzini, en los Garibaldi, en otras veintenas, para descubrir que sus esfuerzos fueron dirigidos, no simplemente hacia la destrucción del despotismo, sino particularmente contra la Iglesia Católica, la que desde su aparición ha sido la enemiga de todo progreso y liberalismo.
En EEUU tenemos justamente el reverso. El republicanismo brega por derechos autoritarios, por el imperialismo, por la corrupción, por el aniquilamiento de toda apariencia de libertad. Su ideal es la untuosa respetabilidad de un Mc Kinley y la brutal arrogancia de un Roosevelt.
Los rebeldes republicanos españoles fueron sometidos. Se necesita más que un valiente esfuerzo para conmover la roca de las edades, para cortar la cabeza de esa hidra monstruo, la Iglesia Católica y el trono español. Arrestos, persecuciones y castigos siguieron a la heroica tentativa del pequeño grupo. Los que pudieron zafarse de los sabuesos volaron a buscar seguridad a playas extranjeras. Francisco Ferrer estuvo entre estos últimos. Fue a Francia.
¡Cómo debió ensancharse su alma en el nuevo país! Francia, la cuna de la libertad, de las ideas, de la acción. París, siempre joven, el intenso París, con su palpitante vida, después de la obscuridad de su propio país retardado, ¡cuánto debió haberle inspirado! ¡Qué oportunidades, qué ocasión gloriosa para un joven idealista!
Francisco Ferrer no perdió el tiempo. Se sumergió en los diversos movimientos liberales como un hombre hambriento, conoció a todo tipo de personas, aprendió, asimiló y maduró. Allí también vio en acción la Escuela Moderna que iba a desempeñar un papel tan importante y fatal en su vida.
La Escuela Moderna fue fundada en Francia mucho antes de la época de Ferrer. Su fundadora, aunque en menor escala, fue el dulce espíritu de Luisa Michel.
Ya sea consciente o inconscientemente, nuestra gran Luisa sentía, hacía tiempo, que el futuro pertenece a la joven generación; que si no se rescata al niño de esa institución que destruye mente y alma, la escuela burguesa, los males sociales continuarán existiendo. Tal vez pensaba con Ibsen que la atmósfera está poblada de espectros, que el hombre y la mujer tienen no pocas supersticiones que vencer. No bien podían salvar el mortal foso de un espectro, cuando he aquí que se encontraban de manos a boca esclavizados a otros tantos noventa y nueve espectros. En tal guisa, sólo muy pocos alcanzan la cima de una completa regeneración.
No obstante, el niño no tiene tradiciones que vencer. Su mente no está sobrecargada con ideas rancias, su corazón no ha crecido a frías con distinciones de casta y clase. El niño es para el maestro lo que la arcilla para el escultor. Que el mundo reciba una obra de arte o una lastimosa imitación depende en gran parte, del poder creador del maestro.
Luisa Michel estaba superiormente dotada para interpretar el alma insaciable del infante. ¿No fue ella misma de naturaleza infantil, tan dulce y tierna, generosa y pura? El alma de Luisa ardía siempre, inflamada de indignación, ante toda injusticia social. Ella estaba invariablemente en las filas avanzadas, siempre que el pueblo de París se rebelaba contra cualquier desmán. Y como estaba hecha para sufrir encarcelamientos por su gran abnegación hacia los oprimidos, la pequeña escuela de Montmartre pronto dejó de existir. Pero la semilla se había sembrado y desde entonces ha producido frutos en muchas ciudades de Francia.
La tentativa más importante de una Escuela Moderna fue la del gran viejo -aunque de espíritu siempre joven- Paul Robin(1). Junto con unos pocos amigos estableció una amplia escuela en Cempuis, hermoso lugar en los aledaños de París. Paul Robin profesaba como elevado ideal algo más que simples ideas modernas en educación. Quería demostrar por medio de hechos actuales, que la concepción burguesa de la herencia no es sino un mero pretexto para eximir a la sociedad de sus terribles crímenes contra la infancia. El castigo que el niño debe sufrir por los pecados de sus padres, la idea de que debe debatirse en la pobreza y el fango, que está predestinado a convertirse en un ebrio o un criminal, justamente porque sus padres no le dejaron otro legado, era demasiado descabellada para el hermoso espíritu de Paul Robin. El creía que, fuere lo que fuere la parte que la herencia jugara, hay otros factores igualmente importantes, si no más importantes, que pueden y deben extirpar o disminuir la pseudo primera causa. Un medio social y económico adecuado, el aliento y la libertad de la naturaleza. gimnasia saludable, amor y simpatía, y, sobre todo, profunda comprensión de las necesidades del niño -todo esto destruiría el cruel, injusto y criminal estigma impuesto al inocente infante.
Paul Robin no seleccionaba a sus niños; él no acudía a los pseudo mejores padres: tomaba su material allí donde pudiera encontrarle. De la calle, de la cabaña, de las inclusas, de todos los grises y horribles lugares donde una sociedad malvada oculta sus víctimas para pacificar su conciencia culpable. Recogió todos los sucios, inmundos, temblorosos pequeños vagabundos que su establecimiento podía albergar y los trajo a Cempuis. Allí, rodeados por la gloria de la propia naturaleza, mantenidos aseados, profundamente amados y comprendidos, las jóvenes plantas humanas comenzaron a crecer, a florecer, a desarrollarse excediendo las esperanzas de su amigo y maestro Paul Robin. Los niños crecieron y se desarrollaron con la firmeza que da la confianza de sí mismo, varones y mujeres amantes de la libertad. ¿Qué peligro más grande para las instituciones que forjan pobres para perpetuar a los pobres? Cempuis fue clausurada por el gobierno francés bajo la acusación de co-educación, prohibida en Francia(2). Sin embargo, Cempuis había estado activa el tiempo suficiente para probar a todos los educadores avanzados sus formidables posibilidades y para servir como un empuje a los modernos métodos de educación, que son lentos pero minan inevitablemente el actual sistema.
Cempuis fue seguida de un gran número de otras tentativas educacionales -entre ellas la de Madelaine Vernet(3), poetisa y escritora talentosa, autora de L’Amour Libre, y la de Sebastián Faure, con su La Ruche(4), que yo visité cuando estuve en París, en 1907.
Algunos años antes el camarada Faure compró el terreno en el que construyó La Ruche. En un corto tiempo comparativamente logró transformar el antes agreste, incultivado campo en un terreno floreciente, teniendo todas las apariencias de una granja bien cuidada. Un patio cuadrado, amplio, limitado por tres edificios y un ancho camino que conduce al jardín y al huerto, saludan el ojo inquisidor del visitante. El huerto, cuidado como solamente un francés sabe hacerlo, suministra gran variedad de legumbres para La Ruche.
Sebastián Faure opina que si se somete al niño a influencias contradictorias, su desarrollo sufre en consecuencia. Solamente cuando las necesidades materiales, la higiene del hogar y el ambiente intelectual se armonizan puede el niño crecer como un ser sano, libre.
Refiriéndose a su escuela, Sebastián Faure emite la siguiente opinión:
«He tomado veinticuatro niños de ambos sexos, la mayoría huérfanos, o aquellos cuyos parientes son demasiado pobres para pagar. Son vestidos, alojados y educados a mis expensas. Hasta los doce años recibirán una elemental y perfecta educación. Entre la edad de doce y quince -continuando todavía sus estudios- se les enseña algo de comercio, teniendo en cuenta sus disposiciones y aptitudes individuales. Llega, por último, el día en que, libremente, dejan La Ruche para iniciar la vida en el mundo exterior con la seguridad que pueden, en cualquier momento, regresar a ella, donde serán recibidos con los brazos abiertos y se les dará la bienvenida, cual hacen los padres con sus amados hijos. Entonces, si desean trabajar en nuestro establecimiento, pueden hacerlo bajo estas condiciones: un tercio para cubrir sus gastos o sustento, otro tercio que se añade al capital general puesto aparte para acomodar nuevos niños, y el último tercio destinado a ser entregado para el uso personal del joven, como él o ella lo crean conveniente.
«La salud de los niños que están ahora a mi cuidado es excelente. El aire puro, la comida nutritiva, el ejercicio al aire libre, los largos paseos, la observancia de las reglas higiénicas, el breve e interesante método de instrucción, y, sobre todo, nuestra afectuosa comprensión y cuidado de los niños han producido admirables resultados físicos y mentales.
«Sería injusto afirmar que nuestros pupilos han realizado maravillas; pero, si tenemos en cuenta que pertenecen al término medio, no habiendo tenido oportunidades previas, los resultados son verdaderamente satisfactorios. La facultad más importante que han adquirido -un rasgo raro en los niños de la escuela ordinaria- es el amor al estudio, el deseo de conocer, de ser informado. Han aprendido un nuevo método de trabajo, uno que vivifica la memoria y estimula la imaginación. Hacemos un esfuerzo particular para despertar el interés del niño por lo que le rodea, con el propósito de hacerle descubrir la importancia de la observación, la investigación y la reflexión, de manera que cuando los niños alcancen la madurez no sean sordos y ciegos para las cosas que les circundan. Nuestros niños nunca aceptan nada con fe ciega, sin inquirir el por qué o el motivo; ni se sienten satisfechos hasta que sus preguntas son completamente contestadas. De este modo sus mentes están libres de dudas y temores resultantes de respuestas incompletas o carentes de verdad; esto último es lo que debilita el crecimiento del niño y crea una falta de confianza en sí mismo y en los que le rodean.
«Es sorprendente ver cuán francos y buenos y afectuosos son nuestros pequeños entre ellos mismos. La armonía que reina entre ellos y los adultos es en extremo animadora. Sentiríamos como una falta si los niños nos temieran u honraran simplemente porque somos sus mayores. No dejamos nada por hacer para ganar su confianza y amor; realizando esto, la comprensión reemplazará la duda; la confianza al temor, la afección a la severidad.
«Nadie ha descubierto plenamente todavía la riqueza de simpatía, bondad y generosidad oculta en el alma del niño. El esfuerzo de todo educador verdadero debería ser abrir ese tesoro -para estimular los impulsos del niño y hacer florecer sus mejores y más nobles tendencias-. ¿Qué premio más grande puede haber para un hombre cuya vida de trabajo es vigilar el crecimiento de la planta humana, ver cómo va desplegando sus pétalos y observar su desarrollo en una verdadera individualidad? Mis camaradas en La Ruche no desean premio más valioso, y es debido a ellos, a sus esfuerzos, más que al mío propio, que nuestro jardín humano promete producir hermosos frutos.»(5)
Refiriéndose al objeto de la historia y a la prevalencia de viejos métodos de instrucción, Sebastián Faure dice:
«Explicamos a nuestros niños que la verdadera historia está todavía por escribirse, la historia de los que han muerto, desconocidos, realizando esfuerzos para ayudar a la humanidad en la consecución de fines más grandes.»(6)
A Francisco Ferrer no podía escapar esta gran ola de tentativas por fundar la Escuela Moderna. Vislumbró sus posibilidades, no meramente bajo su aspecto teórico, sino en su aplicación práctica para las necesidades de todos los días. Debió caer en la cuenta que España, más que cualquier otro país, necesita precisamente de tales escuelas, si es que quiere deshacerse del doble yugo del hisopo y de la espada.
Cuando consideramos que el sistema entero de educación en España está en manos de la Iglesia Católica y cuando recordamos la fórmula católica: Inculcar el catolicismo en la mente del niño hasta la edad de nueve años; es arruinarlo inevitablemente para cualquier otra idea, comprendemos la enorme tarea de Ferrer al traer la nueva luz al pueblo. El destino le asistió pronto, proporcionándole lo que había menester para que pudiera llevar a buen término su gran sueño.
Mlle. Meunier, una pupila de Francisco Ferrer y dama de gran fortuna, interesóse por el proyecto de la Escuela Moderna. Cuando murió, legó a Ferrer algunas propiedades valiosas y doce mil francos anuales de renta para la Escuela.
Se ha dicho que almas levantadas no pueden concebir sino ideas elevadas. Si es así, los despreciables métodos de la Iglesia Católica para macular el carácter de Ferrer, con el fin de justificar su tenebroso crimen, puede explicarse sin muchos rodeos. De ahí que fuera difundida, en los periódicos católicos de América, la calumnia de que Ferrer usó de su intimidad con Mlle. Meunier para entrar en posesión de su peculio.
Personalmente, sostengo que la intimidad, sea ésta de cualquier naturaleza, entre un hombre y una mujer, es asunto exclusivo de ellos vedado a la intromisión ajena. No me extendería sobre este tópico, si no fuera por una de las numerosas y cobardes calumnias propaladas acerca de Ferrer. Por supuesto que los que conocen la pureza del clero católico comprenderán la insinuación. ¿Acaso han mirado los católicos alguna vez a la mujer como a algo que no sea una presa sexual? La crónica histórica referente a los descubrimientos en conventos y monasterios me llevaría muy lejos en esto. ¿Cómo, entonces, van a entender ellos la cooperación de un hombre y una mujer, excepto sobre una base sexual?
En puridad, Mlle. Meunier era considerablemente mayor que Ferrer. Habiendo transcurrido su infancia y adolescencia con un padre miserable y una madre sumisa, pudo apreciar fácilmente la necesidad del amor y la alegría en la vida del niño. Dióse cuenta que Ferrer era un maestro, que no era un producto deleznable de las instituciones docentes al uso, vale decir, una máquina con diploma, sino un hombre dotado de genio para esa vocación.
Con conocimientos vastos, con experiencia, con los medios necesarios y sobre todo ardiendo en la divina llama de su misión, nuestro camarada volvió a España y allí empezó el trabajo capital de su vida. El 19 de septiembre de 1901 fue abierta la primera Escuela Moderna. Fue recibida con estusiasmo por el pueblo de Barcelona que asumió la responsabilidad de sostenerla. En un breve discurso con ocasión de la apertura de la Escuela, Ferrer sometió su programa a sus amigos. Dijo:
«No soy un orador, ni un propagandista, ni un luchador. Soy un maestro; amo a los niños por sobre todas las cosas. Creo comprenderlos. Quiero contribuir a la causa de la libertad creando una joven generación que esté pronta a ponerse en contacto con una nueva era.»
Fue advertido por sus amigos que tuviera cuidado en su oposición a la Iglesia Católica. Sabían hasta dónde podía llegar ésta para abatir aun enemigo. Ferrer también lo sabía. Pero, a semejanza de Brand, creía en todo o en nada. No erigiría la Escuela Moderna sobre la misma antigua calumnia. Sería franco y honesto y abierto para con sus niños.
Francisco Ferrer llegó a ser un hombre notorio. Se le acechó desde el primer día de la apertura de la Escuela. El edificio de ésta fue vigilado; su pequeño hogar en Mangat, también. No se le perdía de vista un paso aun cuando fuera a Francia o Inglaterra para conferenciar con sus colegas. Estaba señalado y era sólo cuestión de tiempo para que el enemigo, acechador, le apretara el lazo corredizo.
Casi lo consiguen en 1906, cuando Ferrer fue envuelto en el atentado a la vida de Alfonso XIII(7). La evidencia que le eximía de culpa y cargo era demasiado patente, aun para los mismos cuervos negros; tuvieron que dejarle ir, no por buenos precisamente. Esperaban. ¡Oh!, pueden esperar cuando se han propuesto atrapar una víctima.
El momento llegó al fin, durante el levantamiento antimilitarista de España, en julio de 1909. Tendríamos que buscar en vano en los anales de la historia revolucionaria para encontrar una protesta más notable contra el militarismo. Habiendo vivido durante centurias oprimido por militares, el pueblo español no podía soportar ya más tiempo su yugo. No veían razón para ayudar a un gobierno despótico en someter y oprimir a un pueblo pequeño que luchaba por su independencia, como lo hacían los bravos rifeños. No, no emplearían las armas contra ellos.
Durante mil ochocientos años la Iglesia Católica ha predicado el evangelio de la paz. Y ahora, cuando el pueblo quería convertir actualmente el evangelio en realidad viviente, urgía a las autoridades para que lo forzara a levantarse en armas contra los marroquíes. Así, la dinastía española seguía los criminales métodos de la dinastía rusa, se forzaba al pueblo hacia el campo de batalla. Entonces, se colmó su capacidad de sufrimiento. Entonces, se revolvieron los trabajadores de España contra sus amos, contra los que, cual sanguijuelas, habían desangrado su fuerza, su preciosa sangre vital. Sí, atacaron las iglesias y los sacerdotes, pero si estos últimos tuvieran mil vidas, no podrían posiblemente pagar los terribles ultrajes y crímenes perpetrados contra el pueblo español.
Francisco Ferrer fue arrestado el primero de septiembre de 1909. Hasta el primero de octubre sus amigos y camaradas no supieron qué había sido de él. En este día se recibía una carta en l’Humanité, en la que se podía apreciar toda la ridiculez del proceso. Al día siguiente su compañera, Soledad Villafranca, recibía la siguiente carta:
No hay motivo para atormentarse; sabes que soy absolutamente inocente. Hoy estoy particularmente esperanzado y alegre. Es la primera vez que puedo escribirte y la primera que, desde mi arresto, puedo solazarme con los rayos del sol que entran a raudales por la ventanuca de mi celda. Tú también debes estar alegre.
Bien patético es que Ferrer, corriendo ya el 4 de octubre, no creyera que sería condenado a muerte. Pero más triste es aún que sus amigos y camaradas hubieran cometido hasta entonces el desatino de dar crédito al enemigo dotándolo de un sentido de justicia. Una y otra vez habían prestado fe a los poderes judiciales, sólo para ver a sus hermanos muertos ante sus propios ojos. No promovieron ninguna agitación para rescatar a Ferrer, ninguna protesta de cierta extensión, nada.
«Porque es imposible condenar a Ferrer; es inocente.»
Pero todo es posible tratándose de la Iglesia Católica. ¿No es un alma maldita experimentada, cuyas pruebas de sus enemigos son las peores parodias de la justicia?
El 4 de octubre Ferrer envió la siguiente carta a L’Humanité:
«Prisión Celular, 4 de octubre de 1909.
«Queridos amigos míos. No obstante la más absoluta inocencia, el fiscal exige la pena de muerte, basado en denuncias de la policía, que me presenta como el jefe de los anarquistas del mundo entero, dirigiendo los sindicatos de trabajadores de Francia y culpable de conspiraciones e insurrecciones en todas partes, declarando que mis viajes a Londres y París no fueron emprendidos con otro objeto.
«Con calumnias tan infames están tratando de enviarme al patíbulo.
«El mensajero está pronto para partir y yo no tengo tiempo para extenderme. Todas las evidencias presentadas al juez instructor por la policía no son más que un tejido de mentiras e insinuaciones calumniosas. Pero ninguna prueba en contra mía ha logrado éxito.
Ferrer».
El 13 de octubre de 1909, el corazón de Ferrer, tan valiente, tan firme, tan leal, fue acallado. ¡Míseros idiotas! La postrer palpitación agonizante de ese corazón acababa de morir cuando comenzó a latir en centenares de corazones del mundo civilizado hasta que creció en terrífico trueno, arrojando su maldición sobre los instigadores del tenebroso crimen. ¡Criminales de negra veste y devoto aire, en los estrados de la justicia! ¡Qué ironía!
¿Participó Francisco Ferrer en el levantamiento antimilitarista? Según la primera acusación que apareció en un periódico de Madrid, firmado por el Obispo y todos los prelados de Barcelona, no era acusado aún de participación. La acusación hacía hincapié en el hecho de que Francisco Ferrer era culpable de haber organizado escuelas ateas y haber difundido literatura atea. Pero en el siglo XX no se pueden quemar a los hombres simplemente por sus creencias ateas. Algo había que inventar, sin embargo; de ahí el cargo de instigar al levantamiento.
Por más que se hurgó para hallar en fuentes auténticas algún indicio que les permitiera fundar su participación en el levantamiento, nada encontraron. Pero entonces no se necesitaban las pruebas ni se aceptaban. Había setenta y cinco testigos -seguros- pero su testimonio fue tomado en forma manuscrita. Nunca fueron careados con Ferrer, ni él con ellos.
¿Es posible, psicológicamente, que Ferrer haya participado? Yo no lo creo, y aquí expongo mis razones: Francisco Ferrer no era solamente un gran maestro, sino también un maravilloso organizador. En ocho años, de 1901 a 1909, había organizado en España ciento nueve escuelas, amén de inducir al elemento liberal en su país a crear 308 más. En conexión con el trabajo de su propia escuela, Ferrer había establecido una imprenta moderna, organizado un cuerpo de traductores y esparcido a todos los vientos ciento cincuenta mil ejemplares de obras científicas y sociológicas modernas, sin olvidar la amplia cantidad de libros de texto racionalistas. Seguramente que nadie sino un organizador metódico y eficiente podía haber realizado tal hazaña.
Por otra parte, se probó en absoluto que el levantamiento antimilitarista no fue preparado en modo alguno, que llegó como una sorpresa para el mismo pueblo, tal como un gran número de insurrecciones revolucionarias en anteriores ocasiones. El pueblo de Barcelona, por ejemplo, tuvo a la ciudad bajo su control durante cuatro días, y, según las declaraciones de los turistas, nunca reinó orden ni paz más perfectos. Por supuesto, el pueblo estaba tan poco preparado que cuando se presentó el momento no supo qué hacer. En este sentido se asemejaron al pueblo de París durante la Comuna de 1871. Estos, tampoco estaban preparados. Aunque moribundos, protegieron los almacenes rebosantes de prisioneros. Apostaron centinelas para cuidar el Banco de Francia, donde la burguesía guardaba el dinero robado. Los trabajadores de Barcelona -¡también ellos!- cuidaron el botín de sus amos.
¡Cuán triste es la estupidez de los miserables; cuán terriblemente trágica! Pero, entonces, ¿Se han introducido tan profundamente los grilletes en sus carnes que, aun pudíendo, no los rompieron?
El miedo a la autoridad, el respeto a la propiedad privada, cien veces maldecida para sus adentros, ¿cómo es que él no se decide a develarla e ir contra ellos? Tal vez no se haya preparado suficientemente para emprender esta acción.
¿Puede alguien afirmar por un momento que un hombre como Ferrer se afiliara a un esfuerzo tan espontáneo, tan desorganizado? ¿No hubiera sabido que se solucionaría con una derrota, una derrota desastrosa para el pueblo? ¿Y no es más evidente aún que si él hubiera participado, él, el experto organizador, habría planeado enteramente la tentativa? Si todas las otras pruebas fallaran, este solo factor sería suficiente para eximir a Francisco Ferrer. Pero hay otras igualmente convincentes.
Para el mismo día del levantamiento, julio 25, Ferrer había convocado a una conferencia a los maestros y miembros de la Liga de Educación Racionalista. Era necesario encarar el trabajo de otoño y particularmente la publicación del gran libro El Hombre y la Tierra, de Eliseo Reclus, y La Gran Revolución Francesa, de Pedro Kropotkin. ¿Es creíble, en modo alguno plausible que Ferrer, estando en antecedentes acerca del levantamiento, formando parte de él, invitara con sangre fría a sus amigos y colegas a Barcelona para el día en que él sabía que sus vidas estarían en peligro? Está claro, sólo la mente criminal y viciosa de un jesuita podía dar crédito a tal propósito deliberado.
Francisco Ferrer tenía su labor capital delineada; si se hubiese propuesto prestar auxilio a la insurrección, habría estado expuesto a perder todo y no ganar nada, salvo la ruina y el desastre. No es que dudara de la justicia de la ira del pueblo; pero su trabajo, su esperanza, la esencia toda de su vida se encaminaba hacia otra meta.
Caen en el vacío los frenéticos esfuerzos de la Iglesia Católica, sus imposturas, falsedades, calumnias. Ya es condenada por la conciencia humana despierta, de haber repetido una vez más los execrables crímenes del pasado.
Francisco Ferrer es acusado de enseñar a los niños las más estrafalarias ideas, de odiar a Dios, por ejemplo. ¡Qué horror! Ferrer no creía en la existencia de Dios. ¿Para qué enseñar a odiar al niño algo que no existe? ¿No es más creíble que llevara a los niños al aire libre, que les mostrara el esplendor del crepúsculo, la esplendidez del cielo tachonado de estrellas, la impresionante maravilla de las montañas y los mares; que les explicara de modo sencillo y directo la ley del crecimiento, del desarrollo, de la mutua relación de todas las cosas en la vida? Obrando así, hizo imposible para siempre que la semilla ponzoñosa de la Iglesia Católica se practicara un camino en la mente del infante.
Se había afirmado que Ferrer preparaba a los niños para destruir al rico. Historias fantásticas de viejas solteronas. ¿No es más presumible que los preparara para ayudar al pobre? ¿Que les enseñara que la humillación, la degradación, el temor de la pobreza, es un vicio y no una virtud; que sólo la dignidad y todo esfuerzo creador es lo que sostiene la vida y forma el carácter? ¿No es este el medio eficaz por excelencia de hacer la luz sobre la absoluta inutilidad y perjuicio del parasitismo?
Por último, se culpa a Ferrer de desmoralizar al ejército por la propaganda de ideas antimilitaristas. ¿Realmente? Debe haber creído, con Tolstoy, que la guerra es el asesinato legalizado que perpetúa el odio y la arrogancia, que roe el corazón de las naciones y las convierte en maniáticas frenéticas.
No obstante, poseemos las propias palabras de Ferrer referente a sus ideas sobre la educación moderna:
«Deseo fijar la atención de los que me leen sobre esta idea: todo el valor de la educación reside en el respeto de la voluntad física, intelectual y moral del niño. Así como en ciencia no hay demostración posible más que por los hechos, así también no es verdadera educación sino la que está exenta de todo dogmatismo, que deja al propio niño la dirección de su esfuerzo y que no se propone sino secundarle en su manifestación. Pero no hay nada más fácil que alterar esta significación, y nada más difícil que respetarla. El educador que impone, obliga, violenta siempre; el verdadero educador es el que, contra sus propias ideas y sus voluntades, puede defender al niño, apelando en mayor grado a las energías propias del mismo niño.
Por esta consideración puede juzgarse con qué facilidad se modela la educación y cuán fácil es la tarea de los que quieren dominar al individuo. Los mejores métodos que pueden revelárse, entre sus manos se convierten en otros tantos instrumentos más poderosos y perfectos de dominación. Nuestro ideal es el de la ciencia y a él recurriremos en demanda del poder de educar al niño favoreciendo su desarrollo por la satisfacción de todas sus necesidades a medida que se manifiesten y se desarrollen.
Estamos persuadidos de que la educación del porvenir será una educación en absoluto espontánea; claro está que no nos es posible realizarla todavía, pero la evolución de los métodos en el sentido de una comprensión más amplia de los fenómenos de la vida, y el hecho de que todo perfeccionamiento significa la supresión de una violencia, todo ello nos indica que estamos en terreno verdadero cuando esperamos de la ciencia la liberación del niño.
No temamos decirlo: queremos hombres capaces de evolucionar incesantemente; capaces de destruir, de renovar constantemente los medios y de renovarse ellos mismos; hombres cuya independencia intelectual sea la fuerza suprema, que no se sujeten jamás a nada; dispuestos siempre a aceptar lo mejor, dichosos por el triunfo de las ideas nuevas en una sola vida. La sociedad teme tales hombres: no puede, pues, esperarse que quiera jamás una educación capaz de producirlos.
Seguiremos atentamente los trabajos de los sabios que estudian al niño, y nos apresuraremos a buscar los medios de aplicar sus experiencias a la educación que queremos fundar, en el sentido de una liberación completa del individuo. Mas ¿cómo conseguiremos nuestro objeto? Poniendo directamente manos a la obra, favoreciendo la fundación de escuelas nuevas donde, en lo posible, se establezca este espíritu de libertad que presentimos ha de dominar toda la obra de la educación del porvenir.
Se ha hecho ya una demostración que por el momento puede dar excelentes resultados. Podemos destruir todo cuanto en la escuela actual responde a la organización de la violencia, los medios artificiales donde los niños se hallan alejados de la naturaleza y de la vida, la disciplina intelectual y moral de que se sirven para imponerle pensamientos hechos, creencias que aniquilan y depravan las voluntades. Sin temor de engañarnos podemos poner al niño en el medio que le solicita, el medio natural donde se ama y donde las impresiones vitales reemplazarán a las fastidiosas lecciones de palabras. Si no hiciéramos más que esto, habríamos preparado en gran parte la emancipación del niño.
Bien sé que no podríamos realizar así todas nuestras esperanzas; que frecuentemente nos veríamos obligados, por carencia de saber, a emplear medios reprobables; pero una certidumbre nos sostendría en nuestros empeños, a saber: que sin alcanzar aún completamente nuestro objeto, haríamos más y mejor, a pesar de la imperfección de nuestra obra, que lo que realiza la escuela actual. Prefiero la espontaneidad libre del niño que nada sabe, a la instrucción de palabras y la deformación intelectual de un niño que ha sufrido la educación que se da actualmente».
Si Ferrer hubiese organizado realmente a los rebeldes, si hubiera luchado en las barricadas, si hubiera arrojado un centenar de bombas no podría haber sido tan peligroso a la Iglesia Católica y al despotismo como con su oposición a la disciplina y a la coacción. La disciplina y la coacción ¿no son la esencia de todos los males del mundo? La esclavitud, la sumisión, la pobreza, toda la miseria, todas las iniquidades sociales resultan de la disciplina y la coacción. En efecto, Ferrer era peligroso. De ahí que fuera condenado a morir el 13 de octubre de 1909 en el foso de Montjuich. Ahora ¿quién osa afirmar que ha muerto en vano? En vista del inusitado movimiento de indignación universal: Italia nombrando calles en memoria de Francisco Ferrer; Bélgica iniciando un movimiento para erigirle un monumento; Francia movilizando a sus varones más ilustres para recibir y continuar la herencia del mártir; Inglaterra que se adelanta a las otras naciones y publica su biografía; todos los países uniéndose con el propósito de perpetuar la gran obra de Francisco Ferrer; los EEUU también, tardía siempre en ideas progresistas, fundando una Asociación Francisco Ferrer, que se propone como fin principal publicar la vida completa de Ferrer y organizar Escuelas Modernas a través de todo el país. Frente a esta ola revolucionaria internacional, ¿quién osaría decir que Francisco Ferrer murió en vano?
¡Qué maravillosa, qué dramática fue la muerte en Montjuich, y cómo estremece el alma humana! Altanero y firme, la mirada interior vuelta hacia la luz, Francisco Ferrer no necesitó sacerdotes que le dieran ánimo, ni hizo reproches a nadie porque le obligaban a dejar este mundo. La conciencia de que sus ejecutores representaban una era moribunda y que él era la verdad naciente, le sostuvo en los heroicos momentos finales.
Una era moribunda y una verdad viviente,
Los vivos enterrando a los muertos.
Notas:
[1] Paul Robin (1837 — 1912) Pedagogo libertario, pionero de la educación integral. Fue miembro de la Primera Internacional, cercano a Bakunin y activista neomalthusiano de la Liga de Regeneración Humana. Sobre Paul Robin, ver, entre otros, Paul Robin, educador. Un pedagogo desconocido, y Paul Robin y Regeneración. [NDT]
[2] Fue uno de los primeros experimentos de coeducación. Vere sobre este tema Un precursor de la coeducación: Paul Robin y la coeducación de los sexos (Christiane Demeulenaere-Douyère). [NDT]
[3] Madeleine Eugénie Cavelier, conocida como Madeleine Vernet (1878 — 1949), educadora, escritora y activista pacifista libertaria. En 1906, fundó, con Louis Tribier, el orfanato L’Avenir social en Neuilly-Plaisance. Colaboró con Libertaire y los Temps Nouveaux. Durante la guerra participó en la fundación de la Liga de Mujeres contra la guerra. Ver, por ejemplo, Feminismo francés a prueba de guerra, Madeleine Vernet: itinerario de una feminista pacifista (Anna Norris) y A las madres (Madeleine Vernet, 1916), así como el libro de Hugues Lenoir, Madeleine Vernet, en Libertarian World Editions. [NDT]
[4] Sobre este tema «La colmena» de Sébastien Faure en La Enciclopedia Anarquista. [NDT]
[5] Madre Tierra, 1907. [Nota de EG]
[6] ibíd. [Nota de EG]
[7] Alfonso XIII. [NDT]
[8] Podemos leer al respecto, 1909: El caso Ferrer levanta a las multitudes contra la Iglesia Católica. [NDT]
La extrema visibilidad del Islam en la actualidad alimenta la falsa idea de que cualquiera que, de alguna manera, a través de su familia, su país, su nombre o su cultura, tuviera una conexión con él, sería intrínsecamente creyente o religioso. Esta visibilidad, construida esencialmente en torno a ideologías extremistas, se refleja indebidamente en toda una parte del mundo, a pesar de las realidades históricas, políticas y sociales que van en contra de esta visión.
odo esto forma parte de una doble ignorancia: la de la historia de oposiciones, herejías, pensamiento libre y crítico en los países musulmanes, y la de las realidades sociales y políticas de estos mismos países. Porque desde su aparición, muchas corrientes, personajes o pensadores, místicos o racionalistas, han criticado al Islam como religión de poder, como Averroes, los mu’tazilitas, los qarmatianos, Ibn Arabi, Abu Nuwas, Omar Khayyam, Bayazid Bostami y muchos otros. Pero, más recientemente, se le han agregado varias formas de ateísmo en los llamados países musulmanes-filosofías modernistas, seculares, baazistas, marxistas e incluso anarquistas-y, en otro nivel, un llamado Islam de mercado con una dimensión muy poco espiritual.
Generalmente censurada en países donde el islam es la religión del Estado, esta historia específica desaparece bajo las narrativas de la fundación de la Nación, todas estampadas con el sello de identidad étnica y confesional, narrativas que participan en lo que Aziz al-Azmeh llama la «industria de la ignorancia». Este proceso de recuperación tiene un doble efecto: por un lado, mantiene a los pueblos de los países musulmanes, y más ampliamente a todos los musulmanes de origen, en la ignorancia de esta historia específica; por otro, da una imagen del islamismo, construida mediáticamente, que a su vez contribuye a esta ignorancia al reproducir los discursos y formas de legitimación de estos diferentes poderes. Así, por esta ignorancia histórica y por no tener en cuenta los discursos y las luchas que protagonizan, las numerosas figuras de ateos, apóstatas o librepensadores de Egipto, Marruecos, Irán, Arabia Saudita, Líbano, Indonesia, Sudán, Filipinas, etc. están doblemente condenados al silencio.
Los movimientos populares que sacudieron a muchos países árabes en la primavera de 2011 generaron una inmensa esperanza. En eco, las desastrosas consecuencias de las reacciones político-religiosas y autoritarias actualmente en curso en diversos grados en Túnez, Egipto, Siria, Libia y Yemen son razones para dudar y desesperar. Desde 2015, el terrorismo yihadista golpea el corazón de Europa, después de haber puesto a prueba severamente a las poblaciones de muchos Estados del Cercano y Medio Oriente o África, y exacerba las tensiones y las relaciones conflictivas de las sociedades europeas con el Islam y las poblaciones musulmanas presentes en su suelo.
En este contexto, nos parece que no en vano concienciar al mayor número posible de personas de la existencia de corrientes críticas, ateas o materialistas presentes en estas sociedades y en los inmigrantes que han surgido de ellas. Algunos de los que lo reclaman, ignorados en su mayor parte por las sociedades occidentales, se enfrentan a la persecución y, a veces, dejan su pellejo allí.
¿Dijiste: «Libre pensamiento árabe»?
En 1968, se publicó un libro en Beirut, Naqd al-Fikr al-Dini («Crítica del pensamiento religioso»), del filósofo racionalista Sadik al-Azem [2]. No busque esta obra, que causó algunos problemas a su autor, nunca ha sido traducida al francés. Mientras que un apologista del Islam como Tariq Ramadan tenía, antes de su desgracia, acceso libre a todos los canales de televisión en Francia, ¿cuántos árabes críticos con la religión o de un país musulmán no árabe tenían acceso a los medios? Peor aún: ¿quién en el público en general sospecharía siquiera de su existencia? El ateísmo y la crítica de la religión también existen en los países musulmanes (árabes y no árabes). Publicaciones, sitios web dan fe de esto todos los días. ¡Siendo pocos conocidos por el gran público!.
Este pensamiento tiene sus raíces en la historia. Así lo demuestra el Diccionario de ateos antiguos y modernos [3] publicado en 1800 donde, bajo la pluma del revolucionario Sylvain Maréchal, se puede leer esto:
«ÁRABES, (los): Esta nación espiritual tiene muchos ateos, y responde perfectamente a estos medio filósofos que afirman que el ateísmo extingue toda imaginación. [4] »
En la religión musulmana, la incredulidad lleva a los réprobos directamente al infierno. Pero no es el ateísmo en el sentido moderno del término al que apunta el texto coránico, porque ni siquiera es concebible. Es, en primer lugar, el asociacionismo (shirk), asimilado al politeísmo, y luego lo que podría describirse como materialismo (al desafiar los anacronismos reductivos), es decir, la convicción de que todo lo que sucede en la Tierra está simplemente determinado por el tiempo infinito que gobierna el universo de acuerdo con un flujo inexorable. Este proceso se llama, en árabe, el dhar: esta visión del tiempo y los acontecimientos mundiales como resultado de un determinismo inmanente fue compartida por algunos árabes del antiislam, la era de la ignorancia (jahylia), como la llamaron los historiógrafos musulmanes. Estos «dahritas» (o «deherioun» según d’Herbelot), si admitían un principio creativo, pero indiferentes al destino de las criaturas, rechazaban la idea de la resurrección de los muertos y la otra vida. Esta visión era opuesta a la del mensaje musulmán, según el cual hay una intención y una intervención divina constante en los asuntos del mundo y de los hombres. Estas tesis materialistas sobrevivieron, en diversas formas, a la imposición del Islam; fueron enriquecidas por la filosofía helénica y continuaron circulando, influyendo de manera clandestina en uno u otro pensador opuesto a la idea del dogma revelado, pero sin constituir estrictamente hablando una escuela. Conocemos estas ideas desde las obras de heresiógrafos musulmanes (Sharastani) y opositores, como Ghazali, hasta filósofos helenizadores (Al-Farabi, Avicena) acusados de querer defender la idea de eternidad del mundo.
Zandaqa y zindiqs en el segundo siglo del Islam
El siglo II de la Hégira (siglo VIII de la era cristiana) constituye un período de gran agitación política, con el sangriento final del califato omeya de Damasco y el nacimiento del califato abasí de Bagdad. Este período de inestabilidad y malestar propició el surgimiento de corrientes político-religiosas desviadas y la eclosión de ideas de protesta.
Los teólogos musulmanes designaron con el término zandaqa [5] estas desviaciones doctrinales, término que podría traducirse como herejía. Bajo este nombre, mezclamos el maniqueísmo, los diferentes dualismos, las diversas corrientes desviadas, como los chiítas extremistas y los falsos musulmanes o librepensadores. Todo se llamaba zindiqs. Este término, que proviene del persa, designaba originalmente a los maniqueos [6]. Posteriormente abarcaría a todos aquellos que pudieran ser procesados por el tribunal inquisitorial establecido, en 783, por el califa abasí Al-Mahdi. El objetivo privilegiado de la inquisición estaba constituido más bien por los «falsos» musulmanes sospechosos de zandaqa. El examen de algunos casos de personalidades musulmanas acusadas de zandaqa muestra, en primer lugar, que a menudo formaban parte del séquito de los príncipes y, en segundo lugar, que esta fue en muchos casos la causa no reconocida, pero más inmediata, de su persecución o ejecución.
Las controversias teológicas indican nuevamente cuánto cubría el nombre de zandaqa múltiples realidades. Sin embargo, todos ellos tenían en común arruinar una u otra parte de la doctrina, entonces ortodoxa, de la unidad divina. La ideología sensualista adoptada por algunos zindiqs se oponía a la inteligibilidad de la existencia de un Dios único, revelaba contradicciones en el Corán, cuestionaba la idea de sabiduría y bondad divinas. De la misma manera, se cuestionó la creación ex nihilo del mundo y la calidad del «Mensajero de Dios» de Mahoma, considerado un hábil estratega político. Este escepticismo, que dudaba más de lo que negaba, manifestaba un desacuerdo fundamental con las ideas y teorías de los teólogos musulmanes. Hasta el punto de que estos, en sus controversias con los zandaqa, determinaron de alguna manera los límites tolerables de la crítica religiosa en el Islam, límites que no se desvanecerán y que, más tarde, tendrán efectos francamente negativos sobre la vitalidad del pensamiento crítico en el Islam.
El zandaqa fue nuevamente acusado de corromper el Islam «desde adentro» al falsificar o inventar dichos, hadices, atribuidos al profeta Mahoma. Aquí aparece la idea de que es apropiado proteger al Islam contra un grupo de enemigos «naturales», en este caso los zindiqs, cuya secreta razón de ser sería dañarlo. Avanzando «enmascarado» dentro de la comunidad y trabajando en secreto para su pérdida, el enemigo se vuelve, de facto, imposible de definir con claridad. Que una conspiración satánica en el sentido estricto del término amenazara al Islam y a los creyentes era otra idea para el futuro: está más viva hoy que nunca.
Entre los muchísimos zindiqs de este período citados por Chokr Melhem, conservamos el nombre de Ibn Abi al-Awja, de quien podemos pensar que era un dahrita, es decir, «materialista ateo», pero sobre todo de una gran «independencia de espíritu». Así afirmaba el hereje :
«Cuando dices «Dios » te estás refiriendo a una persona ausente. Si existe realmente, ¿por qué no se manifiesta a sus criaturas para llamarlas directamente a su adoración? De esta manera, no habría desacuerdos entre los creyentes sobre él. ¿Por qué no se deja ver y se contenta con enviar mensajeros? Si tratara directamente con humanos, sería más fácil creer en su existencia. Los musulmanes dicen que es omnipresente; pero si está en el cielo, entonces no puede estar en la tierra, y si está en la tierra, no puede al mismo tiempo estar en el cielo. »
Ibn Abi al-Awja sostenía que el mundo no había sido creado, que siempre había existido y existiría para siempre, que las cosas existían por sí mismas sin la intervención de un agente externo. Fue ejecutado en 772.
Los libertinos, esencialmente poetas (Bashar Ibn Burd, Abu Nuwas, etc.), también se vieron asimilados a los zindiq. Irak fue, de hecho, invadido por una fuerte ola de libertinaje que había brotado previamente, dentro de una aristocracia rica y ociosa, en el Hiyaz [7]. Donde había gobernador, traficantes de esclavos, cantantes y una taberna, se formaron sociedades libertinas – con poetas, cantantes, músicos de ambos sexos y afeminados excéntricos-encargadas de entretener a la alta sociedad cuya conciencia carecía singularmente de una dimensión religiosa. Es principalmente la heteropraxia-rechazo de las prohibiciones religiosas – de los libertinos, su desobediencia manifiesta y asumida a la Ley revelada y su hedonismo lo que causó escándalo. Se consideró que estos comportamientos «fuera de la ley» atestiguaban la traducción práctica de su «incredulidad» (y es por esta razón que se los contaba entre los zindiq): los ateos negaban la vida futura, a menudo eran gravados como «criptomaniqueanos».
Así podemos citar al amigo de un poeta sellando su reconciliación con estas palabras: «Hemos hecho las paces con esta condición: él ya no me invita a beber vino, y yo ya no le pido que rece». El poeta libertino, que a menudo desempeñaba el papel de bufón o compañero de placer con el Príncipe, elogiaba frenéticamente los placeres prohibidos, descuidaba el culto, violaba abiertamente las prohibiciones religiosas, blasfemaba, ignoraba el Corán y difundía un pensamiento ateo: «¿Dios? Él es invisible, ¿cómo podemos estar seguros de su existencia?». O de nuevo: «¿El juicio final? Una leyenda, la vida del hombre es idéntica a la de una planta, y una vez muerto, el hombre ya no resucitará. »
Poeta persa de lengua árabe, Abu Nuwas [8] – circa 765-815-sigue siendo muy famoso en el mundo árabe incluso hoy en día: su libertinaje y su irreligión son ejemplares entre los poetas de su tiempo. Citémoslo :
«Dejé a las chicas por los chicos y, por el vino viejo, dejé el agua limpia. Lejos del camino correcto, tomé un camino de pecado, porque lo prefiero. Corté las riendas y sin remordimientos, quité la brida con la broca. »
Y de nuevo, por diversión :
«Ibrahim al-Nazzam sostiene
verdaderas palabras blasfemas.
Me supera en ateísmo
y su herejía es notoria.
Se le pregunta: «¿Qué bebes?» Responde: «¡En mi vaso!»
Le decimos: «¿Qué te gusta?» Responde: «¡Por detrás!»
— «¿Y qué estás dejando atrás?» Responde: «¡Oración!»
Le dicen: «¿A qué le temes?» Dice: «¡Nada más que el mar!»
Le decimos: «¿Qué dices?» Responde: «¡Qué pasa!»
¡Que Dios lo queme en el fuego infernal!»
El príncipe omeya Walid Ibn Yazid puede haber caído en esta categoría. Habiéndose convertido en califa a la edad de treinta y cinco años, en 743, se apresuró a convocar a cantantes y músicos del Hiyaz, y a sus compañeros de placer, los poetas libertinos iraquíes. Por su comportamiento descrito como libertino, sus pertrechos y su desprecio por la adoración, sigue siendo el arquetipo de hedonista, bebedor, disfrutador y blasfemo. Reinó solo quince meses, antes de terminar asesinado. Como antología de poemas que se le atribuyen, estos dos extractos: «Que Dios, los ángeles y los justos sean testigos: Me gusta cantar, beber vino y morderme las hermosas mejillas …»; «Oh tú que preguntas sobre nuestra religión, es la de Abu Chakir: bebemos vino seco o cortado, a veces caliente y a veces tibio.»
Los librepensadores
Merecen mencionarse dos figuras eminentes de librepensadores: Ibn al-Rawandi y Abu-Bakr al-Razi (Razes para latinistas).
Al-Rawandi, que vivió en Bagdad en el siglo IX, escribió el altamente refutado Libro de la Esmeralda. Para evitar las trampas de la censura, la obra se presenta como un diálogo entre dos brahmanes. Sobre la base de argumentos racionalistas, el autor ataca a las religiones proféticas enfatizando, para burlarse de ellas, las contradicciones del texto sagrado cuya belleza niega, además, considerada inimitable. También denuncia lo absurdo de los rituales y la inverosimilitud de los milagros. Para él, los profetas son semejantes a magos o hechiceros. El don más precioso que Dios concede a los hombres es la razón. Citémoslo:
«Es obvio para nosotros, como para nuestros oponentes, que la razón es el bien más precioso que Dios ha legado a la criatura y que es el instrumento por el cual el hombre conoce a su Señor y sus beneficios y que valida los mandamientos y las prohibiciones, las atracciones y las amenazas (…). Si el Profeta viene a confirmar lo que la razón sabe que es bueno o malo, lícito o ilícito, entonces consideramos nula su misión e inútiles sus pruebas, porque la razón es suficiente para que lo sepamos. Si su misión contradice las conclusiones de la razón, entonces rechazamos al Profeta (…). Lo que es inadmisible en la profecía es que te obligue a seguir a un ser humano en todos los sentidos similar a ti, que tiene un alma y una razón como tú, que come lo que comes y bebe lo que bebes (…). Te convierte en un objeto que él usa a su voluntad, un animal a sus órdenes o un esclavo a su servicio. ¿Qué tiene él [el Profeta] más que tú, qué mérito tiene sobre ti y cuál es, finalmente, la prueba de la veracidad de su mensaje? »
Asimismo, Al-Razi, médico y filósofo persa fallecido en 935, estigmatiza la impostura de los profetas, cuyos mensajes explotan la credulidad de las mentes débiles, provocando confusión y envilecimiento de la inteligencia. Para él, todos los hombres están dotados de razón y no tienen necesidad del falso conocimiento de los profetas. Por supuesto, los filósofos no están de acuerdo entre sí, responde a sus contradictores, pero este es el signo de su independencia de opinión. Al-Razi está considerado hoy en día como uno de los precursores del método experimental en materia científica, especialmente en el campo de la medicina.
Seguiremos a la historiadora Sarah Stroumsa [9] cuando especifica que, «[…] a diferencia de otros herejes, [estos dos pensadores del Islam medieval] no se adhieren a ninguna religión bíblica […]. La animosidad de los librepensadores del Islam se centra particularmente en la religión en la que nacieron, pero en principio manifiestan la misma aversión hacia todas las religiones reveladas. […] Es inexacto clasificarlos como ateos en la medida en que su crítica de la religión nunca llega a negar la existencia de Dios».
Al-Maari, poeta singular
Muy famoso en su época, consultado a menudo en su ermita de la región de Alepo, el poeta sirio en árabe Abul-Ala al-Maari (973-1057) ocupa un lugar un tanto excéntrico en esta constelación. Con una mirada lúcida y pesimista sobre el mundo, liberado de los consuelos de la religión, este escéptico es autor de una obra abundante y variada: se han enumerado un centenar de obras, de desigual importancia, entre las que citaremos La Epístola del Perdón, un texto en prosa en el que discute, en forma a menudo dialogada, diferentes aspectos del pensamiento árabe y musulmán, citando a los contradictores de los religiosos y retomando a su cuenta algunas de sus afirmaciones. Uno de sus títulos más conocidos está traducido al francés con el título Les Imperatives [10]. Abogando por el ascetismo, el poeta se entrega a reflexiones pesimistas, pensamientos sobre la muerte, los caprichos del destino y la inestabilidad de la fortuna, pero también sobre el vegetarianismo y la doctrina de la aniquilación.
«La gente anhela la llegada de un imán elocuente
Predicando en el estruendo de una multitud atónita.
¡Qué quimera! No hay necesidad de un imán excepto por la razón,
Las religiones no tienen más propósito
que entregar la tierra en manos de los poderosos.
Mientras puedas, quédate solo.
El hombre sincero es una carga para los humanos. »
«Los habitantes de la tierra se dividen en dos,
Los que tienen mente pero no religión,
Y los que tienen religión pero no espíritu. »
Muchas son las estatuas que representan a Abul-Ala al-Maari que han sido destruidas, últimamente, por los islamistas, en varias localidades de Siria.
Los carmatianos
Milenarios y disidentes radicales del ismailismo (una de las ramas del chiísmo), los qarmatianos deben su nombre al predicador Hamdan Qarmat. Bajo el liderazgo de Abu Tahir, fundarán un estado en la costa occidental del Golfo Pérsico, en el noreste de la actual Arabia Saudita. La ideología qarmatiana combinaba varios elementos: Dualismo gnóstico y esoterismo neoplatónico, crítica a las religiones y al orden social que legitimaba, mesianismo y un programa revolucionario que podría describirse como protocomunista, abogando por la redistribución de la tierra y la puesta en común de bienes, lo que permitió a este movimiento ganarse el apoyo de las clases trabajadoras.
Este Estado practicó una guerra de rapiñas contra el califato abasí, y su máxima hazaña armamentística fue la incursión llevada a cabo contra La Meca en 930, durante la cual sus soldados, tras la masacre de los peregrinos y los mecanos, se apoderaron de la piedra negra consagrada en la Kaaba (lugar santísimo de La Meca) y solo la devolvieron veinte años después. Este estado duró más de un siglo, antes de desaparecer alrededor de 1080.
Sobre este episodio poco conocido, leeremos, basada en hechos históricos comprobados, Herética, la hermosa novela de Jocelyne Laabi [11].
Una broma de Joha…
Para concluir, daré la palabra a un personaje de cuento de hadas, muy popular en el mundo musulmán (desde Asia Central hasta el Magreb, pasando por Grecia y Sicilia, donde dejó algunas huellas…). Representa la irreverencia, las bromas y la astucia propias de las pocas personas que se burlan de los tiranos, la religión y aquellos que se llaman a sí mismos nuestros amos. Esta es Joha, también conocida en Oriente como Nasr Eddin.
«Al final del servicio del viernes, el Imán, arrastrado por un impulso místico, grita en voz alta :
– ¡Oh Todopoderoso! ¡Danos fe! ¡Danos fuerza y humildad! ¡Danos arrepentimiento por nuestros pecados! ¡Mantén alejados de nosotros los malos pensamientos!…
Ante estas palabras, Joha se pone de pie y grita aún más fuerte :
– ¡Oh Todopoderoso! ¡Dame montañas de dinero, una hermosa casa, mujeres, baklava de pistacho!…
– ¡Alto, malhechor, blasfemo, hijo de perro!
– ¡Aquí! Pero aún así hacemos lo mismo el uno por el otro, Joha se sorprende: cada uno de nosotros quiere lo que no tiene. [12] »
Mohamed El KHEBIR
Notes
[1] Le texte de ce préambule reprend la présentation du colloque « Critique de la religion et athéisme en terre d’islam, hier et aujourd’hui » (Paris, 4 juin 2016). Il a été rédigé conjointement par Ariel Planeix et Mohamed El Khebir qui en furent, avec Claire Auzias, les initiateurs. [NdÉ.]
[2] Sadik al-Azem, philosophe syrien né à Damas en 1934, mort à Berlin en 2016, spécialiste de la philosophie des Lumières, et dont un seul titre a été traduit en français : Ces interdits qui nous hantent, Éditions Parenthèses, 2008.
[4] Ibid., p.64. Il est possible que Maréchal ait lu ou entendu parler du livre Bibliothèque orientale (1697), œuvre de Barthélémy d’Herbelot, considéré comme le premier orientaliste, où l’on trouve cette notation : « Il y a aussi parmi les musulmans des docteurs qui ont été soupçonnés d’être du sentiment de ces philosophes que les Arabes appellent “deherioun”, c’est-à-dire qui croient que le monde soit éternel. Ces docteurs sont Averroes, Avicenne, Alfarabi, et autres, qui ont fait une profession particulière de suivre la philosophie d’Aristote. »
[5] Melhem Chokr, Zandaqa et zindiqs au IIe siècle de l’islam, Presse de l’IFPO, Damas (1993), en accès libre ici.
[6] Le manichéisme est une religion syncrétique fondée en Perse, au IIIe siècle de l’ère chrétienne, par Mani, et considérée comme hérétique par le zoroastrisme alors dominant.
[7] Le Hedjaz est la région ouest de la péninsule Arabique, parallèle aux rivages de la mer Rouge, qui comprend notamment les provinces de Tabuk, Médine, La Mecque et Al Bahah. Ses villes les plus connues sont Médine, La Mecque et Djeddah.
[8] Abu Nuwas, Le Vin, le Vent, la Vie, traduit et présenté par Vincent-Mansour Monteil, Actes Sud, « Babel », 2009.
[9] Sarah Stroumsa, Freethinkers of Medieval Islam. Ibn al-Rawandi, Abu Bakr al-Razi and Their Impact on Islamic Thought, Leiden-Boston-Cologne, Brill, 1999.
[10] Abul-Ala al-Maari, Les Impératifs. Poèmes de l’Ascèse, édition bilingue, traduit par Hoa Hoï Vuong et Patrick Mégarbané, Actes Sud, « Sindbad », 2009.
[11] Publié à La Différence en 2013.
[12] Sublimes paroles et idioties de Nasr Eddin Hodja, Phébus, « Libretto », 2002.
ace 50 años de la muerte del general Francisco Franco y el año que viene se cumplirán 90 desde el inicio de la sublevación militar fascista de 1936. Ambas efemérides están propiciando no pocas iniciativas institucionales y sociales que, más allá de la denuncia simbólica de los crímenes cometidos por el franquismo, alientan narrativas que chocan a menudo frontalmente con nuestro relato anarcosindicalista y libertario.
La memoria histórica, tal y como la entiende la CNT, abarca dos grandes campos de actuación:
Por un lado, la denuncia de los crímenes de lesa humanidad constitutivos de un genocidio y cometidos por la sublevación militar fascista, la consecuente guerra y el posterior terrorismo de estado que se materializa en la búsqueda de verdad, justicia y reparación (incluidas dentro de esta última las garantías de no repetición).
La otra vertiente de nuestra labor memorialista se basa en la recuperación de la memoria sociopolítica de nuestra militancia, de nuestro universo organizativo (sindicatos, grupos de afinidad, Mujeres Libres, comités de defensa, cooperativas, escuelas, grupos excursionistas, teatrales, publicaciones periódicas, editoriales…) y de la alternativa socioeconómica que el anarcosindicalismo convino en llamar comunismo libertario.
La búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación propicia pequeñas victorias parciales como pueden ser la exhumación de algunas fosas, pero se estrella una y otra vez con la piedra angular del modelo de impunidad español: la Ley de Amnistía de 1977. Esta ley “de punto final” constituye un hito fundamental para entender por qué no se puede enjuiciar el genocidio franquista y cómo es posible que medio siglo después de la muerte del dictador su legado de terror perdure en la estructura política, económica y social españolas sin que se haya implementado una sola medida de justicia transicional.
La ley de Amnistía de 1977 indulta al antifranquismo y amnistía a los criminales amparando su legitimación en el apoyo de organizaciones que sí sufrieron en sus filas el genocidio (PSOE, PCE y PNV) pero que, con la vista puesta en el «reparto del pastel» que propiciaron los Pactos de la Moncloa, condenaron al ostracismo a sus propias víctimas. Este y no otro es el pilar fundamental de una transición que durante décadas se nos ha querido vender como ejemplar y exportable a terceros países. La «teoría de los dos demonios» y el creciente revisionismo histórico de carácter fascista que ya no se disimulan constituyen los nuevos andamiajes de una impunidad que perdura 50 años después.
Nuestra batalla por el relato no se circunscribe únicamente a la categorización penal de los crímenes franquistas o al tratamiento jurídico que reciben las víctimas. La práctica coherente de la memoria histórica con perspectiva de clase abarca también el campo de la narrativa ideológica. La práctica más extendida entre los agentes institucionales y sociales que abordan el 50 aniversario es la de presentar a todas las organizaciones antifascistas bajo el paraguas del republicanismo de izquierdas. Asociada a esa misma narrativa, existe cierta tendencia a exagerar el papel y las fuerzas del PCE atribuyéndole una cuota de representación obrera que no obtuvo hasta el tardofranquismo. Abordar la memoria histórica con ese grado de simplificación y tergiversación no contribuye a un análisis riguroso de los hechos y tan solo beneficia las narrativas de quienes difícilmente pueden justificar ante la historia y su público el proceder y la deriva de sus organizaciones históricas. No es nuestro caso. La CNT y el Movimiento Libertario han demostrado invariablemente su compromiso con la veracidad del relato histórico. Para el anarcosindicalismo, solo la investigación fidedigna y la divulgación sincera de las luchas, debates e ideas que conformaron esa etapa histórica garantizan el entendimiento y aprovechamiento actual de la experiencia autogestionaria de masas del verano de 1936 que alumbró las esperanzas revolucionarias de una clase trabajadora no tutelada por partidos ni por estados.
El recuerdo y homenaje a la militancia histórica que luchó por un mundo nuevo está presente en nuestro quehacer diario y hoy evocamos la figura del compañero Durruti, muerto el 20 de noviembre de 1936 defendiendo Madrid. La reivindicación de su memoria sociopolítica y la interpretación de su lucha nos compete directamente. Cuando desde las instituciones se implementan políticas públicas de memoria histórica sin contar con la organización histórica que más bajas tuvo en sus filas, cuando organizaciones no históricas se lanzan al memorialismo desde el presentismo o cuando se pone el foco en la lectura política de familiares que no comparten ideología con la víctima, se vulnera el trinomio de la verdad, la justicia y la reparación (incluidas las garantías de no repetición), dando lugar a interpretaciones interesadas, parciales y sin sesgo de clase o revolucionario.
Hoy, 50 años después de la muerte del genocida, imbricamos la memoria histórica con las luchas actuales y continuamos creyendo en la necesidad y viabilidad de un mundo sin clases ni estados. Seguimos apostando por un modelo sindical único y realmente efectivo, basado en la solidaridad y en la acción directa. Reivindicamos como única garantía válida de no repetición la abolición del ejército, de los cuerpos represivos y de la industria militar, así como la salida de España de la OTAN y la expulsión del ejército estadounidense de las bases que entregó Franco. Hoy, como ayer, seguimos teniendo compañeras presas por hacer sindicalismo. Cada vez más evidencias como la crisis de la DANA o la de los incendios forestales corroboran que el apoyo mutuo y la autogestión siguen siendo alternativas autoorganizacionales más fiables que el estado ante situaciones de colapso.
Hasta hace 50 años, luchábamos contra Franco, después contra el régimen del 78. Ahora y siempre, contra el estado y el capital, por el comunismo libertario.
Veníamos de mundos diferentes» (1956) – Rudolf Rocker
Las Memorias de R. Rocker no son muy prolíficas en detalles personales, pero son muy representativas de una época en la que las narraciones autobiográficas militantes estaban confinadas, en su mayor parte, a la esfera pública. Aunque hay algunas notas intimistas aquí y allá, siempre se inscriben en un marco mucho más amplio, el de la historia colectiva.
Lo cierto es que un acontecimiento privado desempeñó un papel importante en la vida de Rocker: su encuentro en 1896 con Milly Witkop (1877-1955) en el East End de Londres. Fue tan importante que dio lugar a sesenta años de vida en común, lo que no es poca cosa. Se ha dicho que estas dos personas estaban hechas la una para la otra y que su unión les proporcionaba una hermosa complicidad. Podemos creerlo.
Para hablar de esta larga relación, hemos optado por publicar extractos, de un artículo escrito por Rocker al día siguiente de la muerte de su compañera – y publicado en el nº 29 del «Suplemento Literario» de Solidaridad Obrera (París, mayo de 1956).
eníamos de mundos diferentes, de dos mundos que no sólo no estaban relacionados, sino que eran extrañamente distantes, tan distantes como la ciudad de Slotopol [1] en Ucrania y la vieja ciudad del Rin donde yo nací.
¿Cómo y por qué la vida nos ha unido? El cómo podría explicarse, pero el por qué sigue siendo insondable, como la vida misma.
Para Milly y para mí, así es como sucedió: nos encontramos y, aunque cada uno de nosotros venía de esferas perfectamente ajenas, construimos nuestro propio mundo. Esto y sólo esto era la esencia de nuestra vida.
Cuando conocí a Milly hace sesenta años en Londres, era miembro del grupo Arbayter Fraynd y trabajaba por esa causa todo lo que podía. Milly, que era una persona profundamente religiosa de origen, encontró en Inglaterra un ambiente muy diferente a la vida judía que había conocido en su pequeña ciudad ucraniana. En las tristemente célebres fábricas de explotación del gran gueto londinense, donde apenas se ganaba la vida, a veces se le exigía trabajar en sábado e incluso realizar tareas que entraban en conflicto con los principios de la religión judía. A veces se negaba a hacerlo y, por ello, perdió su trabajo más de una vez y pasó por momentos difíciles. Tenía cierta aversión a las cosas hechas a medias, y empezaron a surgir en ella las primeras dudas.
Por casualidad, un compañero del movimiento libertario del East End fue admitido en el taller donde trabajaba, y en el curso de las discusiones Milly escuchó, por primera vez, cosas que hasta entonces le eran completamente ajenas y que le causaron gran confusión. Cuando el trabajador le explicó las verdaderas causas de la espantosa miseria que estaba convirtiendo el gueto en un infierno, sus ojos se abrieron de par en par. A partir de entonces, se produjo en ella una transformación irreversible: tomó conciencia de las contradicciones del sistema que había forjado las cadenas de millones de seres humanos. La religión dio paso a nuevas ideas, que arraigaron en ella con la misma fuerza. Milly era uno de esos raros seres que piensan tanto con la cabeza como con el corazón. Comenzó a devorar toda la literatura libertaria que le llegaba y encontró así un nuevo espacio -que hizo suyo para siempre- en el que expresar sus impulsos interiores.
Había llegado a Londres siendo una niña y se había privado de todo hasta que, tres años más tarde, pudo traer a sus padres y tres hermanas desde Rusia e instalarlos en un modesto hogar. Sólo quienes han vivido las increíbles condiciones de explotación del gueto londinense pueden apreciar este gesto. Para Milly, era algo natural, nunca lo mencionó.
Ella y yo estuvimos juntos durante más de cincuenta y ocho años y nada afectó a nuestra felicidad. Había algo en el fondo de nuestra existencia común que es difícil de describir: una especie de templo oculto, del que sólo nosotros teníamos la llave. Cuando pienso hoy, en las horas de soledad, en aquella hermosa época, recuerdo inmediatamente las palabras de la mujer de Auban en Los anarquistas de Mackay. Cuando un simplón le pregunta qué ha hecho ella por la felicidad de la humanidad, su respuesta es: «Mucho». Incluso he sido feliz. Ella y yo podríamos haber dicho lo mismo. […]
Esta armonía que presidía nuestra vida en común no evitaba, afortunadamente, los puntos de desacuerdo. Su inteligencia la llevó a formarse una opinión propia sobre todo y a ser capaz de argumentar con gran habilidad. Cuando a veces nos enzarzábamos en una discusión acalorada, me decía llena de alegría: «Somos una pareja única». […]
Milly participó plena, concreta y útilmente en las diversas luchas y logros del proletariado judío en Inglaterra. También estuvo presente en todas las reuniones internacionales que se celebraron en Londres en aquella época. Durante la gran huelga de los estibadores londinenses, desarrolló una intensa y notable actividad de solidaridad militante al organizar, junto con otras mujeres, el cuidado de los hijos de los huelguistas. Más tarde, viviendo en Alemania, encontró su espacio natural de actividad en la FAUD y contribuyó a la fundación del «Syndikalistischen Frauen-Bundes», organización que estuvo representada en todos los congresos de la FAUD y prestó grandes servicios al movimiento sindical revolucionario en Alemania.
Como en otras ocasiones difíciles, Milly demostró valor al no renunciar a sus opiniones durante la Primera Guerra Mundial. Cuando se promulgó el decreto que daba a los inmigrantes rusos en Inglaterra la opción de alistarse en el ejército o ser deportados, participó en todas las protestas y acabó siendo encarcelada. Poco después de su detención, el abogado de oficio informó a la comisión de que intentaría exculparla de la acusación, sin molestarse siquiera en pedirle su opinión. Cuando Milly se enteró de las intenciones de su abogado durante el juicio, dijo:
«Agradezco a mi abogado todo lo que hace, pero creo que, en las circunstancias actuales, una declaración clara de mis convicciones más íntimas es desproporcionada en relación con las consecuencias que puede acarrear, pues sólo la voz de la conciencia decide lo que está bien y lo que está mal».
Esta declaración le valió dos años y medio de prisión, aunque sus jueces cedieron a su valor.
Dos personas a las que la vida une tan armoniosamente y que han estado asociadas durante tantos años, acaban fusionándose. Este fue, efectivamente, nuestro caso. Siempre que hablamos de uno, pensamos en el otro. Éramos, como decía nuestro amigo español Tarrida del Mármol, «una pareja romántica». […]
Durante los últimos diez meses de su vida cayó enferma con frecuencia, y luego se recuperó, pero sus fuerzas fueron disminuyendo visiblemente. El médico vino a casa más a menudo que en el pasado, pero cuando las cosas mejoraron, volvimos a tener esperanzas. En los últimos meses de su vida le molestaban mucho las dificultades respiratorias y tenía una esclerosis de la arteria coronaria. Tengo la impresión de que vio venir la sombra de la muerte, pero ocultó su estado para no preocuparnos. Ella era así. […]
Las últimas dos semanas fueron una agonía. Su respiración era cada vez más dificultosa y la noche anterior a su muerte tuvimos que llevarla al hospital de Peekskill. Podía sentir que se iba; sentía que mi corazón se paralizaba. Cuando Fermín, Polly y yo la visitamos al día siguiente, la encontramos con una tienda de oxígeno. Cuando nos vio, sonrió y nos pidió que levantáramos la cortina para darnos un tierno abrazo. Al ver a Fermín abatido, le dijo: «¿Por qué estás triste, querido? No te preocupes». Entonces me rodeó el cuello con sus brazos y dijo, con voz débil pero clara: «Lucharé hasta el final, mi amor». Exhausta, apoyó la cabeza en la almohada y sus ojos se cerraron lentamente. Salimos de la habitación en silencio, dejándola descansar. Cuando volvimos dos horas después, estaba en la misma posición, pero ya inconsciente. El médico nos dijo que su pulso disminuía rápidamente. Una hora más tarde, exhaló su último aliento. Murió el 23 de noviembre y fue incinerada el 27 de noviembre. […]
La noticia de su muerte se difundió rápidamente. De todos los rincones del mundo recibí mensajes de viejos amigos, de grupos libertarios, de sindicatos y de otras organizaciones. Se dijeron hermosas palabras sobre ella, tan hermosas que actuaron como un bálsamo en esta herida que no se cerrará durante mucho tiempo. Me alegro de tener unos amigos tan fieles que han podido aliviar, en este doloroso período de mi vida, este sentimiento de abandono, de soledad que me ha causado la muerte de Milly. A todos ellos, sin embargo, les pido que no se preocupen por mí. No estoy desesperado ni moralmente roto, y me enfrentaré al destino como siempre lo he hecho. Uno de esos amigos, conociendo bien la naturaleza de la relación entre Milly y yo, me escribió en aquellos días: «Habéis vivido el uno para el otro tan intensamente que nada puede romper ese vínculo. Siento estas palabras en mi corazón.
Si me veo obligado a seguir mi propio camino, la presencia de Milly seguirá inspirándome. Como siempre. A lo largo de su vida, participó en mis luchas y me apoyó calurosamente en mi trabajo. Poco antes de su muerte, un día en que yo había vuelto a escribir, me dijo con una sonrisa:
«Para mí, el sonido de tu máquina de escribir es como la música. […]
Milly y yo amábamos la vida. A pesar de la crueldad y la escasez de la época, nos dio una gran felicidad interior, mucha belleza y algunas perspectivas maravillosas. También alejó la monotonía y el aburrimiento de la vida cotidiana de nuestra puerta. Tal vez tenía razón Calderón cuando decía que la vida es un sueño, siendo todo lo que nos sucede fugaz, temporal y sujeto a los eternos cambios del tiempo. Pero es el hombre quien da contenido y forma al sueño. Del mismo modo, puede hacer que sea algo lleno de luz o de pesadilla.
Así que continuaré mi lucha solo a partir de ahora, hasta que caiga el telón. Sé que no he vivido una vida inútil, y por eso no tengo miedo a la muerte. Me siento lo suficientemente fuerte para enfrentarme al destino como lo habría hecho Milly si me hubiera adelantado a ella. […] Y añadiré, por último, que si aporté algo a Milly, ella abrió una puerta en mi corazón que me era desconocida y que, sin ella, quizá nunca se hubiera abierto. A través de esta puerta llegó la luz del sol, la vida feliz y la calma interior, todas las cosas sin las cuales la vida es una caricatura. […] Fue una parte de mi vida, y seguramente la mejor. La muerte me la ha arrebatado, pero no puede impedir que su figura y su rostro sigan viviendo en mí, como un precioso recuerdo de los años pasados, de una época que ya ha desaparecido y que nunca volverá.
Rudolf ROCKER
Notas:
[1] Milly Witkop nació el 1 de marzo de 1877 en Zlotopol (Slotopol, Slatopol), un shtetl de la Zona Residencial, actualmente situado en Ucrania, entre Kiev y Dnepropetrovsk. La comunidad judía de esta ciudad, que contaba con 6.373 personas en 1897, 3.863 en 1926 y 1.047 en 1939, fue destruida por los nazis, que masacraron a 1.200 judíos en la región ocupada de Zlotopol entre el verano de 1941 y el otoño de 1942 (W. Portmann/S. Wolf, «Ja, Ich kommt», p. 3). Wolf, «Ja, Ich kämpfte». Von Revolutionstraümen, ‘Luftmenschen’ und Kindern des Schtetls, Münster, Unrast, 2006, pp. 249-250).
na densa y completa biografía sobre Lucía Sánchez Saornil ha sido publicada por Michela Cimbalo, doctora por la Universidad Federico II de Nápoles, gracias a haber obtenido el premio Vinka Kitarovic de la Universidad degli Studi de Boloña2. Después de un primer trabajo realizado sobre la organización anarcofeminista Mujeres Libres3, como explica la autora en la introducción, se apasionó de la figura poliédrica y original de su fundadora y decidió ir adelante con su biografía a pesar de la escasa documentación existente. Su objetivo ha sido reseguir todos los trazos dispersos de la vida y de las múltiples actividades de Lucía Sánchez Saornil. Gracias a la diversificación de documentos utilizados, muchos de ellos inéditos, como los padrones municipales, las actas de nacimiento y de defunción del registro civil, los fascículos judiciales, las fuentes de policía de diversos países, los materiales de organizaciones políticas, la correspondencia con algunas personalidades anarquistas y finalmente los testimonios orales familiares ha podido ir reconstruyendo paso a paso las etapas de esta vida intensa y comprometida.
La historiografía ha profundizado más en la organización Mujeres Libres y en su revista homónima4. Sin embargo, se conoce menos la biografía de sus fundadoras, de la escritora Mercedes Comaposada y de la poeta y escritora Lucía Sánchez Saornil. De la primera todavía se tiene que escribir su biografía, de la segunda gracias a este espléndido trabajo se cubre el vacío historiográfico que todavía existía. Sin embargo, es necesario recordar la aproximación biográfica, realizada anteriormente por la militante y estudiosa del movimiento anarquista Antonia Fontanillas, basada fundamentalmente en testimonios orales, en dónde se añadía una selección de sus artículos publicados en los años treinta5.
El libro inicia con su origen y formación en la Madrid de final del siglo XIX, dónde Lucía nació en diciembre de 1895, en el seno de una familia de inmigrantes campesinos provenientes de un pequeño pueblo, Posal de Gallinas (Valladolid). Segunda de cuatro hermanos, de los que sobrevivieron ella y su hermana menor Concepción. También la madre murió cuando Lucía tenía doce años. Su instrucción fue escasa, como era habitual en las familias desfavorecidas económicamente y aunque pudo frecuentar algún año el instituto de beneficencia “Centro de Hijos de Madrid”, su afán de cultura la llevó a ser una autodidacta. Siguió lecciones de pintura en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, aunque la autora no ha encontrado su inscripción en los registros. A los 18 años empezó a escribir y a publicar sus poesías demostrando su sensibilidad y capacidad literaria. En estos años su tema principal era el amor, el deseo y la pasión, utilizando a menudo el pseudónimo masculino “Luciano de San Saor”. El hecho que alguna vez con la misma poesía publicada en otras revistas firmase con su nombre auténtico lleva a Michela Cimbalo a pensar que Lucía jugase con varias identidades, que usó de forma alternada a lo largo de los años diez y veinte. Una voz poética que deseaba escapar de los géneros definidos y que se presentaba voluntariamente de forma ambigua. Para la autora, la joven Lucía hubiera podido vivir con diversas contradicciones que explican sus dificultades en mostrarse con una identidad definida. Por un lado, era la única mujer en el grupo de artistas de vanguardia del inicio del siglo y la actividad literaria era considerada socialmente masculina. Por otro, vivía una atracción por su propio sexo, tema que tenía que esconder al ser castigado socialmente. Su conflicto con las normas sociales podía llevarla a la dificultad de definir claramente su pertenencia a un género.
La sociedad española después del conflicto de la I Guerra Mundial tenía necesidad de renovación y de cambio, también cultural. El movimiento ultraísta aspiraba a superar la tradición y los valores del pasado, uniendo elementos del futurismo, del dadaísmo, del cubismo y del creacionismo. La incorporación de Lucía a las vanguardias literarias fue activa y entusiasta. Su participación en el movimiento ultraísta ha sido profundizado en el estudio de Rosa Mª Martín Casamitjana6. La revista “Los Quijotes”, en donde colaboraba Lucía, se unió a esta nueva corriente. También la poesía de nuestra protagonista se transformó en este momento, participando en la revista “V-ltra” (1921), que representó una revolución en el panorama de las publicaciones literarias españolas. La extracción proletaria de Lucía la diferenciaba de la mayoría de los escritores, sin embargo no fue un impedimento para conquistar un espacio destacado entre ellos y ser plenamente integrada. En los años treinta, nuestra protagonista se alejó de los ambientes literarios, para dedicarse plenamente a la militancia política. Para ella, los vanguardistas hacían discursos de salón y abstractas elucubraciones intelectuales. Su compromiso con los periódicos anarquistas fue menos literaria y más política. Su pseudónimo masculino fue definitivamente abandonado, prefiriendo utilizar su nombre, aunque la mayoría de veces escribió de forma anónima.
En 1916, con veinte años, había empezado a trabajar en la Compañía Telefónica de Madrid, símbolo de la modernidad y de las nuevas tecnologías. Era una profesión abierta a las mujeres de la clase media, a las “señoritas” y las trabajadoras tenían que vestirse de forma presentable. Según la autora, la encargada le había llamado la atención por no llevar sombrero. El trabajo era duro, sin interrupciones, sin descanso dominical y realizado con una rígida disciplina. Para mejorar las condiciones de trabajo se realizó una reunión sindical en el año 1919, impulsada por los trabajadores telegrafistas varones. Fue la única mujer presente en una reunión de 500 asistentes. A diferencia de otras ciudades las telefonistas madrileñas no se sumaron a la huelga nacional. El dictador Primo de Rivera concedió en monopolio la Compañía Telefónica Nacional de España a la estadunidense International Telephone and Telegraphic (ITT) en 1924, lo que repercutió directamente en el trabajo de las telefonistas. Como explicaba el trabajo de Cristina Borderías7, se hicieron cursos para racionalizar el trabajo e imponer el taylorismo. Cada fase del trabajo –respuesta, diálogo con cliente, establecimiento de conexión- venía controlado por cronómetro, los tiempos venían predefinidos por los técnicos estadunidenses. El resultado repercutía en el salario y las posibilidades de hacer carrera. No se podía alzar la voz, no se podía llegar con retraso, estableciéndose castigos para la trabajadora que osara hacerlo. La sustitución del personal masculino por el femenino era un emblema de modernización y así se presentaba por la nueva compañía. Aunque el salario femenino era la mitad del masculino. A finales de 1926 la red telefónica pasó del sistema manual al automatizado. Se tuvo que preparar al personal con cursos especiales. El ritmo se intensificó y también los castigos. Llegar dos minutos tarde al trabajo significaba dos horas más de trabajo. Las trabajadoras con una edad avanzada no pudieron reciclarse y se produjeron muchos despidos. Se extendió el descontento entre el personal y empezaron las protestas. Las que se significaron fueron despedidas o transferidas a otra ciudad. Lucía fue enviada a trabajar a Valencia en 1927 y finalmente despedida en 1931. Con la proclamación de la República, la CNT promovió una importante huelga de la Telefónica a nivel nacional durante el verano de 1931. El conflicto se transformó en un enfrentamiento entre la CNT y el Gobierno republicano, que se situó abiertamente en defensa de la empresa y clausuró los locales del Sindicato deteniendo a sus militantes. Lucía participó en las protestas siendo detenida en Madrid. La huelga no tuvo el resultado positivo que se esperaba. Nuestra protagonista, como otros trabajadores huelguistas, no fue readmitida hasta 1936 con el inicio de la guerra civil.
Su significación como sindicalista en la Compañía Telefónica le llevó a un progresivo compromiso militante con el sindicato anarcosindicalista y con los periódicos anarquistas que surgieron bajo la legalidad de la República. Trabajó como secretaria administrativa con la Federación Nacional de la Industria Ferroviaria (CNT) en Madrid. También fue nombrada redactora del diario “CNT”, órgano nacional del sindicato en 1933, siendo la única mujer presente. Colaboraba en diversos periódicos anarquistas como “El Libertario” de Madrid, “Solidaridad Obrera” de Barcelona, “Avance marino”, órgano del Sindicato de Pescadores (CNT) del País Vasco. Al mismo tiempo, actuó como oradora y propagandista a cargo del sindicato. La Federación local de CNT de Madrid le encargó actividades de instrucción primaria para trabajadores y trabajadoras a partir de 1933, importante tarea que le marcó en su decisión de organizar formación específicamente femenina y posteriormente en crear la revista y la organización Mujeres Libres.
En las primeras semanas de la Guerra civil, el grupo fundador de la revista “Mujeres Libres”, que ya había publicado tres números, se planteó crear una organización nacional, uniéndose a los grupos femeninos específicos que ya existían en el movimiento anarquista. En Barcelona, el Grupo Cultural Femenino (CNT) existente desde 1935 se transformó en sección local de la organización Mujeres Libres a finales de setiembre de 1936. Pronto se crearon otras secciones en diversas partes del territorio español, hasta contar con 115 grupos y unas 20.000 afiliadas. El objetivo de Mujeres Libres era liberar a la mujer de la subordinación a la cual se veía sometida, como asalariada y como mujer. Esta doble lucha la distinguía de las otras organizaciones femeninas existentes durante la Guerra civil. Centrarse en la instrucción y en la superación del analfabetismo tan presente en las mujeres de aquella época era fundamental. Con este objetivo se crearán Institutos en Madrid, Barcelona y Valencia ofreciendo desde lecciones de educación elemental, científica y humanística hasta preparación profesional y técnica. Lucía multiplicó su actividad no sólo inspirando la nueva organización y la revista, que redactaba con editoriales y artículos casi siempre anónimos sino también continuó con la redacción del diario “CNT”, actuando como repórter de guerra, siguiendo en prima línea el desarrollo del conflicto bélico así como las realizaciones de la revolución, que surgieron paralelamente en la retaguardia transformando la organización social. Recuperó la poesía en este contexto, y con un lenguaje simple y directo dio expresión a los sentimientos y preocupaciones emergentes con la insurrección militar. Como por ejemplo, la poesía titulada “Madrid, Madrid, mi Madrid”, exaltación de la acción de la mujer en la defensa de la capital.
Sus escritos eran agudos y críticos, encarando la defensa del trabajo asalariado femenino en igualdad de condiciones con el masculino y tutelado por las organizaciones de clase. Rechazaba el discurso de la inferioridad de la mujer como explicación para mantener la subordinación femenina. También criticaba la teoría de la diferenciación sexual del médico Gregorio Marañón, en boga en los años treinta, como un determinismo biológico, que tenía como objetivo exaltar la maternidad. Lucía destacó por su manera original de defender la liberación femenina conjuntamente con el anarquismo. Para ella la emancipación de las mujeres sólo se podría hacer realidad a través un proceso de autodeterminación y de transformación social. Por ello defendió la total autonomía femenina, denunciando el sexismo de los compañeros varones. Impulsó, con la ayuda de Mercedes Comaposada, un órgano de prensa femenino independiente, la revista “Mujeres Libres”, escrita sólo por mujeres. La publicación, que vio luz el mes de mayo de 1936, estaba dirigida a aumentar la conciencia política y la instrucción de todas las mujeres españolas en general, no solamente anarquistas
En las primeras semanas de la Guerra civil, el grupo fundador de la revista “Mujeres Libres”, que ya había publicado tres números, se planteó crear una organización nacional, uniéndose a los grupos femeninos específicos que ya existían en el movimiento anarquista. En Barcelona, el Grupo Cultural Femenino (CNT) existente desde 1935 se transformó en sección local de la organización Mujeres Libres a finales de setiembre de 1936. Pronto se crearon otras secciones en diversas partes del territorio español, hasta contar con 115 grupos y unas 20.000 afiliadas. El objetivo de Mujeres Libres era liberar a la mujer de la subordinación a la cual se veía sometida, como asalariada y como mujer. Esta doble lucha la distinguía de las otras organizaciones femeninas existentes durante la Guerra civil. Centrarse en la instrucción y en la superación del analfabetismo tan presente en las mujeres de aquella época era fundamental. Con este objetivo se crearán Institutos en Madrid, Barcelona y Valencia ofreciendo desde lecciones de educación elemental, científica y humanística hasta preparación profesional y técnica. Lucía multiplicó su actividad no sólo inspirando la nueva organización y la revista, que redactaba con editoriales y artículos casi siempre anónimos sino también continuó con la redacción del diario “CNT”, actuando como repórter de guerra, siguiendo en prima línea el desarrollo del conflicto bélico así como las realizaciones de la revolución, que surgieron paralelamente en la retaguardia transformando la organización social. Recuperó la poesía en este contexto, y con un lenguaje simple y directo dio expresión a los sentimientos y preocupaciones emergentes con la insurrección militar. Como por ejemplo, la poesía titulada “Madrid, Madrid, mi Madrid”, exaltación de la acción de la mujer en la defensa de la capital.
A finales de abril de 1937, Lucía se trasladó a vivir a Valencia. Para la autora, este hecho fue un duro contraste con la realidad de Madrid asediada por los franquistas. En esta ciudad se ocupó de la vice dirección de la revista semanal “Umbral”, creada por la CNT nacional en julio de 1937. Era una revista vanguardista por sus ilustraciones, en la que contribuían artistas conocidos como Manuel Monleón, autor de originales fotomontajes. Aquí colaboró con reportajes sobre las colectivizaciones industriales y agrícolas, el trabajo cotidiano en el campo, la Casa de la maternidad de Vélez Rubio (Almería), así como la experiencia pedagógica del CENU en Cataluña con entrevistas a sus protagonistas y acompañado de un abundante aparato fotográfico. En esta ciudad, conoció la que sería la compañera de su vida, América Barroso, “Mery”, secretaria de dirección de la revista “Umbral”. Mery, como su hermana Irene, se dedicaba paralelamente al teatro, recitando obras en apoyo del frente republicano. A partir de este encuentro, Mery se dedicó más al compromiso militante al lado de Lucía colaborando con la organización Mujeres Libres y con Solidaridad Internacional Antifascista (SIA).
Esta última organización fue creada por la CNT a finales de mayo de 1937 para gestionar las ayudas provenientes del extranjero y crear una estructura dedicada a la actividad asistencial y de solidaridad en el territorio republicano. La historiografía no ha estudiado todavía de forma detallada la organización de SIA española a pesar de su importancia. La autora hace una buena aportación de esta etapa bastante desconocida de la biografiada, basada en fuentes originales de los archivos de CNT existentes en la Fundación Anselmo Lorenzo de Madrid. Gracias a ellos sabemos que fueron escogidos tres representantes encargados de llevar a cabo este proyecto. Lucía Sánchez Saornil era una de las elegidas junto a Pedro Herrera (militante de la FAI) y Rafael Monteagudo (de las Juventudes Libertarias). La nueva organización recibió el apoyo inmediato de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), encargándose de recoger ayudas económicas internacionales para la revolución española. SIA venía a ser una organización paralela al Socorro Rojo, influenciada por el Partido comunista, que desarrollaba desde hacía tiempo una importante labor asistencial, distribuyendo víveres, medicinas y otros bienes entre la población. SIA, como remarca la autora, dedicó una atención especial a la creación de colonias infantiles, agrupando los niños refugiados evacuados de zonas de combate o huérfanos de guerra. En enero de 1938, el consejo nacional de SIA se trasladó a Barcelona, en dónde se había instalado el gobierno republicano, por ello Lucía y Mery se establecieron en esta ciudad. Cuando meses más tarde Pedro Herrera dimitió de secretario del consejo general, la CNT propuso a Lucía de ocupar su lugar. Existieron tensiones entre CNT y SIA, cuando el gobierno republicano creó un Comité de Ayuda a España en julio de 1938 y la CNT entró a formar parte desautorizando las funciones de SIA. El conflicto se resolvió gracias a que el nuevo Comité tardó en ser organizado lo que permitió a SIA española continuar con sus contactos. Emma Goldman, uno de los apoyos decididos, creó la sección inglesa de SIA a partir de noviembre de 1937. Otras secciones muy activas fueron las de Suecia, Francia y Estados Unidos, especialmente.
Gracias a la intensa correspondencia que Lucía mantuvo con Emma Goldman y con John Andersson (secretario de la sección sueca y también de la AIT), consultada por la autora y conservada en el Internacional Institute of Social History de Amsterdam, podemos reseguir la actividad de Lucía y de SIA española en los difíciles momentos del final de la guerra. El papel que esta organización tuvo en este momento era un tema muy poco conocido, relevándose esencial al ofrecer un lugar para dormir y alimentación a los prófugos que llegaban en masa. También, en el momento de la caída de Cataluña en manos franquistas, SIA fue fundamental por el esfuerzo realizado ante los refugiados españoles, instalándose en Perpiñán y distribuyendo las ayudas internacionales que recibía entre los internados en los campos de concentración. También ayudó a planificar evasiones, facilitando documentación falsa y dinero para las fugas. Al mismo tiempo, actuó como red de solidaridad y apoyo a militantes perseguidos, que debían vivir en la clandestinidad. En París, Lucía desarrolló su papel de secretaria general, junto con Mateo Baruta y su compañera Cristina Kon, con la protección de la SIA francesa. También publicó en la revista “SIA” francesa, en la sección “España expatriada”, acusando a las democracias europeas de no haber sido más decididos en su ayuda a la República española y de haber contemporizado con el gobierno de Hitler. Con el estallido de la guerra y la invasión de los alemanes en Francia, la policía francesa, colaboracionista de Vichy, persiguió SIA y sus miembros destacados. Lucía y Mery dejaron París, para instalarse en Orleans. Desde esta ciudad continuaron con su trabajo de coordinar a los militantes dispersos y publicaron la revista “España expatriada”, con colaboraciones anónimas dada la difícil situación. Se denunciaban las persecuciones del franquismo y las condiciones extremas de las prisiones. También se daba noticia de las depuraciones realizadas por la administración y los fusilamientos de miles de republicanos. Ante el rápido avance de las tropas alemanas, escaparon de nuevo y se instalaron en Montauban, donde se instauró también una parte del régimen de Vichy.
En esta centro Lucía y Mery vivieron aproximadamente un año y medio. La documentación policial recogida por la autora, demuestra que fueron vigiladas por la policía de Vichy por actividades subversivas y finalmente detenidas. También lo fueron todos los militantes colaboradores de su entorno. En la primavera de 1942 las dos militantes decidieron volver a España, escapando de las investigaciones policiales. Pasaron la frontera con documentos falsos. Se instalaron en Madrid con la familia de Lucía, el padre y la hermana. Gracias a las fuentes usadas por Cimbalo, sabemos que sobrevivieron haciendo diversos trabajos a domicilio, como por ejemplo confeccionando redecillas para el pelo. Arriesgaban la vida en todo momento, ya que podían ser denunciadas por sus actividades anteriores. Sin embargo, no entraron en clandestinidad con documentos falsos. Lucía era la cabeza de la familia y se encontraba a cargo de sus familiares. Durante estos años, hizo una vida sin exponerse públicamente, aunque según testimonios orales volvió a conectar con personas de confianza para reprender la actividad política. Se planteó una reorganización de Mujeres Libres con fines asistenciales y de solidaridad, para ayudar a los detenidos, a sus familias y a los perseguidos. Alguna de las promotoras fue detenida por lo que los grupos se formaban y deshacían frecuentemente. Como señala Ángel Herrerín López el sindicato anarcosindicalista reorganizado, tuvo un notable crecimiento entre 1945 y 19478. A finales de 1947, la policía detuvo a los componentes del Comité nacional, a los de la tipografía clandestina en donde se publicaban los periódicos y se hizo con los archivos de la organización. La CNT decidió trasladar la sede de sus publicaciones a Valencia, estableciéndose en esta ciudad. También Lucía y Mery abandonaron Madrid a principios de 1948 con toda la familia Sánchez Saornil y se trasladaron a Valencia, dónde vivía la familia de Mery.
La situación no era fácil tampoco en esta ciudad. Dos hermanos de Mery Barroso habían sido detenidos y encarcelados. Para sobrevivir tuvieron que inventarse un trabajo de representantes de géneros de punto, que revendían a los negocios. También realizaron trabajos de colaboración doméstica. Hasta los años cincuenta no estabilizaron el sustento. Mery, que había nacido en Argentina, comenzó a trabajar como administrativa en el Consulado de este país y Lucía desarrolló su capacidad pictórica y empezó a pintar abanicos y baldosas de cerámica, así como cuadros por encargo. Gracias al testimonio oral de la familia Barroso, sabemos que Lucía fue aceptada por la familia de Mery como una más, aunque su relación sentimental se mantuvo en la clandestinidad. Cimbalo contextualiza cómo la homosexualidad era condenada socialmente, siendo además un delito penal perseguido por el franquismo.
En Valencia, Lucía retomó sus contactos con grupos de artistas e intelectuales que se reunían periódicamente en su casa. También con algunas compañeras de Mujeres Libres de esta ciudad, que había frecuentado durante la guerra. El estudio pormenorizado conducido por la autora, tiene que aceptar el hecho que no se conoce si tuvo actividad política clandestina en estos años. Volvió a escribir poesía como expresión intima de sus profundas reflexiones. En 1955 publicó en “Estrofa”, una revista de Burgos, la poesía “Quiero en mi ley cumplirme”, con una clara afirmación de libertad y rechazo a las imposiciones externas. También dejó inédito un libro de poesías titulado “Siempre puede volver la esperanza”, que recogían el estado de ánimo de sus últimos años. Era consciente de la derrota política pero al mismo tiempo demostraba una fe inquebrantable en sus propios ideales y sueños. Nos refiere Cimbalo que con cierta tristeza Lucía se daba cuenta de su aislamiento, mientras fuera de su entorno la vida continuaba y nuevas esperanzas nacían para otras generaciones. Lucía Sánchez Saornil murió en junio de 1970 en Valencia con 74 años. En su tumba Mery hizo escribir un fragmento de una de sus poesías: “pero… ¿es verdad que la esperanza ha muerto?”. En esta poesía ella misma daba una respuesta vital y positiva:
“Vuela, volamos,
¿Hacia donde?/
¡Oh! No importa, no importa./
El mundo es todavía hermoso.
¡Siempre puede volver la esperanza!”9.
En conclusión, nos encontramos ante un estudio detallado, en dónde Michela Cimbalo ha descrito con mucha atención las diversas etapas vitales de esta importante militante anarcofeminista, que unió el ideal político a la poesía, la instrucción a la solidaridad dentro y fuera del movimiento anarquista. Se puede afirmar con tranquilidad que este libro, que esperamos se traduzca pronto al castellano, representa un auténtico avance en la historiografía sobre la participación femenina en el movimiento anarquista y sobre el importante papel de una de sus más significativas militantes, que quiso estar siempre en la sombra rechazando el protagonismo personal a favor de una acción colectiva y paritaria.