🤌🏼Las utopías de Woodrow Wilson🎩

Cipriano Ricardo Gerónimo Flores Magón,​ conocido como Ricardo Flores Magón (San Antonio Eloxochitlán, Oaxaca, México; 16 de septiembre de 1873-Leavenworth, Kansas, Estados Unidos; 21 de noviembre de 1922), fue un notorio anarquista, socialista, activista, escritor y filósofo mexicano.

Uno de los tres hermanos Flores Magón, líderes de los magonistas, se le considera una figura importante en el movimiento social que precipitó la Revolución mexicana.

Las utopías de Woodrow Wilson

Soñadores, locos, utopistas, he aquí los términos que la imbecilidad andante nos arroja al rostro, cuando no se nos acaricia con estos otros: ambiciosos, vividores, mentirosos, despechados y otros del mismo o parecido calibre. Y sin embargo, parece que los locos, los soñadores, los utopistas tenemos razón, y que los prácticos, los fríos, los razonadores, los serios, los sensatos, no la tienen.

Woodrow Wilson, el actual presidente de los Estados Unidos de América, es tenido en el mundo intelectual casi como una lumbrera, un pozo de ciencia, y, a la vez, como hombre práctico, sensato, serio, talentoso, clarividente.

Pues bien este pozo de ciencia no sabe dónde tiene las narices, o lo que es lo mismo, no ha llegado a comprender la Revolución mexicana. Él sabe solamente que en México existe una situación caótica y que, en virtud de este caos o confusión, la vida de los negocios es raquítica y en muchos casos nula; pero no sabe o no quiere saber, que para el caso es lo mismo, qué es lo que ha producido ese caos o confusión, a qué se debe el fenómeno de que una parte del pueblo mexicano esté contra la otra parte, y de ahí que toda su política internacional, en lo que a México concierne, no haya sido otra cosa, hasta el presente, que un escandaloso fracaso.

Haciendo a un lado las declaraciones de pretendida honradez política que siempre han precedido a sus manejos con respecto a la cuestión mexicana, en todos los actos de Woodrow Wilson se ha visto claramente expresado el siguiente deseo: el establecimiento en México de un gobierno fuerte que dé garantías a cuanto aventurero se le ocurra ir a explotar el trabajo mexicano y la inagotable riqueza de aquel riquísimo país.

Para conseguir este fin, reconoció primeramente como gobierno de facto, que quiere decir “de hecho”, la imposición de Victoriano Huerta; permitió que pasaran por las aduanas americanas armas y municiones destinadas a Huerta, y, en suma, Huerta gozaba de los mismos privilegios de que goza un gobierno constituido legalmente en sus relaciones con los gobiernos de las demás naciones de la Tierra. Wilson pensó que, con semejante apoyo, se consolidaría el gobierno de Huerta y que bien pronto los rapaces aventureros americanos reanudarían su infame tarea de explotación y de extorsión del trabajador mexicano. Pero el cielo más limpio no está exento de verse de repente insultado por un nubarrón, y, en el cielo risueño de las esperanzas de Wilson apareció este nubarrón: las pretensiones de Pearson,1 apoyadas secretamente por el gobierno británico, sobre las fuentes de petróleo de la Huasteca, pretensiones absolutamente antagónicas a las de Rockefeller,2 o sea, la Standard Oil Company, apoyadas secretamente por el gobierno americano, sobre las mismas fuentes de petróleo.

Huerta apoyaba, y apoya aún las pretensiones inglesas. Wilson trató de atraerse a Huerta en beneficio de la Standard Oil, y envió a John Lind3 a conferenciar con el tirano. Huerta, testarudo, quiso seguir siendo fiel a sus amos los ingleses, y la misión de Lind terminó en medio de una carcajada universal. En su despecho, Wilson hizo que los matatías americanos de Wall Street apretaran los cordones de la bolsa, y bien pronto los matatías de Londres, París, Ámsterdam y Berlín siguieron el ejemplo de sus compinches yanquis al declarar el presidente americano que el gobierno de este país no reconocería ningún nuevo compromiso financiero contraído por Huerta en el extranjero. Wilson esperaba agarrar a Huerta con el dedo detrás de la puerta, y obligarlo, por medio de la falta de dinero, a rendirse sin condición a los caprichos de la Standard Oil. Al mismo tiempo, el pozo de ciencia, la lumbrera intelectual, comenzó a mariposear con el carrancismo, y obtuvo de Venustiano Carranza la seguridad de que las pretensiones de la Standard Oil Company serían preferidas; que los intereses y las vidas de los aventureros americanos serían protegidos; que con la ayuda americana, el país entraría bien pronto en un periodo más brillante para los negocios que como estaba bajo la dictadura de Porfirio Díaz.

El nubarrón que por algún tiempo enlutó el cielo de las risueñas esperanzas de Wilson se desvaneció al soplo de las promesas del bandido barbón, y desde entonces Carranza ha sido protegido más o menos abiertamente por la lumbrera intelectual, y el decreto de fecha 3 de este mes, aboliendo la prohibición de introducir armas y municiones a México, ha estado realmente en vigor para el carrancismo desde que la misión de Lind quedó aplastada sin lustre y sin gloria bajo las risotadas de los hombres sensatos de todo el mundo.

Y ahora, entra de cuerpo entero Wilson el utopista y el luminar de la inteligencia queda reducido modestamente a la categoría de la amarillenta lucecilla de un fósforo barato. Sí, porque Wilson cree que triunfando el carrancismo las uñas de la burguesía americana podrán fácilmente arrancar buenas tiras de pellejo al pobre trabajador mexicano, y tal creencia descubre su lastimosa ignorancia de lo que es una verdadera Revolución, y la mexicana es una verdadera Revolución.

La pacificación del país no depende de la exaltación de un caudillo a la Presidencia, sino de la realización de este hecho sencillísimo: la muerte del hambre y de la tiranía. El hambre y la tiranía fueron la causa de la Insurrección popular. El pueblo mexicano se levantó en armas contra la clase capitalista y el gobierno sostenedor de esa clase en busca de pan y de libertad. ¿Puede un gobierno garantizar a los pobres el pan y la libertad? Responda el mismo Wilson que ante sí tiene el inquietante problema de los desocupados; el gobierno de este país tiene ante sí una enorme masa de millones y millones de seres humanos que piden pan. ¿Puede este gobierno dar pan a esos hambrientos? Con centenares de millones de dólares en el tesoro, este gobierno es tan incapaz de llevar pan a las bocas de los hambrientos como otro cualquiera. Eso quiere decir que las funciones del gobierno, en cualquier parte del mundo, son otras que las del padre de familia que divide entre la prole y la compañera el pedazo de pan duramente ganado. El gobierno no es un padre, sino un verdugo. El gobierno no puede garantizar a cada uno el derecho de vivir, sino el derecho de vivir a costa del sufrimiento y de la esclavitud de los demás, siendo los más rapaces, los más astutos, los menos escrupulosos, los únicos que se benefician con ese derecho.

Y en cuanto a la libertad, no puede alardear Wilson de que en este país hay libertad, pues solamente una libertad existe en los Estados Unidos y ésa es… la de morirse de hambre. Y es ésta la República Modelo; pues un gobierno semejante al que aquí se sufre es lo que Wilson quiere que se sufra en México bajo la férula de un burgués idiota que se llama Venustiano Carranza.

¿No es ésa una utopía? Si el pueblo mexicano no se levantó en armas en busca de pan y de libertad, y si, como lo demuestra la Historia desde los tiempos más antiguos hasta el presente, ningún gobierno ha podido realizar el doble milagro de saciar el estómago del pueblo y darle libertad al mismo tiempo, es una esperanza de iluso ciertamente el esperar que Venustiano Carranza o cualquier otro mandón puedan dar al pueblo mexicano el pan y la libertad.

Si el pueblo mexicano fuera tan imbécil de deponer las armas cuando Venustiano tome la ciudad de México, bien pronto tendría que empuñarlas de nuevo al darse cuenta de que gobierno no significa panadería o fonda al alcance de todos, sino capataz brutal encargado por la clase capitalista de tener en eterna sujeción a la clase trabajadora; pero afortunadamente el trabajador mexicano ha despertado y ya son muchos los que ahora saben que la libertad económica, política y social no ha de caer del cielo sobre algún Sinaí y en manos de un farsante que la distribuya entre los oprimidos, sino que tiene que ser la conquista de los trabajadores alcanzada por su propio esfuerzo sin necesidad de Mesías de ninguna marca.

Carranza en el poder no es lo mismo que pacificación del país, señor Woodrow Wilson, y ésta será una de tantas planchas de su señoría.

Notas

1 Dickinson Weetman Pearson, Lord Cowdray (Yorkshire, Inglaterra, 1856-Londres, Inglaterra, 1927). Magnate inglés, propietario de la S. Pearson & Son Ltd., que en1900 empleaba a más de 20 mil hombres en la construcción de ferrocarriles, muelles, sistemas de drenajes, irrigación y otras obras de ingeniería en diversos lugares del planeta, señaladamente en Gran Bretaña, Irlanda, México y China. En 1889, Porfirio Díaz lo invitó a construir un ferrocarril para unir el Atlántico con el Pacífico. En México realizó innumerables negocios y sus empleados descubrieron una de las regiones petrolíferas más productivas del mundo en Potrero del Llano, Ver. Para explotarla, Lord Cowdray fundó El Águila Petroleum Company, que disputaría el petróleo del país a las compañías estadunidenses. Tras el asesinato de Francisco I. Madero, Cowdray apoyó a Victoriano Huerta. Propuso que una intervención internacional pusiera freno a la Revolución mexicana y que se ejerciera un protectorado en México. En 1917 se vio involucrado en planes conspirativos para derrocar al gobierno de Carranza. W.C. Owen, responsable de la sección inglesa de Regeneración, describió al magnate británico, “física y moralmente”, como un gorila humano, como “un hombre de las cavernas armado con las mortales armas de la riqueza y la ciencia moderna”, tan rico que ni “él mismo ni nadie sabe qué tanto”. Como el hombre que ha saqueado México y cuya sombra se notaba en las mujeres que suplican por pan en el país, y en las “demacradas miradas de los peones mexicanos que recorren las calles de los Estados Unidos solicitando inútilmente trabajo”.

2 John Davison Rockefeller (1839-1937). Fundador de la Standard Oil Company. Dicha compañía fue acusada de prácticas monopólicas y dividida hacia 1911. Creador del sistema moderno de la filantropía norteamericana

3 John Lind (Smaland, Suecia, 1854-Minneapolis, Estados Unidos, 1930). Abogado y político estadunidense. Miembro del Partido Demócrata. Gobernador de Minnesota, entre 1899 y 1901. Apoyó a Woodrow Wilson en su campaña para la presidencia en 1912. En 1913 fue nombrado como su representante personal en México, con la misión de negociar la renuncia de Victoriano Huerta. El dictador mexicano no reconoció su papel en México. En agosto aconsejó al presidente estadunidense levantar el embargo de armas para los revolucionarios y otorgarles el carácter de beligerantes. Por esos meses se estableció en Veracruz, donde permaneció hasta la intervención del puerto en abril de 1914. Sostuvo reuniones informales con representantes del gobierno mexicano y con emisarios de Carranza. Tras la disolución del Congreso en octubre de 1913, Lind consideró que la intervención militar era la única salida; aconsejó a Wilson ocupar Veracruz y organizó diversos planes conspirativos que nunca se realizaron, como la aprehensión de Huerta por soldados estadunidenses en la ciudad de México. Tras la ocupación de Veracruz continuó como consejero del presidente Wilson. En 1915 aconsejó otorgar reconocimiento al gobierno constitucionalista de Venustiano Carranza.

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