🖋Recordando a Milly Witkop [1877-1955]🌹:

Veníamos de mundos diferentes» (1956) – Rudolf Rocker

Las Memorias de R. Rocker no son muy prolíficas en detalles personales, pero son muy representativas de una época en la que las narraciones autobiográficas militantes estaban confinadas, en su mayor parte, a la esfera pública. Aunque hay algunas notas intimistas aquí y allá, siempre se inscriben en un marco mucho más amplio, el de la historia colectiva.

Lo cierto es que un acontecimiento privado desempeñó un papel importante en la vida de Rocker: su encuentro en 1896 con Milly Witkop (1877-1955) en el East End de Londres. Fue tan importante que dio lugar a sesenta años de vida en común, lo que no es poca cosa. Se ha dicho que estas dos personas estaban hechas la una para la otra y que su unión les proporcionaba una hermosa complicidad. Podemos creerlo.

Para hablar de esta larga relación, hemos optado por publicar extractos, de un artículo escrito por Rocker al día siguiente de la muerte de su compañera – y publicado en el nº 29 del «Suplemento Literario» de Solidaridad Obrera (París, mayo de 1956).

Premium Vector | Letter veníamos de mundos diferentes, de dos mundos que no sólo no estaban relacionados, sino que eran extrañamente distantes, tan distantes como la ciudad de Slotopol [1] en Ucrania y la vieja ciudad del Rin donde yo nací.

¿Cómo y por qué la vida nos ha unido? El cómo podría explicarse, pero el por qué sigue siendo insondable, como la vida misma.

Para Milly y para mí, así es como sucedió: nos encontramos y, aunque cada uno de nosotros venía de esferas perfectamente ajenas, construimos nuestro propio mundo. Esto y sólo esto era la esencia de nuestra vida.

Cuando conocí a Milly hace sesenta años en Londres, era miembro del grupo Arbayter Fraynd y trabajaba por esa causa todo lo que podía. Milly, que era una persona profundamente religiosa de origen, encontró en Inglaterra un ambiente muy diferente a la vida judía que había conocido en su pequeña ciudad ucraniana. En las tristemente célebres fábricas de explotación del gran gueto londinense, donde apenas se ganaba la vida, a veces se le exigía trabajar en sábado e incluso realizar tareas que entraban en conflicto con los principios de la religión judía. A veces se negaba a hacerlo y, por ello, perdió su trabajo más de una vez y pasó por momentos difíciles. Tenía cierta aversión a las cosas hechas a medias, y empezaron a surgir en ella las primeras dudas.

Por casualidad, un compañero del movimiento libertario del East End fue admitido en el taller donde trabajaba, y en el curso de las discusiones Milly escuchó, por primera vez, cosas que hasta entonces le eran completamente ajenas y que le causaron gran confusión. Cuando el trabajador le explicó las verdaderas causas de la espantosa miseria que estaba convirtiendo el gueto en un infierno, sus ojos se abrieron de par en par. A partir de entonces, se produjo en ella una transformación irreversible: tomó conciencia de las contradicciones del sistema que había forjado las cadenas de millones de seres humanos. La religión dio paso a nuevas ideas, que arraigaron en ella con la misma fuerza. Milly era uno de esos raros seres que piensan tanto con la cabeza como con el corazón. Comenzó a devorar toda la literatura libertaria que le llegaba y encontró así un nuevo espacio -que hizo suyo para siempre- en el que expresar sus impulsos interiores.

Había llegado a Londres siendo una niña y se había privado de todo hasta que, tres años más tarde, pudo traer a sus padres y tres hermanas desde Rusia e instalarlos en un modesto hogar. Sólo quienes han vivido las increíbles condiciones de explotación del gueto londinense pueden apreciar este gesto. Para Milly, era algo natural, nunca lo mencionó.

Ella y yo estuvimos juntos durante más de cincuenta y ocho años y nada afectó a nuestra felicidad. Había algo en el fondo de nuestra existencia común que es difícil de describir: una especie de templo oculto, del que sólo nosotros teníamos la llave. Cuando pienso hoy, en las horas de soledad, en aquella hermosa época, recuerdo inmediatamente las palabras de la mujer de Auban en Los anarquistas de Mackay. Cuando un simplón le pregunta qué ha hecho ella por la felicidad de la humanidad, su respuesta es: «Mucho». Incluso he sido feliz. Ella y yo podríamos haber dicho lo mismo. […]

Esta armonía que presidía nuestra vida en común no evitaba, afortunadamente, los puntos de desacuerdo. Su inteligencia la llevó a formarse una opinión propia sobre todo y a ser capaz de argumentar con gran habilidad. Cuando a veces nos enzarzábamos en una discusión acalorada, me decía llena de alegría: «Somos una pareja única». […]

Milly participó plena, concreta y útilmente en las diversas luchas y logros del proletariado judío en Inglaterra. También estuvo presente en todas las reuniones internacionales que se celebraron en Londres en aquella época. Durante la gran huelga de los estibadores londinenses, desarrolló una intensa y notable actividad de solidaridad militante al organizar, junto con otras mujeres, el cuidado de los hijos de los huelguistas. Más tarde, viviendo en Alemania, encontró su espacio natural de actividad en la FAUD y contribuyó a la fundación del «Syndikalistischen Frauen-Bundes», organización que estuvo representada en todos los congresos de la FAUD y prestó grandes servicios al movimiento sindical revolucionario en Alemania.

Como en otras ocasiones difíciles, Milly demostró valor al no renunciar a sus opiniones durante la Primera Guerra Mundial. Cuando se promulgó el decreto que daba a los inmigrantes rusos en Inglaterra la opción de alistarse en el ejército o ser deportados, participó en todas las protestas y acabó siendo encarcelada. Poco después de su detención, el abogado de oficio informó a la comisión de que intentaría exculparla de la acusación, sin molestarse siquiera en pedirle su opinión. Cuando Milly se enteró de las intenciones de su abogado durante el juicio, dijo:

«Agradezco a mi abogado todo lo que hace, pero creo que, en las circunstancias actuales, una declaración clara de mis convicciones más íntimas es desproporcionada en relación con las consecuencias que puede acarrear, pues sólo la voz de la conciencia decide lo que está bien y lo que está mal».

Esta declaración le valió dos años y medio de prisión, aunque sus jueces cedieron a su valor.

Dos personas a las que la vida une tan armoniosamente y que han estado asociadas durante tantos años, acaban fusionándose. Este fue, efectivamente, nuestro caso. Siempre que hablamos de uno, pensamos en el otro. Éramos, como decía nuestro amigo español Tarrida del Mármol, «una pareja romántica». […]

Durante los últimos diez meses de su vida cayó enferma con frecuencia, y luego se recuperó, pero sus fuerzas fueron disminuyendo visiblemente. El médico vino a casa más a menudo que en el pasado, pero cuando las cosas mejoraron, volvimos a tener esperanzas. En los últimos meses de su vida le molestaban mucho las dificultades respiratorias y tenía una esclerosis de la arteria coronaria. Tengo la impresión de que vio venir la sombra de la muerte, pero ocultó su estado para no preocuparnos. Ella era así. […]

Las últimas dos semanas fueron una agonía. Su respiración era cada vez más dificultosa y la noche anterior a su muerte tuvimos que llevarla al hospital de Peekskill. Podía sentir que se iba; sentía que mi corazón se paralizaba. Cuando Fermín, Polly y yo la visitamos al día siguiente, la encontramos con una tienda de oxígeno. Cuando nos vio, sonrió y nos pidió que levantáramos la cortina para darnos un tierno abrazo. Al ver a Fermín abatido, le dijo: «¿Por qué estás triste, querido? No te preocupes». Entonces me rodeó el cuello con sus brazos y dijo, con voz débil pero clara: «Lucharé hasta el final, mi amor». Exhausta, apoyó la cabeza en la almohada y sus ojos se cerraron lentamente. Salimos de la habitación en silencio, dejándola descansar. Cuando volvimos dos horas después, estaba en la misma posición, pero ya inconsciente. El médico nos dijo que su pulso disminuía rápidamente. Una hora más tarde, exhaló su último aliento. Murió el 23 de noviembre y fue incinerada el 27 de noviembre. […]

La noticia de su muerte se difundió rápidamente. De todos los rincones del mundo recibí mensajes de viejos amigos, de grupos libertarios, de sindicatos y de otras organizaciones. Se dijeron hermosas palabras sobre ella, tan hermosas que actuaron como un bálsamo en esta herida que no se cerrará durante mucho tiempo. Me alegro de tener unos amigos tan fieles que han podido aliviar, en este doloroso período de mi vida, este sentimiento de abandono, de soledad que me ha causado la muerte de Milly. A todos ellos, sin embargo, les pido que no se preocupen por mí. No estoy desesperado ni moralmente roto, y me enfrentaré al destino como siempre lo he hecho. Uno de esos amigos, conociendo bien la naturaleza de la relación entre Milly y yo, me escribió en aquellos días: «Habéis vivido el uno para el otro tan intensamente que nada puede romper ese vínculo. Siento estas palabras en mi corazón.

Si me veo obligado a seguir mi propio camino, la presencia de Milly seguirá inspirándome. Como siempre. A lo largo de su vida, participó en mis luchas y me apoyó calurosamente en mi trabajo. Poco antes de su muerte, un día en que yo había vuelto a escribir, me dijo con una sonrisa:

«Para mí, el sonido de tu máquina de escribir es como la música. […]

Milly y yo amábamos la vida. A pesar de la crueldad y la escasez de la época, nos dio una gran felicidad interior, mucha belleza y algunas perspectivas maravillosas. También alejó la monotonía y el aburrimiento de la vida cotidiana de nuestra puerta. Tal vez tenía razón Calderón cuando decía que la vida es un sueño, siendo todo lo que nos sucede fugaz, temporal y sujeto a los eternos cambios del tiempo. Pero es el hombre quien da contenido y forma al sueño. Del mismo modo, puede hacer que sea algo lleno de luz o de pesadilla.

Así que continuaré mi lucha solo a partir de ahora, hasta que caiga el telón. Sé que no he vivido una vida inútil, y por eso no tengo miedo a la muerte. Me siento lo suficientemente fuerte para enfrentarme al destino como lo habría hecho Milly si me hubiera adelantado a ella. […] Y añadiré, por último, que si aporté algo a Milly, ella abrió una puerta en mi corazón que me era desconocida y que, sin ella, quizá nunca se hubiera abierto. A través de esta puerta llegó la luz del sol, la vida feliz y la calma interior, todas las cosas sin las cuales la vida es una caricatura. […] Fue una parte de mi vida, y seguramente la mejor. La muerte me la ha arrebatado, pero no puede impedir que su figura y su rostro sigan viviendo en mí, como un precioso recuerdo de los años pasados, de una época que ya ha desaparecido y que nunca volverá.

Rudolf ROCKER

Notas:

[1] Milly Witkop nació el 1 de marzo de 1877 en Zlotopol (Slotopol, Slatopol), un shtetl de la Zona Residencial, actualmente situado en Ucrania, entre Kiev y Dnepropetrovsk. La comunidad judía de esta ciudad, que contaba con 6.373 personas en 1897, 3.863 en 1926 y 1.047 en 1939, fue destruida por los nazis, que masacraron a 1.200 judíos en la región ocupada de Zlotopol entre el verano de 1941 y el otoño de 1942 (W. Portmann/S. Wolf, «Ja, Ich kommt», p. 3). Wolf, «Ja, Ich kämpfte». Von Revolutionstraümen, ‘Luftmenschen’ und Kindern des Schtetls, Münster, Unrast, 2006, pp. 249-250).

🏴Resistencia libertaria y clandestinidad en Francia 🪖Why Washington wants war on Iran

🏴Lucía Sánchez Saornil, una anarquista y feminista en la Guerra civil española☮️

Art Lubna Initial Caps Font Capital Letter U vector design 35787040 ...na densa y completa biografía sobre Lucía Sánchez Saornil ha sido publicada por Michela Cimbalo, doctora por la Universidad Federico II de Nápoles, gracias a haber obtenido el premio Vinka Kitarovic de la Universidad degli Studi de Boloña2. Después de un primer trabajo realizado sobre la organización anarcofeminista Mujeres Libres3, como explica la autora en la introducción, se apasionó de la figura poliédrica y original de su fundadora y decidió ir adelante con su biografía a pesar de la escasa documentación existente. Su objetivo ha sido reseguir todos los trazos dispersos de la vida y de las múltiples actividades de Lucía Sánchez Saornil. Gracias a la diversificación de documentos utilizados, muchos de ellos inéditos, como los padrones municipales, las actas de nacimiento y de defunción del registro civil, los fascículos judiciales, las fuentes de policía de diversos países, los materiales de organizaciones políticas, la correspondencia con algunas personalidades anarquistas y finalmente los testimonios orales familiares ha podido ir reconstruyendo paso a paso las etapas de esta vida intensa y comprometida.

La historiografía ha profundizado más en la organización Mujeres Libres y en su revista homónima4. Sin embargo, se conoce menos la biografía de sus fundadoras, de la escritora Mercedes Comaposada y de la poeta y escritora Lucía Sánchez Saornil. De la primera todavía se tiene que escribir su biografía, de la segunda gracias a este espléndido trabajo se cubre el vacío historiográfico que todavía existía. Sin embargo, es necesario recordar la aproximación biográfica, realizada anteriormente por la militante y estudiosa del movimiento anarquista Antonia Fontanillas, basada fundamentalmente en testimonios orales, en dónde se añadía una selección de sus artículos publicados en los años treinta5.

El libro inicia con su origen y formación en la Madrid de final del siglo XIX, dónde Lucía nació en diciembre de 1895, en el seno de una familia de inmigrantes campesinos provenientes de un pequeño pueblo, Posal de Gallinas (Valladolid). Segunda de cuatro hermanos, de los que sobrevivieron ella y su hermana menor Concepción. También la madre murió cuando Lucía tenía doce años. Su instrucción fue escasa, como era habitual en las familias desfavorecidas económicamente y aunque pudo frecuentar algún año el instituto de beneficencia “Centro de Hijos de Madrid”, su afán de cultura la llevó a ser una autodidacta. Siguió lecciones de pintura en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, aunque la autora no ha encontrado su inscripción en los registros. A los 18 años empezó a escribir y a publicar sus poesías demostrando su sensibilidad y capacidad literaria. En estos años su tema principal era el amor, el deseo y la pasión, utilizando a menudo el pseudónimo masculino “Luciano de San Saor”. El hecho que alguna vez con la misma poesía publicada en otras revistas firmase con su nombre auténtico lleva a Michela Cimbalo a pensar que Lucía jugase con varias identidades, que usó de forma alternada a lo largo de los años diez y veinte. Una voz poética que deseaba escapar de los géneros definidos y que se presentaba voluntariamente de forma ambigua. Para la autora, la joven Lucía hubiera podido vivir con diversas contradicciones que explican sus dificultades en mostrarse con una identidad definida. Por un lado, era la única mujer en el grupo de artistas de vanguardia del inicio del siglo y la actividad literaria era considerada socialmente masculina. Por otro, vivía una atracción por su propio sexo, tema que tenía que esconder al ser castigado socialmente. Su conflicto con las normas sociales podía llevarla a la dificultad de definir claramente su pertenencia a un género.

La sociedad española después del conflicto de la I Guerra Mundial tenía necesidad de renovación y de cambio, también cultural. El movimiento ultraísta aspiraba a superar la tradición y los valores del pasado, uniendo elementos del futurismo, del dadaísmo, del cubismo y del creacionismo. La incorporación de Lucía a las vanguardias literarias fue activa y entusiasta. Su participación en el movimiento ultraísta ha sido profundizado en el estudio de Rosa Mª Martín Casamitjana6. La revista “Los Quijotes”, en donde colaboraba Lucía, se unió a esta nueva corriente. También la poesía de nuestra protagonista se transformó en este momento, participando en la revista “V-ltra” (1921), que representó una revolución en el panorama de las publicaciones literarias españolas. La extracción proletaria de Lucía la diferenciaba de la mayoría de los escritores, sin embargo no fue un impedimento para conquistar un espacio destacado entre ellos y ser plenamente integrada. En los años treinta, nuestra protagonista se alejó de los ambientes literarios, para dedicarse plenamente a la militancia política. Para ella, los vanguardistas hacían discursos de salón y abstractas elucubraciones intelectuales. Su compromiso con los periódicos anarquistas fue menos literaria y más política. Su pseudónimo masculino fue definitivamente abandonado, prefiriendo utilizar su nombre, aunque la mayoría de veces escribió de forma anónima.

En 1916, con veinte años, había empezado a trabajar en la Compañía Telefónica de Madrid, símbolo de la modernidad y de las nuevas tecnologías. Era una profesión abierta a las mujeres de la clase media, a las “señoritas” y las trabajadoras tenían que vestirse de forma presentable. Según la autora, la encargada le había llamado la atención por no llevar sombrero. El trabajo era duro, sin interrupciones, sin descanso dominical y realizado con una rígida disciplina. Para mejorar las condiciones de trabajo se realizó una reunión sindical en el año 1919, impulsada por los trabajadores telegrafistas varones. Fue la única mujer presente en una reunión de 500 asistentes. A diferencia de otras ciudades las telefonistas madrileñas no se sumaron a la huelga nacional. El dictador Primo de Rivera concedió en monopolio la Compañía Telefónica Nacional de España a la estadunidense International Telephone and Telegraphic (ITT) en 1924, lo que repercutió directamente en el trabajo de las telefonistas. Como explicaba el trabajo de Cristina Borderías7, se hicieron cursos para racionalizar el trabajo e imponer el taylorismo. Cada fase del trabajo –respuesta, diálogo con cliente, establecimiento de conexión- venía controlado por cronómetro, los tiempos venían predefinidos por los técnicos estadunidenses. El resultado repercutía en el salario y las posibilidades de hacer carrera. No se podía alzar la voz, no se podía llegar con retraso, estableciéndose castigos para la trabajadora que osara hacerlo. La sustitución del personal masculino por el femenino era un emblema de modernización y así se presentaba por la nueva compañía. Aunque el salario femenino era la mitad del masculino. A finales de 1926 la red telefónica pasó del sistema manual al automatizado. Se tuvo que preparar al personal con cursos especiales. El ritmo se intensificó y también los castigos. Llegar dos minutos tarde al trabajo significaba dos horas más de trabajo. Las trabajadoras con una edad avanzada no pudieron reciclarse y se produjeron muchos despidos. Se extendió el descontento entre el personal y empezaron las protestas. Las que se significaron fueron despedidas o transferidas a otra ciudad. Lucía fue enviada a trabajar a Valencia en 1927 y finalmente despedida en 1931. Con la proclamación de la República, la CNT promovió una importante huelga de la Telefónica a nivel nacional durante el verano de 1931. El conflicto se transformó en un enfrentamiento entre la CNT y el Gobierno republicano, que se situó abiertamente en defensa de la empresa y clausuró los locales del Sindicato deteniendo a sus militantes. Lucía participó en las protestas siendo detenida en Madrid. La huelga no tuvo el resultado positivo que se esperaba. Nuestra protagonista, como otros trabajadores huelguistas, no fue readmitida hasta 1936 con el inicio de la guerra civil.

Su significación como sindicalista en la Compañía Telefónica le llevó a un progresivo compromiso militante con el sindicato anarcosindicalista y con los periódicos anarquistas que surgieron bajo la legalidad de la República. Trabajó como secretaria administrativa con la Federación Nacional de la Industria Ferroviaria (CNT) en Madrid. También fue nombrada redactora del diario “CNT”, órgano nacional del sindicato en 1933, siendo la única mujer presente. Colaboraba en diversos periódicos anarquistas como “El Libertario” de Madrid, “Solidaridad Obrera” de Barcelona, “Avance marino”, órgano del Sindicato de Pescadores (CNT) del País Vasco. Al mismo tiempo, actuó como oradora y propagandista a cargo del sindicato. La Federación local de CNT de Madrid le encargó actividades de instrucción primaria para trabajadores y trabajadoras a partir de 1933, importante tarea que le marcó en su decisión de organizar formación específicamente femenina y posteriormente en crear la revista y la organización Mujeres Libres.

En las primeras semanas de la Guerra civil, el grupo fundador de la revista “Mujeres Libres”, que ya había publicado tres números, se planteó crear una organización nacional, uniéndose a los grupos femeninos específicos que ya existían en el movimiento anarquista. En Barcelona, el Grupo Cultural Femenino (CNT) existente desde 1935 se transformó en sección local de la organización Mujeres Libres a finales de setiembre de 1936. Pronto se crearon otras secciones en diversas partes del territorio español, hasta contar con 115 grupos y unas 20.000 afiliadas. El objetivo de Mujeres Libres era liberar a la mujer de la subordinación a la cual se veía sometida, como asalariada y como mujer. Esta doble lucha la distinguía de las otras organizaciones femeninas existentes durante la Guerra civil. Centrarse en la instrucción y en la superación del analfabetismo tan presente en las mujeres de aquella época era fundamental. Con este objetivo se crearán Institutos en Madrid, Barcelona y Valencia ofreciendo desde lecciones de educación elemental, científica y humanística hasta preparación profesional y técnica. Lucía multiplicó su actividad no sólo inspirando la nueva organización y la revista, que redactaba con editoriales y artículos casi siempre anónimos sino también continuó con la redacción del diario “CNT”, actuando como repórter de guerra, siguiendo en prima línea el desarrollo del conflicto bélico así como las realizaciones de la revolución, que surgieron paralelamente en la retaguardia transformando la organización social. Recuperó la poesía en este contexto, y con un lenguaje simple y directo dio expresión a los sentimientos y preocupaciones emergentes con la insurrección militar. Como por ejemplo, la poesía titulada “Madrid, Madrid, mi Madrid”, exaltación de la acción de la mujer en la defensa de la capital.

Sus escritos eran agudos y críticos, encarando la defensa del trabajo asalariado femenino en igualdad de condiciones con el masculino y tutelado por las organizaciones de clase. Rechazaba el discurso de la inferioridad de la mujer como explicación para mantener la subordinación femenina. También criticaba la teoría de la diferenciación sexual del médico Gregorio Marañón, en boga en los años treinta, como un determinismo biológico, que tenía como objetivo exaltar la maternidad. Lucía destacó por su manera original de defender la liberación femenina conjuntamente con el anarquismo. Para ella la emancipación de las mujeres sólo se podría hacer realidad a través un proceso de autodeterminación y de transformación social. Por ello defendió la total autonomía femenina, denunciando el sexismo de los compañeros varones. Impulsó, con la ayuda de Mercedes Comaposada, un órgano de prensa femenino independiente, la revista “Mujeres Libres”, escrita sólo por mujeres. La publicación, que vio luz el mes de mayo de 1936, estaba dirigida a aumentar la conciencia política y la instrucción de todas las mujeres españolas en general, no solamente anarquistas

En las primeras semanas de la Guerra civil, el grupo fundador de la revista “Mujeres Libres”, que ya había publicado tres números, se planteó crear una organización nacional, uniéndose a los grupos femeninos específicos que ya existían en el movimiento anarquista. En Barcelona, el Grupo Cultural Femenino (CNT) existente desde 1935 se transformó en sección local de la organización Mujeres Libres a finales de setiembre de 1936. Pronto se crearon otras secciones en diversas partes del territorio español, hasta contar con 115 grupos y unas 20.000 afiliadas. El objetivo de Mujeres Libres era liberar a la mujer de la subordinación a la cual se veía sometida, como asalariada y como mujer. Esta doble lucha la distinguía de las otras organizaciones femeninas existentes durante la Guerra civil. Centrarse en la instrucción y en la superación del analfabetismo tan presente en las mujeres de aquella época era fundamental. Con este objetivo se crearán Institutos en Madrid, Barcelona y Valencia ofreciendo desde lecciones de educación elemental, científica y humanística hasta preparación profesional y técnica. Lucía multiplicó su actividad no sólo inspirando la nueva organización y la revista, que redactaba con editoriales y artículos casi siempre anónimos sino también continuó con la redacción del diario “CNT”, actuando como repórter de guerra, siguiendo en prima línea el desarrollo del conflicto bélico así como las realizaciones de la revolución, que surgieron paralelamente en la retaguardia transformando la organización social. Recuperó la poesía en este contexto, y con un lenguaje simple y directo dio expresión a los sentimientos y preocupaciones emergentes con la insurrección militar. Como por ejemplo, la poesía titulada “Madrid, Madrid, mi Madrid”, exaltación de la acción de la mujer en la defensa de la capital.

A finales de abril de 1937, Lucía se trasladó a vivir a Valencia. Para la autora, este hecho fue un duro contraste con la realidad de Madrid asediada por los franquistas. En esta ciudad se ocupó de la vice dirección de la revista semanal “Umbral”, creada por la CNT nacional en julio de 1937. Era una revista vanguardista por sus ilustraciones, en la que contribuían artistas conocidos como Manuel Monleón, autor de originales fotomontajes. Aquí colaboró con reportajes sobre las colectivizaciones industriales y agrícolas, el trabajo cotidiano en el campo, la Casa de la maternidad de Vélez Rubio (Almería), así como la experiencia pedagógica del CENU en Cataluña con entrevistas a sus protagonistas y acompañado de un abundante aparato fotográfico. En esta ciudad, conoció la que sería la compañera de su vida, América Barroso, “Mery”, secretaria de dirección de la revista “Umbral”. Mery, como su hermana Irene, se dedicaba paralelamente al teatro, recitando obras en apoyo del frente republicano. A partir de este encuentro, Mery se dedicó más al compromiso militante al lado de Lucía colaborando con la organización Mujeres Libres y con Solidaridad Internacional Antifascista (SIA).

Esta última organización fue creada por la CNT a finales de mayo de 1937 para gestionar las ayudas provenientes del extranjero y crear una estructura dedicada a la actividad asistencial y de solidaridad en el territorio republicano. La historiografía no ha estudiado todavía de forma detallada la organización de SIA española a pesar de su importancia. La autora hace una buena aportación de esta etapa bastante desconocida de la biografiada, basada en fuentes originales de los archivos de CNT existentes en la Fundación Anselmo Lorenzo de Madrid. Gracias a ellos sabemos que fueron escogidos tres representantes encargados de llevar a cabo este proyecto. Lucía Sánchez Saornil era una de las elegidas junto a Pedro Herrera (militante de la FAI) y Rafael Monteagudo (de las Juventudes Libertarias). La nueva organización recibió el apoyo inmediato de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), encargándose de recoger ayudas económicas internacionales para la revolución española. SIA venía a ser una organización paralela al Socorro Rojo, influenciada por el Partido comunista, que desarrollaba desde hacía tiempo una importante labor asistencial, distribuyendo víveres, medicinas y otros bienes entre la población. SIA, como remarca la autora, dedicó una atención especial a la creación de colonias infantiles, agrupando los niños refugiados evacuados de zonas de combate o huérfanos de guerra. En enero de 1938, el consejo nacional de SIA se trasladó a Barcelona, en dónde se había instalado el gobierno republicano, por ello Lucía y Mery se establecieron en esta ciudad. Cuando meses más tarde Pedro Herrera dimitió de secretario del consejo general, la CNT propuso a Lucía de ocupar su lugar. Existieron tensiones entre CNT y SIA, cuando el gobierno republicano creó un Comité de Ayuda a España en julio de 1938 y la CNT entró a formar parte desautorizando las funciones de SIA. El conflicto se resolvió gracias a que el nuevo Comité tardó en ser organizado lo que permitió a SIA española continuar con sus contactos. Emma Goldman, uno de los apoyos decididos, creó la sección inglesa de SIA a partir de noviembre de 1937. Otras secciones muy activas fueron las de Suecia, Francia y Estados Unidos, especialmente.

Gracias a la intensa correspondencia que Lucía mantuvo con Emma Goldman y con John Andersson (secretario de la sección sueca y también de la AIT), consultada por la autora y conservada en el Internacional Institute of Social History de Amsterdam, podemos reseguir la actividad de Lucía y de SIA española en los difíciles momentos del final de la guerra. El papel que esta organización tuvo en este momento era un tema muy poco conocido, relevándose esencial al ofrecer un lugar para dormir y alimentación a los prófugos que llegaban en masa. También, en el momento de la caída de Cataluña en manos franquistas, SIA fue fundamental por el esfuerzo realizado ante los refugiados españoles, instalándose en Perpiñán y distribuyendo las ayudas internacionales que recibía entre los internados en los campos de concentración. También ayudó a planificar evasiones, facilitando documentación falsa y dinero para las fugas. Al mismo tiempo, actuó como red de solidaridad y apoyo a militantes perseguidos, que debían vivir en la clandestinidad. En París, Lucía desarrolló su papel de secretaria general, junto con Mateo Baruta y su compañera Cristina Kon, con la protección de la SIA francesa. También publicó en la revista “SIA” francesa, en la sección “España expatriada”, acusando a las democracias europeas de no haber sido más decididos en su ayuda a la República española y de haber contemporizado con el gobierno de Hitler. Con el estallido de la guerra y la invasión de los alemanes en Francia, la policía francesa, colaboracionista de Vichy, persiguió SIA y sus miembros destacados. Lucía y Mery dejaron París, para instalarse en Orleans. Desde esta ciudad continuaron con su trabajo de coordinar a los militantes dispersos y publicaron la revista “España expatriada”, con colaboraciones anónimas dada la difícil situación. Se denunciaban las persecuciones del franquismo y las condiciones extremas de las prisiones. También se daba noticia de las depuraciones realizadas por la administración y los fusilamientos de miles de republicanos. Ante el rápido avance de las tropas alemanas, escaparon de nuevo y se instalaron en Montauban, donde se instauró también una parte del régimen de Vichy.

En esta centro Lucía y Mery vivieron aproximadamente un año y medio. La documentación policial recogida por la autora, demuestra que fueron vigiladas por la policía de Vichy por actividades subversivas y finalmente detenidas. También lo fueron todos los militantes colaboradores de su entorno. En la primavera de 1942 las dos militantes decidieron volver a España, escapando de las investigaciones policiales. Pasaron la frontera con documentos falsos. Se instalaron en Madrid con la familia de Lucía, el padre y la hermana. Gracias a las fuentes usadas por Cimbalo, sabemos que sobrevivieron haciendo diversos trabajos a domicilio, como por ejemplo confeccionando redecillas para el pelo. Arriesgaban la vida en todo momento, ya que podían ser denunciadas por sus actividades anteriores. Sin embargo, no entraron en clandestinidad con documentos falsos. Lucía era la cabeza de la familia y se encontraba a cargo de sus familiares. Durante estos años, hizo una vida sin exponerse públicamente, aunque según testimonios orales volvió a conectar con personas de confianza para reprender la actividad política. Se planteó una reorganización de Mujeres Libres con fines asistenciales y de solidaridad, para ayudar a los detenidos, a sus familias y a los perseguidos. Alguna de las promotoras fue detenida por lo que los grupos se formaban y deshacían frecuentemente. Como señala Ángel Herrerín López el sindicato anarcosindicalista reorganizado, tuvo un notable crecimiento entre 1945 y 19478. A finales de 1947, la policía detuvo a los componentes del Comité nacional, a los de la tipografía clandestina en donde se publicaban los periódicos y se hizo con los archivos de la organización. La CNT decidió trasladar la sede de sus publicaciones a Valencia, estableciéndose en esta ciudad. También Lucía y Mery abandonaron Madrid a principios de 1948 con toda la familia Sánchez Saornil y se trasladaron a Valencia, dónde vivía la familia de Mery.

La situación no era fácil tampoco en esta ciudad. Dos hermanos de Mery Barroso habían sido detenidos y encarcelados. Para sobrevivir tuvieron que inventarse un trabajo de representantes de géneros de punto, que revendían a los negocios. También realizaron trabajos de colaboración doméstica. Hasta los años cincuenta no estabilizaron el sustento. Mery, que había nacido en Argentina, comenzó a trabajar como administrativa en el Consulado de este país y Lucía desarrolló su capacidad pictórica y empezó a pintar abanicos y baldosas de cerámica, así como cuadros por encargo. Gracias al testimonio oral de la familia Barroso, sabemos que Lucía fue aceptada por la familia de Mery como una más, aunque su relación sentimental se mantuvo en la clandestinidad. Cimbalo contextualiza cómo la homosexualidad era condenada socialmente, siendo además un delito penal perseguido por el franquismo.

En Valencia, Lucía retomó sus contactos con grupos de artistas e intelectuales que se reunían periódicamente en su casa. También con algunas compañeras de Mujeres Libres de esta ciudad, que había frecuentado durante la guerra. El estudio pormenorizado conducido por la autora, tiene que aceptar el hecho que no se conoce si tuvo actividad política clandestina en estos años. Volvió a escribir poesía como expresión intima de sus profundas reflexiones. En 1955 publicó en “Estrofa”, una revista de Burgos, la poesía “Quiero en mi ley cumplirme”, con una clara afirmación de libertad y rechazo a las imposiciones externas. También dejó inédito un libro de poesías titulado “Siempre puede volver la esperanza”, que recogían el estado de ánimo de sus últimos años. Era consciente de la derrota política pero al mismo tiempo demostraba una fe inquebrantable en sus propios ideales y sueños. Nos refiere Cimbalo que con cierta tristeza Lucía se daba cuenta de su aislamiento, mientras fuera de su entorno la vida continuaba y nuevas esperanzas nacían para otras generaciones. Lucía Sánchez Saornil murió en junio de 1970 en Valencia con 74 años. En su tumba Mery hizo escribir un fragmento de una de sus poesías: “pero… ¿es verdad que la esperanza ha muerto?”. En esta poesía ella misma daba una respuesta vital y positiva:

“Vuela, volamos,

¿Hacia donde?/

¡Oh! No importa, no importa./

El mundo es todavía hermoso.

¡Siempre puede volver la esperanza!”9.

En conclusión, nos encontramos ante un estudio detallado, en dónde Michela Cimbalo ha descrito con mucha atención las diversas etapas vitales de esta importante militante anarcofeminista, que unió el ideal político a la poesía, la instrucción a la solidaridad dentro y fuera del movimiento anarquista. Se puede afirmar con tranquilidad que este libro, que esperamos se traduzca pronto al castellano, representa un auténtico avance en la historiografía sobre la participación femenina en el movimiento anarquista y sobre el importante papel de una de sus más significativas militantes, que quiso estar siempre en la sombra rechazando el protagonismo personal a favor de una acción colectiva y paritaria.

☮️Alemania y el espejo USA del rechazo a la «mili»🏳️

☮️No a las bases militares de EEUU ni en Guantánamo ni en América Latina

📖Kropotkin,el dolor y la amargura de la literatura rusa🏴

Ana Muiña
Editora, diseñadora gráfica, escritora e investigadora de Historia social y movimientos feministas

«La vida de Verlaine y la del príncipe Kropotkin son las más perfectas que he encontrado en la esfera de mi experiencia. Los dos han pasado años en las prisiones; el primero, el único poeta cristiano desde Dante, y el segundo, un hombre con el alma de ese bello y límpido Cristo que Rusia parece habernos enviado»

Oscar Wilde, De profundis, la epístola que escribió a su amado Alfred Douglas en 1897 desde la prisión, encarcelado por su homosexualidad.

Floral letter S svg, Initial letter S with flower, Monogram alphabet ...in duda, la faceta más conocida de Piotr Kropotkin es la de pensador anarquista, con sus brillantes aportaciones en torno al comunismo libertario, considerado «el padre del anarquismo comunista», sus ideas federalistas y sus teorías sobre las revoluciones, incidiendo en la descentralización y «en las necesidades reales y las posibilidades locales». El escritor revolucionario lituano Alexander Berkman afirmaría: «Kropotkin enfatizó particularmente el lado constructivo de las revoluciones, y especialmente que la organización de la vida económica debe ser tratada como la primera y mayor necesidad de una revolución, como el fundamento de su existencia y desarrollo»1.

Kropotkin, una de las primeras celebridades del mundo en su época, fue admirado de igual modo, particularmente en Inglaterra, Canadá y Estados Unidos, por su labor de sabio y científico. Geógrafo, topógrafo, naturalista, zoólogo, matemático, sociólogo, viajero, explorador… Su original método, derivado del estudio de las ciencias naturales y de la ética, que, a lo largo de su vida, fue concibiendo para interpretar el mundo le otorgó una herramienta de análisis de la realidad social, donde toda conclusión filosófica y científica debe ser verificada en la práctica. Su amor por la Naturaleza le hizo respetar e incorporar a sus investigaciones a todas las formas de vida. Consideró a la especie humana como parte integrante de la Naturaleza, y a las actividades que realizamos, como funciones naturales. Fundó una filosofía sintética que abarcara todos los hechos de la naturaleza, incluida la vida de las sociedades humanas y sus problemas económicos y morales. En opinión de Murray Bookchin, el historiador e investigador ecologista, la aportación pionera a la ecología social de Kropotkin «iba a enriquecer el anarquismo con un acervo de tradiciones históricas, una visión sorprendentemente pragmática de las alternativas tecnológicas y sociales que ofrece este ideal, y un enfoque creativo inspirado principalmente en los escritos de Robert Owen y de Charles Fourier».

La historia de los movimientos populares y literarios rusos.

Gran conocedor de la historia popular y literaria eslava, Kropotkin ha sido muy apreciado en Occidente como uno de los mejores especialistas en literatura rusa – hasta su muerte en 1921 – por su visión polifacética del vasto país donde nació. Tolstói le llamaba «el hombre erudito» y no le faltaba razón.

En marzo de 1901, fue invitado por el Instituto Lowell de Boston a dar una serie de conferencias sobre la literatura rusa. Era su segunda o tercera gira americana, antes había estado, según Alexander Berkman, en 1890, y también en 1897 viajó a América del Norte por medio de la Sociedad Inglesa para el Avance de la Ciencia, que celebraba una reunión en Toronto, Canadá. Para este nuevo viaje había una gran expectación, con miles de asistentes en sus encuentros, tanto del movimiento anarquista como de la cultura radical y liberal norteamericana. En Nueva York habló en la Liga de Educación Política, en el Cooper Union ante más de 5.000 personas, y dos veces en un local de la Quinta Avenida. También pronunció discursos en Harvard y en el Wellesley College. Visitó Chicago y dio conferencias en importantes universidades y en el Instituto Lowell de Boston. La gran escritora y teórica Emma Goldman, que le conoció en 1899 en su exilio londinense, escribió a Kropotkin antes de su viaje, comentándole que podía organizarle una serie de conferencias y logró obtener su consentimiento. Todas las lecturas pronunciadas fueron recogidas y publicadas en Nueva York cuatro años después (sospechamos que también con el apoyo de Emma) en un libro bellísimo, La literatura rusa. Los ideales y la realidad, inédito en el Estado español hasta 2014 que fue editado por La linterna sorda. La propia Emma impartía lecturas sobre la literatura rusa en 1916, como crítica literaria en esta materia, en Ann Arbor, ciudad de Michigan, según hemos podido averiguar.

«Las lecciones impartidas sobre el siglo XIX, siglo de potente floración literaria en Rusia, conservan toda su pertinencia, y… su tino. Ocho lecciones magistrales, en las que destacan la contextualización histórico-política que desvela las condiciones en que se movieron los escritores para poder llevar a cabo su labor, la presentación biográfica de cada uno de ellos y la lectura de sus obras más significativas». Iñaki Urdanibia, Lecciones de literatura de Kropotkin.

Los capítulos se presentan siguiendo la cronología y no se ciñe al siglo XIX, sino que toma impulso en tiempos anteriores, los siglos XVII y XVIII, de los que traza una muy interesante genealogía. Así pues, el repaso pormenorizado comienza hurgando en los orígenes e implantación de la lengua rusa, y los primeros textos que narraban y cantaban las leyendas fundadoras del «alma rusa», que eran recopiladas por folcloristas y otros investigadores; la presentación se detiene con detalle en la Edad Media. El peso del nacimiento de la Iglesia ortodoxa y su estrecha unión con el poder de los zares: Pedro I y Catalina II, supuso innumerables cortapisas literarias y culturales. Tras la creciente implantación de una oposición con tendencias liberales, los decembristas, se inicia el desfile de figuras literarias legendarias.

Pushkin y Lermontov son puestos en relación: poesía formal rozando la perfección y poesía ligada a la naturaleza. A Pushkin se compara con Schiller, y con un cierto byronismo; presentando su narración en verso Eugenio Oneguin, que ha servido para la formación de no pocas generaciones; las vanas cuestiones de honor, y de balas acabaron con su vida. Lermontov, que tampoco se libró de los proyectiles del honor, es presentado relacionándolo con Shelley y se subraya la huella que éste dejó en la posteridad con su Un héroe de nuestro tiempo y La hija del capitán.

El siguiente capítulo está dedicado al gran Gógol, que pese a sus avatares existenciales, se subraya su sentido del humor que se plasmó en obras tan destacadas como Almas muertas y otras obras que dejarían honda huella en la posteridad.

De los dos siguientes, los dos escritores más eminentes de Rusia: Turguénev y Tolstói, Kropotkin escribe con sagacidad. En sus descripciones de los diferentes tipos presentes en la sociedad rusa, destaca el retrato de Bazárov, protagonista Padre e hijos. En este libro
se abordaba el fenómeno nihilista, (¡Vnaród!) o naródnik, que significa para el pueblo o ir hacia el pueblo, de aquellos jóvenes que se desplazaban a zonas campesinas con el fin de que el pueblo tomara conciencia. Este gran movimiento, que Turguénev llamó nihilismo, se difundió rápidamente. Se crearon muchas escuelas y un gran número de gentes campesinas acudió a ellas. Los ancianos se sentaron en los bancos con sus nietos e hicieron todo lo posible por aprender. Estaban entusiasmados con aquella gran idea.

  • «Es un nihilista».
  • «¡Qué! », gritó su padre. En cuanto a Paul Petrovich, levantó su cuchillo, en cuyo extremo había un poco de mantequilla, y permaneció inmóvil.
  • «Es un nihilista», repitió Arcadi.
  • «Un nihilista», dijo Nicholas Petrovitch. «Esta palabra debe provenir del latín Nihil, nada, hasta donde puedo juzgar; y por lo tanto significa un hombre que … ¿quién no reconoce nada?».
  • «O más bien que no respeta nada», dijo Paul Petrovitch; y volvió a poner mantequilla en el pan.
  • «Un hombre que mira todo desde un punto de vista crítico», dijo Arcadi.
  • «¿No viene eso a ser lo mismo?», preguntó su tío.
  • «No, en absoluto; un nihilista es una persona que no se inclina ante ninguna autoridad, que no acepta ningún principio sin ser examinado, sin importar la reputación que tenga dicho principio». —Turguénev:  Fathers and Sons.

Del autor de Ana Karénina, se repasan sus escritos autobiográficos iniciales, sus experimentos pedagógicos en Yásnaya Polyana y su ideología de resistencia pasiva y su conversión religiosa a un cristianismo sui generis, y otras cuestiones relacionadas con su vida, y con su muerte. Kropotkin hace un repaso a sus obras magnas: Guerra y paz, Sonata a Kreutzer y Resurrección. El pensador diría en otro momento:

«Simpatizo con la mayor parte de la obra de Tolstói, aunque hay muchas de sus ideas con las que no estoy del todo de acuerdo: su ascetismo, por ejemplo, y su doctrina de la no resistencia. También me parece que se ha comprometido, sin razón ni juicio, a la letra del Nuevo Testamento».

En las siguientes páginas del libro, introduce a Goncharov, Dostoievski y Nekrásov. Goncharov originó una nueva palabra en el diccionario, oblomovismo, que se basaba en su personaje principal de su novela homónima: Oblómov. Dedica unas lúcidas reflexiones al gran, y discutido, poeta Nekrásov; alaba, al tiempo que es considerado como defecto por muchos, su poetizar llano que puede ser leído por cualquier aldeano que supiera leer. Esta comprensión era favorecida además por su temática y los retratos logrados que realizaba, en sus poemas, de gente del pueblo, muy en especial las mujeres. Se detiene en otros prosistas de la misma época, entre las que destacan algunas mujeres: Khvoshchinskaia y Marko Vovchok, seudónimo de Maria Markovich.

Aborda el drama, a los novelistas del pueblo, destacando a Maksim Gorki y sus retratos de gentes desarraigadas; para concluir con una atención especial al cuentista Chéjov, un verdadero adelantado a su época. Se detiene en lo estético y en lo político: TolstóiChernichevski  (autor del influyente ¿Qué hacer?), Belinski, Pisarev, Herzen, Bakunin

Kropotkin apunta sutilmente que Gorki es el último eslabón de esa cadena de genios del dolor y la amargura. El pesimismo eslavo y la angustia humana parecen concluir con Tolstói y Dostoievski. Ciertamente, Gorki era un apasionado de la naturaleza libre en el ser humano. Ese era su ideario y el de sus vagabundos, sus harapientos mendigos, los últimos rebeldes contra la civilización. Para Gorki, la belleza estaba lejos de las convenciones sociales, del vestir bien, de la moral burguesa, porque la auténtica belleza residía en las cualidades primarias humanas, en las no adquiridas. La dignidad estaba en esos seres que la sociedad consideraba innobles. Sus personajes sufrían dolor pero no lloraban. La plasticidad de las descripciones de Gorki sobre la naturaleza nos siguen conmoviendo: «Los libros caían sobre la tierra como copos de nieve, pero su efecto era como chispas de fuego» diría sobre la literatura de su país. Kropotkin también alude a este lirismo. Cita a Malva, cuento pionero feminista escrito en 1897, que produjo gran escándalo por la libertad que desprendía su personaje femenino. El relato arranca así: «El mar reía. Estremeciéndose al sentir el soplo ligero del viento cálido, y se cubría de leves arrugas que reflejaban el sol deslumbrante, riéndose con sus miles de risas plateadas al mirarse en el cielo azul». Y termina: «las olas sonaban alegres, el sol brillaba, el mar reía»… Fue Emma Goldman quien introdujo y tradujo del ruso los primeros cuentos de vagabundos de Gorki en Estados Unidos. Los publicó en su revista Mother Earth, a partir de 1906. En el libro de Gorki, Cuentos de rebeldes y vagabundos, se recoge un artículo de Pío Baroja, entusiasta de su obra y personajes.

«Cuando un lector occidental –afirma Kropotkin en el prefacio de su obra– entra en contacto con la literatura rusa, de ordinario se siente impresionado por su tristeza y por la ausencia de la alegría de la vida, de la felicidad de la existencia. Esta impresión es enteramente acertada. Las persecuciones que sufrieron tanto nuestra literatura como generaciones enteras de “intelectuales” en el siglo XIX, explicaría palmariamente la ausencia de una verdadera alegría de la vida en la literatura rusa».

«En La literatura rusa. Los ideales y la realidad» leemos sobre Lomonósov, cuya vida fue destrozada por la persecución política. Leemos sobre la moral Novikov, a quien Catalina II le condenó a 15 años en una celda secreta en Schusselburg. Leemos sobre Labzin, que escribió contra la corrupción y, en consecuencia, se vio obligado a terminar sus días en el exilio. Leemos sobre Radischeff, el primero en señalar los horrores de la servidumbre, que fue encarcelado, deportado y acabó suicidándose. Leemos sobre el Pushkin que marcó una época y que fue exiliado a Kishinev a los 20 años, y luego a Mikhailovskoye, y que accidentalmente escapó del exilio político permanente en Siberia. Byronic Lermontov fue desterrado al Cáucaso por escribir un poema sobre la muerte de Pushkin. Ryleev, Odoevsky, Shevchenko, Griboyedov, Pisarev, Chernishevsky, sufrieron martirios brutales. Leemos sobre el brillante y poético Polezhaev, que fue enviado al cuartel del Ejercito en el Caúcaso, cuando era menor y murió allí por tuberculosis y por los latigazos que sufrió. Leemos sobre el popular novelista Bestúzhev, que fue exiliado a Siberia y luego enviado al Cáucaso como soldado. Leemos sobre el gran Gógol que sufrió a manos de la censura. Leemos sobre Turguénev, quien fue arrestado y exiliado a sus lejanas propiedades por escribir una breve nota necrológica de Gógol. De no haber sido por sus influyentes amigos, habría ido a Siberia. Leemos sobre Tolstói, cuyo excelente experimento educativo fue abolido violentamente por el Gobierno, enfureciendo tanto a este hombre extraordinario que directamente advirtió a Alejandro II que él mismo dispararía al primer policía que se atreviera de nuevo a entrar en su casa. Leemos sobre el nervioso Dostoievski que sin ningún motivo fue condenado a muerte, llevado a la horca, indultado allí, condenado a trabajos forzados, encarcelado, exiliado, privado de su trabajo literario, golpeado con el gato de nueve colas [látigo], torturado de mil maneras, año tras año, hasta convertirse en un despojo físico y mental. En toda la historia de la raza humana, desde el día en que el hombre primitivo vagó por los bosques indómitos, y golpeándose con el dedo del pie desnudo contra una raíz, se postró para adorarla, para aplacarla, para apaciguarla, hasta el momento científico en que un biólogo como Haeckel negó absolutamente la existencia de Dios y del alma, no ha habido nada más horriblemente cruel que el tratamiento zarista que el Gobierno ruso le dio al joven talentoso que produjo una obra a los 20 años que hizo que Nekrasov gritara a Belinsky, “¡Nos ha nacido un nuevo Gógol!”. Leemos sobre Plescheev, que fue enviado como soldado a la región de Orenburg y soportó la persecución durante años. Mikhail Mikhailov, uno de los colaboradores más valiosos del Sovremennik (The Contemporary), una maravillosa publicación periódica que cuenta entre sus colaboradores, Chernishevsky, Dobrolubov, Tolstói, Nekrasov, fue condenado a trabajos forzados en Siberia, donde pronto murió. Leemos sobre Ostrovsky, el padre del drama ruso, que fue puesto bajo supervisión policial como sospechoso. Leemos sobre el amoroso Levitov, “una flor pura de las estepas rusas”, que, siendo estudiante, fue exiliado al lejano norte y luego trasladado a Vologda, donde se vio obligado a vivir en completo aislamiento de todo lo intelectual y en una pobreza espantosa al borde del hambre. Leemos sobre Petropavlovsky, quien pronto fue exiliado al gobierno siberiano de Tobolsk, donde estuvo retenido durante muchos años y del cual fue liberado sólo para morir poco después por tisis. Leemos sobre Saltykoff (Schedrin), el más grande de los satíricos, que estuvo exiliado durante varios años en la miserable ciudad provincial de Vyatka. Leemos acerca de Belinsky, el mayor de los críticos, que afortunadamente murió lo suficientemente joven para escapar de la fortaleza de las mazmorras. Cuando agonizaba, un agente de la policía estatal lo llamaba de vez en cuando para saber si seguía vivo. Si se hubiera recuperado, habría sido transferido a la fortaleza de Pedro y Pablo. Leemos sobre la persecución de Palm y Potyekhin; de los años que Melshin, Korolenko, Zasodimsky, Elpatievsky, etc., pasaron en el exilio. En la Rusia de los Románov, apenas un solo escritor de valor ha escapado del encarcelamiento o el destierro.

«Eran personas de gran cerebro cuya misión era elevar a una nación. Si los Catherine, Nicholas y Alexanders hubieran sido menos poderosos, Rusia no sería ahora la mancha más sucia en nuestra tierra sembrada de cráneos». Victor Robinson, Comrade Kropotkin, 1908.

Sofia Ananiev, el Museo Kropotkin y las reminiscencias de su memoria.

Es preciso rescatar del olvido a la compañera de toda la vida de Kropótkin, la bióloga, conferenciante y escritora Sofia Ananiev (Kiev, 1856-Moscú, 1938). Se sumó a las filas nihilistas siendo una adolescente. Sasha Kropotkin Ananiev, la hija de la pareja, así les recordaba en 1921:

«Sofia, mi madre, en realidad es ucraniana. Nació en Kiev en 1856. Es de ascendencia judía, si bien sus rasgos muestran un considerable porcentaje de sangre eslava. Su familia era rica. Ella tenía cinco años cuando se trasladaron a Tomsk, una ciudad siberiana, a 500 km. de la frontera con Mongolia, donde su padre pasó a explotar una mina de oro. A la edad de 17 años se rebeló contra la dura condición a que estaban sometidos los mineros. Se negó a vivir del dinero familiar, ganado con el trabajo de aquellos, y abandonó su casa para ganarse la vida por sí misma. Tras unos años de trabajo duro y privaciones, le falló la salud, y sus amigos la enviaron a Suiza. Poco después conocería a mi padre y se casarían».

Sofia Ananiev, de radicales convicciones políticas en su juventud –según apuntaba Emma Goldman– pasó a dedicarse por entero a colaborar en la obra de Kropotkin. De cultura sobresaliente, ejercía una severa crítica y revisión sobre lo que escribía su compañero. Son varios los estudios que afirman que la pulcritud estilística de Kropotkin se debe, en buena medida, a ella. Sofia, a partir de 1897 comenzó a reemplazarlo como conferenciante, cuando la salud de Piotr se deterioraba. Los temas de sus disertaciones abarcaban desde la situación de las mujeres en Rusia, a la química y la botánica; también escribía artículos para las más prestigiosas publicaciones: Nature, The Nineteenth Century, View Magazine, Liberty, Freedom, The Contemporary Review… Estas actividades ayudaron a la familia a superar los numerosos momentos de aguda dificultad económica.

A la muerte del escritor en 1921, Sofia pasó a vivir en el palacio natal de Kropotkin en Moscú que perteneció a su madre, Ekaterina Sulima, y fuera construido para su abuela paterna, la princesa Gagarina. Uno de este conjunto de edificios que ocupa toda una manzana, aunque se conserva parcialmente porque tenía una basta extensión desaparecida después de 1917, fue convertido en un museo. El 9 de diciembre de 1922 se inauguró el «Museo Kropotkin, para todas las ramas de la ciencia y la literatura» cuyo responsable fue Nikolai Lebedev (o Lébédeff) y la presidencia recayó sobre Sofia y sobre Vera Figner. Los fondos para fundarlo fueron enviados de todo el mundo. En Inglaterra, Bernard Shaw y H. G. Wells crearon un «Comité para la Promoción del Museo Kropotkin». Gracias a su ayuda,
lograron llevar de Londres a Moscú la gran biblioteca personal y el archivo de Kropotkin. En 1928, el museo ya poseía una gran exposición de 7 salas y varias bibliotecas. Una de las habitaciones reproducía su gabinete londinense. A la muerte de Sofia en 1938, Stalin clausuró el museo.

Revisando la correspondencia de Sofia hemos podido comprobar que dicho museo estaba situado en el camino o carretera Kropotkinskiy, 26, (Кропоткинский переулок) dirección que todavía hoy día se conserva en recuerdo de Kropotkin, y que en la actualidad alberga a
la embajada de Palestina, en uno de sus edificios, donde se aprecia la placa de bronce que el escultor S. Merkurov realizó retratando al revolucionario.

Las reminiscencias de la memoria de Kropotkin en su ciudad natal son escasas. Su implacable crítica a la deriva bolchevique ha tenido mucho que ver. «Ahora, la revolución no se ha realizado», afirmaba el pensador en 1920. Por mi parte, lo pude comprobar cuando visité esta ciudad en 1991, a los 70 años de su fallecimiento. Pocas alusiones y recuerdos a su figura, a excepción de algunas calles y de la espectacular estación de Metro Kropotkinskaya, con columnas de granito y mármol blanco que evocan los antiguos templos egipcios. Fue planeada en honor a Kropotkin y, originalmente, para servir de comunicación al enorme Palacio de los Soviets que iba a levantarse en el solar de la demolida Catedral de Cristo Salvador, proyecto más tarde abandonado. Kropotkinskaya está en la línea metropolitana más antigua, que pasa por el centro histórico de Moscú, cerca de la casa museo de Pushkin, de la plaza Roja, de la casa museo de Tolstói, la casa de dos torres cilíndricas de los arquitectos constructivistas Konstantin y Viktor Melnikov

Dicha estación está ubicada en los alrededores del barrio donde pasó los primeros años de su vida. En esta amplia y bellísima zona se sitúa también el Cementerio de Novodévichi, donde Kropotkin quiso ser enterrado junto a sus amigos escritores y artistas (Chéjov, Gógol, Ogariov, Isaak Levitán, y donde Gorki expresamente pidió estar, aunque Stalin contravino su última voluntad…) El cementerio está en el borde de un lago que se extiende hasta el recinto amurallado del monasterio y conventos de Novodévichi. Es el lago que inspiró a Tchaikovsky en su composición del ballet el Lago de los Cisnes.

Para recordar el centenario de su muerte, el cortejo fúnebre que acompañó al féretro de Kropotkin hasta Novodévichi, de más de 200.000 personas, estaba compuesto por sus viejas amistades, revolucionarios de todas las tendencias. El brillante sol de invierno, del
que hablaba Emma Goldman al describir ese día, iluminaba los estandartes escarlatas que portaban las gentes anarquistas, haciendo resplandecer la consigna que llevaban bordada, que Kropotkin defendió toda su vida y sigue tan vigente:

«¡Dónde hay autoridad, no hay libertad!».

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📖Entre el sol y la tormenta de Sara Berenguer☮️

Memoria de la Guerra Civil española

HELENA LÓPEZ
University of Bath

En este artículo pretendo analizar dos cuestiones en relación con las memorias de guerra de la militante anarquista Sara Berenguer. En primer lugar, quiero atender a las estrategias discursivas (clase, género, sexualidad) de construcción de la subjetividad en este texto. Además, me interesa indagar cómo estos discursos se interseccionan con la posición espacio-temporal (tiempo de la memoria y tiempo-espacio del exilio) del sujeto autobiográfico. Mi objetivo principal es proponer una problematización de los conceptos de «memoria colectiva» y de «experiencia femenina» y reivindicar, por lo tanto, la relevancia tanto teórica como política de análisis críticos basados en narrativas personales.

Download M, Letter, Font. Royalty-Free Stock Illustration Image - Pixabaye interesa explorar, en las páginas que siguen, dos cuestiones fundamentales en relación con las memorias de guerra de la militante anarquista catalana Sara Berenguer (Este artículo es una revisión del trabajo que presenté en Valencia, en abril de 2005, en el Congreso de la Association of Hispanists of Great Britain and Ireland). En primer lugar, cómo este relato en primera persona se construye a partir de la intersección de diferentes discursos de género, sexualidad y clase. Además, creo que es productivo indagar cómo la articulación de estos ejes identitarios se ve a su vez afectada por una doble posición del sujeto: temporal –el tiempo de la memoria– y espacio-temporal –el lugar y el tiempo del exilio, que Mari Paz Balibrea ha teorizado como «un cronotopo de crisis» (2005: 6).
De manera que mi intención principal es identificar cómo la combinatoria de diferentes variables produce una posición-sujeto específica y no otra, en la medida en que una alteración en la situación de esas variables produciría otro tipo de efectos. Creo que este punto de vista tiene consecuencias teóricas y políticas relevantes que intentaré resumir brevemente al final de mi trabajo.

Sara Berenguer se exilia en Francia a finales de enero de 1939 con tan sólo veinte años, y es en ese país donde ha vivido hasta la fecha. Redacta sus memorias de la guerra civil en 1976, 37 años después del fin del conflicto bélico, y aparecen publicadas en España en 1988.

Berenguer sitúa su texto, desde la introducción, en una tradición autobiográfica cuyas convenciones revisita en función de su género y de su clase: «Mi léxico será restringido y, a buen seguro, carente de estilo. Sólo fui a la escuela hasta los doce años» (2004: 13). Y continúa disculpando tanto la falta de precisión histórica como de sofisticación argumentativa de su escritura. Es muy interesante notar cómo este ejercicio de modestia intelectual aparece también en la primera página de Memoria de la melancolía de María Teresa León: «Lo cierto es que todo lo que estoy escribiendo no tiene deseo ni de perfección ni de verdad» (1998: 69). Sin embargo, el sentido de la declaración de Berenguer y de León es muy distinto precisamente porque la articulación de género y clase en cada una de ellas las coloca en dos lugares de enunciación diferentes. De hecho, se trata de dos autobiografías muy distintas. León, al contrario que Berenguer, provenía de una familia burguesa. En los años treinta era ya una intelectual comunista muy activa en la vida pública española que, al narrar mucho tiempo después su trayectoria personal y política, sí presenta sus memorias como un ejercicio de estilo. La diferente textualización de estas dos narrativas supone, por lo tanto, la adscripción a campos culturales distintos. Esta divergencia pone seriamente en cuestión el recurso a la categoría «mujer» en un sentido simple que, además, corre el riesgo de esencializar la experiencia de género.

Berenguer, a pesar de las condiciones identitarias que acabo de señalar, accede a ese espacio de expresión que es la autobiografía. Una de las razones de esto, que Berenguer no señala y en la que no me voy a detener, tiene que ver con políticas culturales en España durante la transición y desde mediados de los años 90 a raíz de cierto boom de la memoria republicana y el exilio (López, 2004; Naharro Calderón, 2005). Pero hay dos razones de tipo interno que hacen posible la autorrepresentación y que, ahora sí, Berenguer hace centrales de sus memorias. En primer lugar, una visión de los procesos revolucionarios como oportunidades para una transformación simbólica radical, y en segundo lugar, una concepción del exilio como un espacio ambiguo de privación, pero también de continuidad del proyecto de cambio social iniciado en los años 30 en España. Es muy productivo pensar en la relación que la exiliada establece con un nuevo estado-nación. En el caso de Berenguer, esta relación evidencia muchas tensiones entre aspectos muy problemáticos de la historia política y social de Francia (actitudes durante y después de la guerra civil, la II guerra mundial y la resistencia o la cuestión colonial) y fantasías de la propia autora en torno a Francia como antagonista democrático de la dictadura en España.

A continuación voy a detenerme en algunas cuestiones relativas al papel de la revolución en el recuerdo de Berenguer. Hay que subrayar que en estas memorias el período del 36 al 39 es referido recurrentemente como «revolución» y no como «guerra». Es cierto
que al menos desde la primera guerra mundial y hasta hoy existe una abundante evidencia del papel «liberador» para las mujeres de las guerras (Gilbert, 1983). Para el caso español había un componente esencial, añadido a las condiciones propicias al cambio social que promueve todo conflicto violento, y que Berenguer enfatiza insistentemente. Este componente tiene que ver con dos visiones antagónicas del combate a la insurrección militar de julio de 1936: la revolucionaria y la contrarevolucionaria. Para anarquistas, comunistas disidentes y cierto sector socialista, la resistencia antifascista no era un fin en sí mismo. Se trataba en realidad de la última fase de la lucha de clases que debería conducir, a través de un proceso revolucionario, a la liquidación definitiva del poder burgués.

A lo largo de sus memorias, Sara Berenguer, militante desde julio de 1936 en la CNT, suscribe plenamente la visión revolucionaria de la guerra civil. En julio de 1936, Berenguer tiene 17 años, y es su padre, militante anarquista, quien la lleva al comité revolucionario del barrio barcelonés de Les Corts. Durante tres años va a estar muy activamente involucrada en diferentes actividades en la retaguardia vinculadas al movimiento libertario: enfermera, costurera, mecanógrafa, maestra en el ateneo de la Plaza de la Concordia, secretaria del comité regional del Sindicato de la Edificación, miembro de Solidaridad Internacional Antifascista y secretaria de propaganda del comité regional de Cataluña del grupo anarquista Mujeres Libres.

Creo que la simple enumeración de todas estas actividades da cuenta de cómo la excepcionalidad de una situación de guerra por un lado, y por el otro el propio proyecto revolucionario, establecieron una serie de condiciones que acentuaban la problematización, iniciada desigualmente con anterioridad a 1936, de la estricta división entre esferas pública y privada del paradigma de género impuesto por la modernidad. Para Berenguer, entonces, la revolución es un catalizador del cambio social en un contexto de antagonismos fundamentalmente de clase y de género, y sólo posible porque además y en primer lugar contiene una cierta cualidad de revelación. En numerosas ocasiones Berenguer alude a cómo el proceso revolucionario creó en sentido estricto la conciencia de una doble opresión:
como mujer y como trabajadora. El acceso a la educación y la propia dinámica de la revolución visibilizaban, según Berenguer, los mecanismos de dominación de la ideología patriarcal y burguesa:

«Para la mayoría de las mujeres, sumisas e ignorantes, la revolución fue como un estallido de luz que vino a nosotras y nos abrió un camino, que hasta entonces habíamos tenido vedado» (2004: 13). «No éramos cucarachas. Habíamos adquirido un
sentimiento y un sentido racional de lo que éramos, de lo que representábamos y de lo que teníamos que hacer, uniendo nuestros esfuerzos para vencer a los sublevados» (130).

Sin embargo, en esta rememoración del papel de la revolución confluyen conflictivamente distintos discursos. Mary Nash ha trabajado extensamente sobre las limitaciones y contradicciones del discurso de género de la izquierda en los años treinta y sobre cómo a pesar de un realineamiento de la conducta de género durante la guerra civil, éste no amenazaba radicalmente la hegemonía masculina. En este sentido existe en la autobiografía de Berenguer una contradicción entre, por un lado, lo que ella percibe como mujer adulta desde el exilio que ha sido el papel de Mujeres Libres, y su propio relato de actividades en la retaguardia que reproducían roles de género completamente tradicionales. Es obvio que Berenguer, quien en los años 60 de hecho reorganiza con otras compañeras en el exilio Mujeres Libres, es consciente en los años de redacción de su texto de la excepcionalidad de este grupo anarquista que, frente a la postura de todas las fuerzas de izquierda (comunismo libertario incluido), había asumido que la dominación de género era independiente de la lucha de clases. El artículo 1 de los Estatutos de la Federación Nacional de Mujeres Libres declaraba que a la mujer hay que

«emanciparla de la triple esclavitud a que ha estado y sigue estando sometida: esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud de productora» (Berenguer, 2004: 201).

Sin embargo, Berenguer explicita la intervención de las mujeres como una tarea de complementariedad, que no propone una redistribución radical del poder simbólico:

«Si ellos luchaban en primera línea, nosotras, las mujeres, en la retaguardia colaborábamos y participábamos en todos los trabajos que el hombre, nuestro compañero de lucha, tenía que abandonar para incorporarse a filas, donde había que defender nuestra libertad y la República burlada y, en lo que a nosotras concernía, la Revolución» (174).

Creo que además en el relato de Berenguer hay dos cuestiones que ponen de relieve hasta qué punto la crisis de los modelos de género activada por la guerra y la revolución estaba sujeta a las tensiones entre lo que Luisa Passerini denomina «las condiciones del sistema de poder existente y, al mismo tiempo, indicios de novedad y cambio» (1992: 162): La masculinización de la revolución y la reivindicación de la maternidad como un elemento central en la definición de feminidad.

La revolución para Berenguer está fundamentalmente definida por un elemento de valor masculino en oposición a un componente conservador femenino. El papel de la mujer revolucionaria estaría, por lo tanto, determinado por la reapropiación de esa dimensión masculina que, como ya hemos visto, no deja de reproducir el patrón de la diferencia sexual y su asimétrico reparto de poder. La mímesis de aspectos externos de la acción del hombre, y no su cuestionamiento o su subversión simbólica, aparece recurrentemente en estas memorias como evidencia de agencia femenina. De hecho, con frecuencia la actividad revolucionaria se hace equivalente a la figura de su propio padre en contraposición a la actitud conservadora de su madre. En los años 20 y 30 el discurso médico dominante estableció un
esencialismo biológico que, coincidiendo con el discurso de la domesticidad central al sistema de género desde el siglo XIX , convertía la diferencia sexual en la legitimación de la estricta separación entre esfera pública (masculina) y privada (femenina). De hecho ambos discursos, el biosocial y el de la domesticidad, fueron cruciales en la renegociación de espacios impulsada por la progresiva participación de las mujeres en el ámbito público. La polémica sobre el voto de las mujeres durante la II República es un ejemplo de esta situación. Otro de los efectos de esta internalización de la falta de subjetividad política de las mujeres tiene que ver con una casi irreconciliable tensión entre género y generación, en tanto que las madres son vistas por las hijas como reproductoras de valores tradicionales. Ese era
el dictamen de la líder anarquista Federica Montseny en la segunda entrega de su artículo «La mujer, problema del hombre», publicado en la Revista Blanca en febrero de 1927:

«Y, como es natural, esclava ha esclavizado; embrutecedora, ha embrutecido» (Nash, 1975: 76).

La narrativa de Berenguer explica, de una manera muy interesante, las dificultades de compromiso simbólico entre los discursos de género dominantes que acabo de exponer y aquellos sobre sexualidad y género que eran habituales en los círculos libertarios y que, como Mujeres Libres se encargó de señalar, acusaban también muchísimas contradicciones. Por una parte, Berenguer hacía frente a actividades y situaciones que suponían una auténtica redefinición de los roles de género. Por otra, y precisamente por la radical amenaza que esta redefinición suponía para un modelo de género hasta entonces dominante, es comprensible el asomo de preocupaciones en torno a la aceptabilidad social resueltas, a menudo, por el discurso de la decencia y por el de la maternidad.

Voy a detenerme muy brevemente en este último. La cuestión de la aceptabilidad revela, fundamentalmente, ansiedades sobre una disolución excesiva de la identidad de género hegemónica. La reivindicación de la maternidad por Berenguer manifiesta, precisamente, una estrategia de afirmación esencialista frente al riesgo simbólico que representa el cuestionamiento de los patrones de género:

«Ser mujer cautivada por la cultura y adquirir una conciencia libre, no es ni renunciar a la maternidad ni despojarse de su feminidad, ni mucho menos ir contra los intereses morales del hombre. […] El hombre y la mujer deben complementarse. […] Somos diferentes, por eso precisamente debemos complementarnos» (2004: 219-220, 221).

La justificación biológica de la diferencia sexual, que hace de la maternidad el rasgo esencial de su identidad como mujer, convive en el relato de Berenguer, sin embargo, con el derecho al control de natalidad:

Esta hermosa frase [referida a la concepción] tendría todo su sentido poético y amoroso, si esta maternidad fuera en todas circunstancias consciente. El ser humano, hombre o mujer, debe conocer el funcionamiento de su cuerpo y todas las consecuencias
que de sus actos puedan dimanar. La libertad individual no se llega a conseguir si uno no trata de conocer sus reacciones e instintos, controlándose a sí mismo. (220-221).

Berenguer coincide en su visión con el reformismo sexual anarquista y con el movimiento eugénico. Desde luego, la regulación de la maternidad suponía un desafío importantísimo a los valores tradicionales de la Iglesia católica. Hay que señalar, sin embargo, y como se deja sentir en el fragmento de Berenguer que acabo decir, que para los anarquistas el control de la natalidad era una medida sanitaria de prevención de problemas sociales (control de enfermedades hereditarias o infecciosas, de mortalidad) y no un modo de transgredir las convenciones de la sexualidad femenina. Es importante subrayar que, frente a la reformulación esencialista de la sexualidad femenina del reformismo anarquista, Lucía Sánchez Saornil, una de las fundadoras de Mujeres Libres, expresa una de las pocas contestaciones radicales a la teoría de la diferenciación sexual que, a pesar de la revisitación del discurso científico y social, no hacía sino perpetuar un paradigma de identidad de género basado en una desigual distribución de poder. Sánchez Saornil publica su artículo «La cuestión femenina en nuestros medios» en una serie de entregas aparecidas en 1937 en Solidaridad Obrera:

«Por la teoría de la diferenciación, toda la vida psíquica de la mujer está supeditada a un proceso biológico, y tal proceso biológico no es otro que el de la gestación. ‘Nacer, morir, sufrir’, dijimos en un artículo anterior. La ciencia ha venido a modificar los términos sin alterar la esenciade este axioma: ‘nacer, gestar, morir’. Y ahí todo el horizonte femenino». (Nash, 1975: 89).

Como he intentado argumentar, el contexto de conflicto civil iniciado en julio de 1936 y el proceso revolucionario, predominantemente anarquista, que seguiría supusieron, según recuerda Sara Berenguer en sus memorias de esos años, el acceso a espacios que hasta entonces habían sido negados a las mujeres. Esta reapropiación no podía estar exenta, sin embargo, de una compleja negociación discursiva. La memoria de esa pugna simbólica implica, en el relato de Sara Berenguer, una romantización del conflicto que obedece, en mi opinión, a la convergencia de dos tiempos distintos: el espacio-tiempo del exilio, que reconstruye la lucha antifascista según la tipología de «la causa perdida» (Ucelay-da Cal, 2004) y el tiempo de la memoria, en el que una mujer muy joven se ve involucrada en lo que ella
misma denomina «una revolución excitante» (Berenguer, 2004: 19), comprometida con la lucha antifascista y también con un proyecto, y retomo una expresión de Richard Cleminson, más allá de la modernidad de la República de 1931:

«Antes de la guerra jamás había oído hablar o exponer ideas tan claras y que penetraran tan hondamente en mí, por lo que veía un mundo idealizado al que quería fundirme y olvidar los malos ratos pasados» (Berenguer, 2004: 161).

La precisión de Cleminson sobre la propuesta de contra-modernidad burguesa contenida en el anarquismo y que, con todas las contradicciones que he señalado, Berenguer recoge como críticas abiertas a la II República, creo que apunta hacia la necesidad de un análisis de narrativas personales como el que acabo de proponer en este artículo. Y esto en la medida en que la perspectiva microanalítica, al problematizar la misma noción de «memoria colectiva» (Hodgkin y Radstone, 2003: 10-11) y de «experiencia» (Scott, 1999), pone en evidencia las importantes limitaciones teóricas, y muy significativamente políticas, de un vocabulario totalizador y esencializante que no tiene en cuenta la proliferación de los discursos sobre el pasado.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Fuentes primarias

  • Berenguer, Sara (2004), Entre el sol y la tormenta. Revolución, guerra y exilio de una mujer libre, Valencia, L’Eixam Edicions y Fundación Salvador Seguí. [Primera edición de 1988 publicada por Seuba (Barcelona) con el título de Entre el sol y la tormenta. Treinta y dos meses de guerra (1936-1939)].
  • León, María Teresa (1998), Memoria de la melancolía, Madrid, Castalia. [Primera edición de 1970 publicada por Losada (Buenos Aires)].
  • Montseny, Federica (1927), «La mujer, problema del hombre», II. La Revista Blanca, 89. Citado en Nash (1975: 76).
  • Sánchez Saornil, Lucía (1935), «La cuestión femenina en nuestros medios», IV. Solidaridad Obrera. Citado en Nash (1975: 89).

Fuentes secundarias

  • Balibrea, Mari Paz (2005), “Rethinking Spanish Republican Exile. An Introduction”, Journal of Spanish Cultural Studies, 6, 1 (marzo) Special issue on “Rethinking Spanish Republican Exile”, Helena López y Mari Paz Balibrea (eds.): 3-24.
  • Cleminson, Richard (1995), “Beyond Tradition and ‘Modernity’: The Cultural and Sexual Politics of Spanish Anarchism”, Spanish Cultural Studies: An Introduction. The Struggle for Modernity, Helen Graham y Jo Labanyi (eds.), Oxford, Oxford University Press: 116-123.
  • Gilbert, Sandra (1983), “Soldier’s Heart: Literary Men, Literary Women, and the Great War”, Signs: Journal of Women in Culture and Society, 8, 3: 422- 450.
  • Hodgkin, Katharine y Susannah Radstone (eds.) (2003), Contested Pasts. The Politics of Memory, Londres, Routledge.
  • López, Helena (2004), “Exilio, memoria e industrias culturales: esbozo para un debate”. Migraciones y exilios, 5: 25-36.
  • Naharro-Calderón, José María (2005), “Los trenes de la memoria”, Journal of Spanish Cultural Studies, 6, 1 (marzo) Special issue on “Rethinking Spanish Republican Exile”, Helena López y Mari Paz Balibrea (eds.): 101-122.
  • Nash, Mary (1975), «Dos intelectuales anarquistas frente al problema de la mujer: Federica Montseny y Lucía Sánchez Saornil», Convivium, 44, 5: 71-99.
  • — (1999a), Rojas. Las mujeres republicanas en la Guerra Civil, Madrid, Taurus.
    — (1999b), “Un/Contested Identities: Motherhood, Sex Reform and the Modernization of Gender Identity in Early Twentieth-Century Spain”, Constructing Spanish Womanhood. Female Identity in Modern Spain, Victoria L. Enders y Pamela B. Radcliff (eds.), Nueva York, SUNY Press: 25-49.
  • Passerini, Luisa (1992), «Lacerations in the Memory: Women in the Italian Underground Organizations». International Social Movement Research, 4: 161-212.
  • Scott, Joan (1999), “La experiencia como prueba”, Feminismos literarios, Neus Carbonell y Meri Torras (eds.), Madrid, Arco Libros: 77-112.
  • Ucelay-da Cal, Enric (2004), «Lost Causes as a Historical Typology of Reaction: A Spanish Perspective, from Jacobites to Neofascists and Spanish Republicans», Journal of Spanish Cultural Studies , 5, 2: 145-164.

🏴La Agrupación Mujeres Libres☮️

📗libros-libros-libros-8 Lucía Sánchez Saornil: Poeta, periodista y fundadora de Mujeres Libres🏴

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🇮🇷Irán: una perspectiva anarcosindicalista🏴

#Iran ha entrado ahora en su séptimo día de un apagón de comunicaciones casi total, con el incidente ahora con más de 145 horas de duración; la interrupción es una de las más largas registradas y continúa aislando a más de 90 millones de iraníes del mundo exterior.

Letter - Letter El movimiento revolucionario del pueblo de Irán, que se reinició el 28 de diciembre de 2025, se ha encontrado con la increíble violencia del estado islámico-fascista que gobierna la geografía de Irán. Se dice que este horrible crimen ha dejado hasta ahora al menos 12.000 adultos y niños muertos, y es probable que el número de muertos sea mucho mayor.

La realidad es que, por un lado, las personas indefensas con las manos desnudas no pueden enfrentarse a un régimen armado hasta los dientes, y por otro lado, las fuerzas políticas de izquierda, debido al ritmo extremadamente rápido y acelerado del actual movimiento revolucionario, se han quedado muy atrás en la organización radical y práctica de la clase trabajadora y otras capas sociales oprimidas, y lamentablemente hasta ahora no han podido llevar a cabo ninguna acción efectiva.

Las fuerzas políticas de derecha, especialmente los monárquicos y los seguidores violentos y abiertamente fascistas de «Reza Pahlavi», se han vuelto muy activos, y con el fin de tomar el poder, existe la posibilidad de que, por un lado, a través de una alianza con partes del ejército – los Guardias Revolucionarios – los reformistas, y por otro lado, a través de la asistencia político-militar de las fuerzas occidentales, incluyendo los Estados Unidos, Israel y algunos gobiernos europeos, puedan tener éxito en «derrocar» la República Islámica.

Por supuesto, sabemos que prevalecen condiciones extremadamente complejas en el Medio Oriente, incluyendo Irán, y que predecir el futuro cercano es casi imposible o extremadamente difícil. Sin embargo, basándonos en los datos disponibles hasta el momento, podemos preguntarnos:

¿Ocurrirá una guerra de los Estados Unidos e Israel contra el gobierno islámico?

¿Es posible una perspectiva política para Irán y el Medio Oriente?

En cuanto al movimiento de protesta a nivel nacional en Irán, se han publicado numerosos informes y análisis que proporcionan una imagen más clara de la situación actual y posibles desarrollos futuros, aunque la predicción precisa del futuro de Irán y el Medio Oriente en este momento es casi imposible.

La realidad de las protestas y la represión

Desde finales de diciembre de 2025, han comenzado protestas a nivel nacional y hasta ahora se han extendido por las 31 provincias, en algunas áreas enfrentando una violencia de seguridad-militar extremadamente severa.

Los medios internacionales y las redes sociales informan de varios miles de muertes, entre 3.000 y 15.000 personas (adultos y niños), y decenas de miles de detenidos. Sin embargo, las cifras exactas siguen siendo desconocidas e imposibles de verificar debido a un cierre total de internet, una censura severa y información contradictoria, aunque se están realizando intentos de difundir información a través de comunicaciones vía satélite.

El gobierno iraní ha continuado hasta ahora una brutal represión acusando a los manifestantes de ser «terroristas» y alegando interferencia extranjera, incluyendo disparos directos, el uso de munición real y planes para juicios y ejecuciones aceleradas.

Además de las protestas económicas y políticas generalizadas, los informes indican lesiones graves, incluyendo heridas en los ojos y la cabeza por balas y perdigones vivos.

La posibilidad de una intervención militar de EE.UU. e Israel

Hasta la fecha, no se ha producido ningún ataque militar a gran escala de EE.UU. o Israel contra los gobernantes de Irán. Sin embargo, el presidente estadounidense Donald Trump ha advertido que se podrían tomar «acciones más fuertes» si continúan los asesinatos/ejecuciones o la represión severa.

Algunos analistas sugieren que se están discutiendo opciones militares, operaciones cibernéticas, presión económica o herramientas indirectas, pero aún no se ha anunciado ninguna decisión definitiva para un ataque directo.

Los países europeos y los aliados de EE.UU. han rechazado generalmente o abordado con cautela el militarismo directo, confiando más en las sanciones y la presión política.

En respuesta, el gobierno iraní ha amenazado con tomar represalias contra las fuerzas y los intereses de EE.UU. e Israel si les atacan.

  • Colapso total de la legitimidad moral de la «República Islámica».
  • Expansión de la solidaridad horizontal dentro de las familias, vecindarios, entornos educativos y laborales, sin que se hayan formado aún redes autogobernadas a nivel nacional o consejos estables.

Político – Medio Plazo – Tres posibles caminos:

Camino 1:

• Colapso/derrocamiento de arriba hacia abajo a través de una alianza de monárquicos con partes de la Guardia Revolucionaria, el ejército y apoyo occidental.

• Formación de un gobierno autoritario de transición.

• Reproducción del capitalismo: estado, parlamento, nacionalismo, seguridad-policía militar.

• Represión severa de los anarquistas y toda oposición de izquierda bajo la bandera de «restaurar el orden».

Camino 2:

  • Estancamiento de la «Sirianización»:
    • Fragmentación de facto por milicias.
    • Intervención regional.
    • Catástrofe humanitaria.

Camino 3:

• Expansión de la autoorganización y autogestión masivas (poco probable pero históricamente posible), creación de redes federalistas horizontales con consejos democráticos en vecindarios, fábricas y centros educativos.

Económico – Medio Plazo

• Privatización neoliberal con mano de hierro, o economía de guerra-rentista.

• En un escenario emancipador: expropiación del capital importante, economía cooperativa y gestión de la producción basada en consejos.

Social – Medio Plazo

• Crisis de identidad nacional.

• Federalismo y cuestiones étnicas.

• Papel de las mujeres y la juventud en la redefinición de las relaciones de poder.

• Posible ascenso de milicias de derecha o formación de consejos populares.

Desde una perspectiva anarquista, la lucha principal no es solo contra el régimen gobernante, sino contra la lógica misma del estado-nación, las fronteras, los ejércitos, los líderes y todo lo que se considera sagrado.

Escenarios regionales a largo plazo (Oriente Medio)

Tres horizontes:

a) Nuevo orden imperial

  • Hegemonía militar israelí.
  • Estados de seguridad árabes.
  • Irán post-islámico pero militar-nacionalista.
  • Victimización de la clase trabajadora, minorías étnicas y de género/sexuales, refugiados.

b) Caos crónico

  • Guerras civiles recurrentes.
  • Estados fallidos.
  • Mafias militares-religiosas.

c) Horizonte emancipador (anarquista-confederalista) Inspirado por:

  • Comunas de Rojava (Norte y Este de Siria).
  • Federalismo libertario popular.
  • Consejos obreros.
  • Economía cooperativa y solidaria.
  • Abolición del estado-nación.
  • Abolición de los ejércitos permanentes.
  • Igualdad de género.
  • Autogestión ecológica.

Por lo tanto:

  • Irán sin un estado centralizado, con una red de comunas, consejos democráticos y confederaciones libres.
  • Fronteras suavizadas.
  • Reemplazo de los ejércitos permanentes por autodefensa popular.
  • Socialización del capital importante.
  • Separación completa de la religión y el estado del poder político-social.

Conclusión anarcosindicalista

El problema no es simplemente la «caída de la República Islámica», sino si se romperá el ciclo histórico de:

nueva represión → nuevo estado → revolución → nuevo estado

Porque si no se forman consejos reales, si no hay autodefensa popular organizada, si la economía no se autogestiona, si la política no es horizontal — entonces incluso si cae la «República Islámica», solo cambiará la forma de dominación y explotación.

Pero si crecen y se desarrollan redes de solidaridad horizontal, federaciones de consejos, autogestión de la producción y una cultura antiautoritaria, entonces dentro de esta misma catástrofe puede nacer un Irán sin estado, sin líderes, sin ejército y sin capitalismo, libre de patriarcado.

En conclusión: recordemos que en tiempos tan dolorosos y turbulentos, el pensamiento colectivo y la crítica radical de la autoridad misma constituyen una forma de resistencia anarquista.

¡MUJER-VIDA-LIBERTAD!

 

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🏴Carmen Rodríguez Parra. Símbolo del anarquismo granadino🗻

La memorialista Silvia González, con José Peña y Agustín Linares, amplía con esta excelente investigación la biografía de Carmen Rodríguez Parra, conocida como ‘Madre Carmela’, una de las víctimas exhumadas de las fosas de Víznar que ha sido identificada y cuyos restos han sido entregados a sus familiares.

Download C, Letter, Font. Royalty-Free Stock Illustration Image - Pixabayarmen tenía 52 años en 1936, y era madre de dos niñas: Nieves y Carmen. Regentaba, junto a su marido, Antonio López Capel, el local la Taberna Carmela, centro de la vida del anarcosindicalismo granadino. En ella se da refugio y cobijo. Sirve de centro de reunión y se alimenta a quienes lo necesitan.

Los orígenes. La familia Rodríguez Parra

Isabel de la Parra y José Rodríguez se casaron en el año 1883 en la céntrica iglesia del Sagrario de Granada. Tuvieron muchos hijos, a quienes mantenían con la venta de hortalizas del padre y los churros de la madre. Carmen era la mayor de los hermanos de los que sobrevivieron, Angustias, Miguel, Antonio, Trinidad, Rafael, José y María, ya que tres de los niños fallecieron.

Se sabe que Isabel, tras enviudar a finales de siglo, regentaba un pequeño quiosco de buñuelos y churros, a cincuenta metros de la calle Acera del Triunfo. Isabel y su hija Angustias se levantaban a las dos de la mañana para encender el hornillo con el que hacían buñuelos para los soldados del cercano cuartel de la Merced.

Las dos vidas de Carmen

El matrimonio con Francisco Remacho de la Torre

Carmen contrajo matrimonio en la iglesia del Sagrario con Francisco Remacho de la Torre el 31 de diciembre de 1900. Ella tenía dieciséis años y él, treinta. En 1904 vivía con ellos la hermana de Carmen, Trinidad, que tenía ocho años[1]. Tras la muerte de su padre y la difícil situación de su madre, Carmen se hizo cargo de la niña.

Francisco Remacho de la Torre era vocal de la Sociedad de Obreros Ganaderos de Cabreros y Vaqueros «La Opinión». En ella también participaban otros miembros de su familia, como su hermano José, que era vicepresidente[2].

Además, es un convencido republicano que formaba parte de los comités radicales en 1911, siendo vocal del constituido en el distrito del Salvador. Los radicales, reunidos en su sede de Plaza Mariana Pineda, habían decidido apoyar a los diputados provinciales presentados por la conjunción socialista republicana[3].

Entre 1908 y 1909, Francisco Remacho sufre un proceso judicial por el que es procesado tras negarse al recuento de sus cabras por personal de consumos. Estos, junto a la policía local, llegan a perseguirle para quitarle las cabras que conduce por las mañanas[4].

La vida en la taberna Carmela junto a Antonio López Capel

En 1921, vivían en la calle Elvira, número 42. Antonio se había casado en 1904 con Vicenta Guirado Cobos, de Otívar, de la que se había separado. Carmen era viuda de Francisco Remacho. Era un matrimonio de hecho.

En 1922, nació la primera hija del matrimonio, Nieves. Luego, llegó en 1927, Carmen, la segunda hija.

Antonio se queda, en el año 1923, con el servicio de conducción de Granada a sus vías férreas. Los negocios de la familia no se circunscribían solo a la taberna.

A lo largo de los años, la Taberna de Carmela, situada en los números 40-42 de la calle Elvira, fue convirtiéndose en uno de los centros neurálgicos del anarquismo granadino. Es imprescindible el trabajo de Francisco J. Fernández Andújar para conocer la historia de este lugar y sus protagonistas. Andújar ha publicado la única biografía política de Carmen hasta la fecha: “Carmen Rodríguez Parra. Madre Carmela”, aparecida en El Independiente de Granada.

Francisco J. Fernández Andújar recoge en su tesis las palabras que Federica Montseny dedicó a la Taberna de Carmela en su viaje por Andalucía en 1932:

“Después de corretear por Granada, nos dirigimos a casa de Carmela. Es ésta ‘La Tranquilidad’ de Granada. Allí van a tomar café todos los compañeros y allí se encuentran todos, los días festivos normales. En casa de Carmela -excelente mujer que, junto con su marido, es el refugio y el amparo de todos los compañeros que caen en Granada sin recursos- encontramos a la compañera de Donato, aún como embrutecida por el bárbaro golpe sufrido.”

En 1935, el matrimonio decide enviar a Nieves, de 14 años, a Cataluña con José Rodríguez Parra, primo hermano de Carmen, y su hermana Dolores López Guirao. José había vivido en casa de Carmen y Antonio varios años. Posiblemente la situación política a raíz de lo acontecido a finales de 1934, con encarcelamientos masivos y el temor a una posible escalada o acoso policial, que ya sufrieron anteriormente, hicieron decidir a sus padres ponerla a salvo.

El final de Carmela

La situación en la que discurren las elecciones de febrero de 1936 hace que la CNT decida participar en favor del Frente Popular, siendo una de las oficinas electorales del Partido Socialista situada en la calle Elvira, 42. Carmen Rodríguez ejercerá de interventora en la repetición de las elecciones en Granada el 3 de mayo de 1936, siendo una de las primeras interventoras en Granada, y de las poquísimas mujeres que ejercen como tal.

Cuando estalla el golpe de Estado, Carmen fue detenida y trasladada al Convento de San Gregorio. Lo único que salió de aquella prisión fue un pequeño y coqueto bolsito monedero. Su hija Nieves lo guardó con una nota: ”Monedero de mi madre devuelto de la cárcel cuando la iban a matar”.

En «Los últimos días de García Lorca», de Eduardo Molina Fajardo, se dice que:

“También en los primeros momentos hubo un grupo de mujeres, entre las que se encontraban la Zapatera, Agustina González, Carmela de los Pajaritos y dos jóvenes que tenían una pensión en la calle Mesones”.[5]

Su asesinato será narrado por el último secretario general de la CNT, Antonio Morales Guzmán, como un apuñalamiento, según recoge Francisco J. Fernández Andújar.

«¡GRANADINOS, ESPAÑOLES!, NUESTRA MADRE CARMELA, SU CUERPO APUÑALADO, ¡EXIGE JUSTICIA EJEMPLAR!»

Carmen Rodríguez aparece en el Bando del Gobierno Militar de Granada sobre intervención de bienes, publicado en el Boletín Oficial de la Provincia el 23 de octubre de 1936. En él se incluyen a otras mujeres asesinadas en Víznar como Gretel Alder, Milagros Almenara y las hermanas Teresa y Elena Gómez Juárez.

Ese verano, Carmen y Antonio habían enviado a Málaga a su hija Carmen con la familia Rosúa Daza. La familia cree que pudo salir de Málaga y perderse en la Desbandá. Será posteriormente localizada y recogida en Valencia por José Rodríguez Parra y su hijo.

Mientras Nieves, que sigue en Barcelona con José Rodríguez, sufre las consecuencias de uno de los bombardeos y en 1938, se queda parcialmente sorda.

La nueva vida de la familia en Cataluña

Antonio López Capel vivió en Granada hasta el año cuarenta en que solicita un salvoconducto y emigra a Cataluña con sus tres hijas.

El aglutinador de la familia es José Rodríguez Parra, que estaba casado con la primera hija de Antonio López Capel, Dolores. Masón, tiene un expediente de Comunismo y Masonería y sufre los rigores de la represión. Es condenado a una pena de veinte años, pasando varios años en la cárcel.

Nieves López Rodríguez fue la que recibió la cartera de su madre, el último lazo con Carmen. Nunca habló con sus hijos de lo ocurrido, y fue Ángel, tras su muerte, el que descubrió la cartera y los libros de Molina Fajardo y Gibson, en los que hablaba del asesinato de su abuela.

Carmen López Rodríguez transmitió la historia a su hijo, una vez establecida la democracia y volvió a Granada a tratar de encontrar a su madre.

Allí, en la tierra que le acogió, Cataluña, moriría el 27 de diciembre de 1954 Antonio López Capel. Lejos de Granada y sin su Carmela.

[1] Padrón de habitantes de 1904. Fuente Familysearch

[2] La Publicidad, 28 de marzo de 1907

[3] El Noticiero Granadino, 9 de marzo de 1911

[4] La Publicidad, 8 de septiembre de 1908

[5] El testimonio de Joaquín Espigares, recogido en este mismo libro, reduce a tres este grupo, no incluyendo a Carmen Rodríguez. Julián Fernández Bailón dice en su entrevista que las dos jóvenes tenían una pensión en Zacatín, no en Mesones. Se sabe, por el expediente judicial fuera de plazo, que Agustina González fue ejecutada el 15 de agosto de 1936. Lo cierto es que Carmen estaba allí, en el Barranco de Viznar.

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⛏️🏴El anarquista que se convirtió en el primer fusilado🇦🇷🪏

– desaparecido por la dictadura de Uriburu💩

Felipe Pigna

La vida de Joaquín Penina es el relato de un relámpago que cruzó el cielo gris de la injusticia para terminar fundiéndose en el barro de las barrancas del Paraná.

F Letter PNG Transparent Imagesue un hombre de ideas encendidas y manos callosas, cuya existencia se convirtió en el primer capítulo trágico de la represión sistemática en suelo argentino durante el siglo XX.
Penina nació en 1901 en Gironella, un pueblo de la Cataluña profunda donde el murmullo de las fábricas textiles se mezclaba con el eco de las luchas obreras. Desde joven, su espíritu se forjó en el fuego del anarquismo español.
En 1924, huyendo de la dictadura de Primo de Rivera y buscando un horizonte donde sus manos pudieran construir el mundo que soñaba, desembarcó en Buenos Aires.

Entre muros de ladrillos y literatura libertaria

Sin embargo, fue en Rosario, la «Chicago argentina», donde su figura encontraría su destino final. Allí no solo levantaba muros de ladrillo; también construía conciencias. Era un albañil de oficio y un bibliotecario de alma.

Se convirtió en un pilar de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) y se encargaba de distribuir literatura libertaria.

Vivía en una modesta habitación en Salta 1500, rodeado de libros y panfletos. No era un hombre de armas, sino de ideas. Su «artillería» eran los volúmenes de la Editorial Claridad y los periódicos que repartía en las obras en construcción.

El 6 de septiembre de 1930, el general José Félix Uriburu derrocó al gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen, instaurando la «Década Infame». La represión no tardó en descender como una mortaja sobre los movimientos obreros.

En 1930 la dictadura encabezada por Uriburu comenzó a perseguir a los movimientos obreros. / Archivo

El 9 de septiembre, la Policía allanó la casa de Penina. Lo acusaron de distribuir un panfleto que llamaba a la resistencia contra la dictadura. Era el chivo expiatorio ideal: extranjero, anarquista y culto, y su voz podía despertar a los dormidos.
En la madrugada del 11 de septiembre de 1930, Rosario dormía bajo el peso del estado de sitio. Sin juicio previo, sin defensa y bajo el amparo de la ley marcial Penina fue sacado de su celda en la Jefatura de Policía y trasladado en un camión hacia el sur de la ciudad, a las barrancas del arroyo Saladillo.
El entorno era desolador: el río Paraná servía de único testigo. El frío de septiembre calaba los huesos, pero los relatos coinciden en que Joaquín caminó hacia su destino con una serenidad que heló la sangre de sus ejecutores.

Fusilado y desaparecido

El capitán al mando del pelotón, siguiendo el protocolo de las ejecuciones, intentó vendarle los ojos. Penina rechazó el pañuelo: «No necesito vendas. Quiero ver de frente a los que me matan por pedir pan y libertad para mis hermanos».

Mantuvo la mirada fija en los soldados, jóvenes conscriptos que temblaban al sostener sus fusiles ante un hombre cuya arma había sido una biblioteca ambulante.

«¡Viva la Anarquía!», se cuenta que fueron sus últimas palabras.
El cuerpo de Penina fue enterrado clandestinamente como “N.N.” en el Cementerio La Piedad de Rosario, en un intento de borrar su huella. La dictadura quería que el miedo fuera su único epitafio. Sin embargo, los obreros rosarinos, en susurros en las fábricas y obras, empezaron a llamar a ese tramo del río donde lo fusilaron «las barrancas de Joaquín».
Su figura fue rescatada del olvido décadas después, gracias a la investigación de historiadores como Osvaldo Bayer, quien escribió:

«A Penina lo mataron tres veces: con las balas, con el entierro clandestino y con el olvido oficial.

Pero se olvidaron que los mártires tienen la mala costumbre de resucitar en la memoria de los pueblos (…) fue el primer desaparecido-fusilado de la historia argentina contemporánea. Su sacrificio marcó el inicio de una metodología del horror que el país conocería con mayor crueldad décadas más tarde.»

Hoy, un parque en Rosario lleva su nombre, no muy lejos de donde su voz fue silenciada.

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🇺🇸Denunciamos la Ofensiva Imperialista contra Venezuela🇻🇪

Esta declaración ha sido redactada y firmada por las organizaciones miembros de la Coordinadora Anarquista Latinoamericana (CALA). Black Rose / Rosa Negra (BRRN) fue invitada a firmar la declaración como organización hermana.

Download L, Letter, Font. Royalty-Free Stock Illustration Image - Pixabaya Coordinadora Anarquista Latinoamericana y sus organizaciones hermanas condenan las amenazas de intervención directa en Venezuela por parte del gobierno de los Estados Unidos, impulsadas por la administración Trump.

Estos intentos y amenazas de intervención no son incidentes aislados, ni son una respuesta temporal a supuestos problemas de «seguridad», «narcotráfico» o «terrorismo». Por el contrario, son parte de una larga historia de injerencia imperial en América Latina y el Caribe, cuyos efectos han caído sistemáticamente sobre los pueblos y clases oprimidos de la región.

La historia es bien conocido: cada vez que los Estados unidos invocan estos pretextos, el resultado ha sido la devastación social, la pérdida de la soberanía y la violencia. Panamá en 1989, el Iraq en 2003, y múltiples intervenciones en nuestra región muestran que no se trata de «defender la democracia», sino más bien es sobre la política, militar, económica y de control. En el caso de Venezuela, estas amenazas se suman a más de una década de bloqueo económico que ha golpeado duramente la vida cotidiana de la gente, profundizando la escasez, la precariedad y el deterioro de las condiciones materiales de existencia.

En este sentido, es fundamental resaltar que la agresión imperialista no castiga a las élites gobernantes, sino que recae directamente sobre los sectores populares. Los bloqueos, las sanciones, la intimidación militar y la asfixia financiera no son herramientas «quirúrgicas»: son mecanismos de guerra económica que buscan romper la resistencia de todo un pueblo, disciplinarlo y obligarlo a aceptar un orden subordinador.

Un ejemplo reciente y llamativo de esta lógica es el acto de piratería y robo descarado de un petrolero venezolano por parte de militares armados estadounidenses, que fue detenido y apropiado bajo la protección de sanciones unilaterales. Más allá de los tecnicismos legales con los que Washington intenta justificar estas acciones, lo que se evidencia es un ejercicio de piratería moderna: el uso del poder militar, judicial y financiero para apropiarse de recursos. Esto no es solo un ataque al Estado venezolano, sino también una agresión directa al pueblo, porque cada cargamento incautado, cada activo retenido y cada propiedad confiscada profundiza las condiciones de vida impuestas por el bloqueo.

Además, su desprecio por la vida de la gente es evidente en la absoluta facilidad con la que lanzaron explosivos contra barcos de pesca frente a las costas venezolanas, quitando no solo el sustento de esas personas, sino también sus vidas y su derecho a defenderse de acusaciones no probadas. La masacre fue televisada y celebrada por los de arriba.

Este tipo de acciones revelan claramente lo que significa hoy el «orden internacional» defendido por los Estados Unidos: un sistema en el que las grandes potencias se arrogan el derecho a decidir quién puede comerciar, quién puede producir y quién merece ser castigado. El derecho internacional es selectivo, flexible para los aliados y brutalmente rígido para quienes no se someten. En este contexto, la incautación de buques, la congelación de activos y las sanciones económicas funcionan como armas de guerra, aunque se presenten como medidas administrativas.

La reciente concesión del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado sigue la misma lógica de cinismo y doble moral. Este tipo de premios no expresan valores universales, sino alineamientos geopolíticos. Lejos de representar una genuina defensa de los derechos del pueblo venezolano, este reconocimiento opera como un gesto político de los poderes imperiales hacia una líder que ha respaldado abiertamente sanciones, bloqueos económicos y amenazas de intervención. La derecha venezolana, lejos de ofrecer una salida a las clases trabajadoras, se presenta así como un socio necesario en una estrategia que profundiza el sufrimiento y la dependencia social.

La reaparición explícita de la Doctrina Monroe en recientes documentos y declaraciones del gobierno de los EE.UU. solo confirma este curso de acción. El viejo eslogan «América para los estadounidenses», es decir, para los intereses de Washington, se afirma una vez más sin eufemismos, restableciendo la idea de América Latina como una zona natural de dominación. Esto amenaza no solo a Venezuela, sino a todos los pueblos del continente, al legitimar intervenciones, presiones económicas, golpes de Estado y alineamiento forzado de gobiernos que se desvían de los intereses imperiales. Un buen ejemplo de esto ha sido la intervención sin precedentes de la administración Trump en Argentina en los últimos meses, específicamente en la política económica interna, el mercado cambiario e incluso el proceso electoral, dando un impulso repentino al gobierno de Milei.

En el contexto actual, Estados Unidos ya no es una potencia indiscutible, pero sigue siendo un actor central en un orden mundial basado en la violencia, el saqueo y la imposición. Su creciente agresividad refleja también sus propias crisis internas y su necesidad de reafirmar su control sobre territorios estratégicos ricos en petróleo, minerales, agua y biodiversidad. América Latina, una vez más, aparece como botín y retaguardia de un proyecto imperial que sigue siendo profundamente peligroso.

Defender la autodeterminación de los pueblos-clases dominadas, explotadas y oprimidas dentro de los llamados contextos «nacionales» – no implica idealizar gobiernos ni negar contradicciones internas inherentes al proceso venezolano, del cual somos críticos, sino rechazar de plano la intervención extranjera y afirmar el derecho de toda clase dominada, explotada y oprimida a luchar por el mejoramiento de su destino sin amenazas, bloqueos u ocupaciones. En este sentido, afirmamos que la organización ante esta situación no puede venir de arriba ni delegarse en estructuras estatales, sino que solo puede construirse desde abajo, a través de la organización popular y la participación directa de quienes sostienen la vida cotidiana en condiciones de asedio.

El caso del barco saqueado, como el bloqueo económico en su conjunto, demuestra que el imperialismo no busca «corregir» gobiernos, sino subyugar a pueblos enteros a través del hambre, el aislamiento y el castigo colectivo.

En Venezuela, como en el resto de América Latina, aún en medio de las dificultades provocadas por la burocratización, las limitaciones y las tensiones con el Estado que tienden a debilitar la organización de base; las comunas, los espacios territoriales y las formas de organización popular sostienen diariamente la resistencia material y social frente al bloqueo, la escasez y la agresión imperialista.

Nuestra lucha va más allá de las fronteras impuestas por los Estados y nos une a todas las clases oprimidas. El gobierno imperialista del Norte ha adoptado una postura xenófoba, racista y persecutoria hacia las comunidades migrantes dentro de su territorio. El ataque a Venezuela se basa ideológicamente en el racismo que es inherente al Estado estadounidense-como en otros estados – y que irradia interna y externamente a favor de las clases dominantes de ese país.

Ante esta ofensiva, como anarquistas denunciamos al gobierno estadounidense y sostenemos que la solución no vendrá de Estados más fuertes o disputas entre poderes, ni de los llamados organismos internacionales creados por y para los Estados, sino de la construcción de un pueblo fuerte, organizado desde abajo, con independencia política y una capacidad real de disputar el poder.

La historia de América Latina muestra que todo avance del imperialismo ha encontrado resistencia incluso en condiciones adversas. Esto sostiene la dignidad y la capacidad de respuesta colectiva. Es la base material del poder popular desde abajo.

Ante el imperialismo la neutralidad no es posible. O estás del lado de la dominación, el saqueo y la guerra, o estás del lado de los oprimidos.

Nuestro compromiso es a largo plazo pero claro: fortalecer la organización popular, profundizar la resistencia y construir desde abajo un horizonte emancipatorio para las clases oprimidas del mundo.

Coordinación Anarquista Latinoamerica (CALA)

  • Federación Anarquista Uruguaya (FAU) – Uruguay
  • Federación Anarquista Santiago (FAS) – Chile
  • Coordenação Anarquista Brasileira (CAB) – Brazil
  • Federación Anarquista Rosario (FAR) – Argentina
  • Organización Anarquista Resistencia (OAR) – Argentina
  • Organización Anarquista Tucumán (OAT) – Argentina
  • Organización Anarquista Cordoba (OAC) – Argentina
  • Organización Anarquista Santa Cruz (OASC) – Argentina
  • La Tordo Negro – Organización Anarquista Enterriana – Argentina
  • Organización Anarquista Impulso – Argentina

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