🇻🇪Venezuela, tras Gaza🍉 y Ucrania🇺🇦: gansterismo político💩

Rafael Cid

¡Calamidad de este tiempo, cuando los locos guían a los ciegos!
(Shakespeare, El rey Lear)

Letter E Magazine Cut-Out Element 23204016 Vector Art at Vecteezyl pasado nos alcanza configurando la matriz del futuro. La extracción (en el ridículo argot de las «hazañas bélicas») de Nicolás Maduro por un comando de Estados Unidos busca facilitar la transición continuista en Venezuela, el paradigma del madurismo sin Maduro. Imita a la franquicia española de un franquismo sin Franco, hecha posible cuando el hombre fuerte del régimen, el almirante Luis Carrero Blanco, fue abducido por una fuerza explosiva e igualmente irremediable. Voladuras controladas. Lo confirma Marco Rubio, alter ego de Trump, y Delcy Rodríguez al anunciar una autoamnistía integral, para víctimas y verdugos, a la española de triste memoria.

Hoy, como en 1939, tras el criminal pacto entre Hitler-Stalin para repartirse Europa, las naciones hegemónicas se alían para dominar globalmente en su inapelable condición de superpotencias nucleares. Una estrategia cuyo último eslabón hasta ahora ha sido el atropello a la soberanía venezolana para extraditar por la fuerza al presidente fake de aquel país, Nicolás Maduro (la apoteosis puede ser la toma trumpista de Groenlandia y la recuperación de la Enmienda Platt contra Cuba). Pero la embestida es global, viene de más lejos y de otro continente y con diferente protagonista. De cuando en 2014, el antiguo oficial de la KGB (la Gestapo de la antigua URSS), Vladimir Putin, investido con los máximos poderes de aquella democracia de oligarcas, intervino militarmente Crimea. Entonces los que pusieron aquella península del Mar Negro al servicio de Moscú fueron los «hombrecillos de verde», la imagen eufemística utilizada por el zar del Kremlin para nombrar a las tropas ocupantes. Este 2026, los sicarios que han perpetrado el secuestro del dirigente chavista han sido los comandos Delta Force del Pentágono. Dos planos-secuencia para una misma violación flagrante del derecho internacional. La primera, en la frontera este de Europa apenas provocó la crítica de la opinión pública occidental y de su clase política, que miró para otro lado, sobre todo en el entorno de la izquierda. La segunda en discordia no ha tenido una respuesta menos indecente: sumisión pública de las autoridades de Caracas a la bota yanqui (el ¡vivan las caenas! de Delcy Rodríguez en su toma de posesión como regente del protectorado trumpista), mientras se producía la repulsa de las cancillerías de medio mundo y de parte de su ciudadanía informada, sobre todo entre la izquierda. «Operaciones militares especiales», distantes en el tiempo y en el espacio, pero no muy distintas, que tendrían réplicas cada vez más sangrientas y crueles con la invasión de Ucrania por parte del ejército de la Federación Rusa en 2022 y el ataque revanchista y genocida del Israel de Netanyahu a Gaza durante 2024. Siempre bajo el mismo principio de trágica memoria iniciado con la tesis nazi del Lebensraum, la conquista de un espacio considerado vital sin reparar en medios. Es lo que Putin calificaba de «riesgo existencial» cuando sostuvo que «la caída de la URSS había sido la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX», y el imaginario con el que Trump forjó su proyecto para «volver a hacer América otra vez grande» (MAGA). El terraplanismo coronado: aquellos vientos auspiciaron estos lodos.

El Corolario Trump, implícito en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de Estados Unidos, es una puesta al día en formato 4.0 (big data, robótica, inteligencia artificial, internet de las cosas, dronosfera, etc.) de la doctrina Monroe (1823) a modo de columna de Hércules de la diplomacia de las cañoneras de Estados Unidos. Una prueba de fuerza para casus belli surgida para disuadir a las potencias europeas de intervenir en la política de las repúblicas recién independizadas de España. En síntesis: un imperceptible dogal que unce a
las naciones de aquel continente a los intereses del Tío Sam. América para los americanos. Y ello al margen de las ideologías de los regímenes o de la bondad o maldad de sus dirigentes, como recuerda expresamente la ESN publicada el pasado 4 de diciembre:

«Buscamos buenas relaciones y relaciones comerciales pacíficas con las naciones del mundo sin imponerles un cambio democrático u otro cambio social que difiera ampliamente de sus tradiciones e historias».

Se puede decir más alto, pero no más claro. La cosa no va de democracia ni de derechos humanos, ni siquiera del derecho a un gobierno libremente elegido. Rige la ley del más fuerte: «La gran influencia de las naciones más grandes, más ricas, más fuertes, es una verdad atemporal de las relaciones internacionales». «La justicia que agrada al Príncipe» en la era Trump se llama «democracia comercial» (la ESN dixit). Ese es ahora el «destino manifiesto» de las democracias de oligarcas del siglo XXI. No hay normas, ni reglas, ni límites, el que gana se lo lleva todo. Por áreas de influencia que determinan sus arsenales nucleares. Aunque todavía de cara a la opinión pública sus acciones depredadoras se vistan de excusas mal avenidas. El «desnazificar y desmilitarizar Ucrania» de Putin. Para juzgar a Maduro (y no a su nomenclatura del Helicoide) ante un tribunal por delitos de narcoterrorismo, según el pliego de cargos de Trump. O como derecho a la defensa en la genocida respuesta de Netanyahu frente a la sangrienta provocación de Hamás. En un lúcido ensayo del escritor alemán Carl Amery editado en 1968 ya se vislumbraba un futuro de estas características desde el momento en que «la salvación se define del mismo modo tanto en el capitalismo como en el marxismo: plenitud de bienes, liberación de las fuerzas de producción» (Auschwitz, ¿comienza el siglo XXI?, pág. 130). Una ambición que no conoce fronteras. En la Estrategia de Seguridad Nacional aprobada por Putin en 2021, un año antes de la invasión militar de Ucrania, se abrazaba esta deriva en la estela MAGA: «El uso limitado de la fuerza se ha convertido en la forma predominante de la estrategia para devolver a Rusia al primer plano de la esfera internacional». Putin y Trump y sus respectivas estrategias de seguridad nacional son más que una anomalía histórica, hay un método en sus locuras. Posiblemente porque como afirma el sociólogo Serge Moscovici «nada une más a los hombres que un crimen perpetrado en común» (La era de las multitudes, pág. 380). Debido a esa voracidad imperialista, Estados Unidos y Rusia, junto a la China comunista-capitalista, son las  superpotencias más reticentes a introducir cambios estructurales en sus economías para reducir los efectos del cambio climático global. Durante la «era Trump», Estados Unidos ha abandonado ya casi 70 instituciones internaciones de las que en muchos casos era el principal contribuyente, como la UNESCO y la OMS.

Vladimir Putin Caricature: Over 231 Royalty-Free Licensable Stock ...El problema es que la reaccionaria «revolución desde arriba» se está perpetrando con la aquiescencia de los de abajo. Los dirigentes que lideran esta involución democrática, negacionista de las libertades y los derechos humanos como condición sine qua non, han sido elegidos en las urnas. Incluso, y dado que las mayorías están en las capas más desfavorecidas de la sociedad, han sido las clases bajas y trabajadoras quienes han aupado al poder a esta nueva autocracia iliberal al grito de «los nuestros, primero». El nuevo Leviatán es corporativo. Masas ignorantes con derechos, en la expresión del último Premio Nobel de Literatura, el húngaro László Krasznahorkai, son las responsables de esta distopía canonizada, con legalidad de origen y creciente ilegitimidad de ejercicio. Insólita cohabitación interclasista, osmótica y mimética, que viene a desnudar definitivamente al Estado de sus atributos altruistas, el ogro filantrópico. En acelerada fase de liquidación del Estado de Bienestar, ahora le llega el turno al Estado de Derecho, para cada vez parecerse más a ese consejo de administración del capital que decía Carlos Marx respecto del artefacto Estado. Con el primordial consentimiento de los gobernados, de su servidumbre voluntaria, circunstancia que da la vuelta como un calcetín a lo expresado por el autor de El Manifiesto Comunista. Pasamos del aparato de opresión y explotación al elemento gestor que hace posible esa osmótica comunidad de intereses de abajo-arriba y de arriba-abajo. A convertirse en su nexo aglutinador, su máximo común denominador identitario.

Carecemos aún de una explicación eficiente sobre cómo hemos caído tan bajo. Incluso podríamos decir aquello de que lo que nos pasa es que no sabemos qué nos pasa. A pesar de aportaciones como la del reputado pensador marxista David Harvey, quien en La
condición de la postmodernidad ensaya una atractiva «investigación sobre los orígenes del cambio cultural» que ha hecho posible esta mutación disruptiva. En su trabajo aventura que «desde 1972 aproximadamente se ha operado una metamorfosis en las prácticas culturales y económico-políticas […] ligada al surgimiento de nuevas formas dominantes de experimentar el espacio y el tiempo». Formulación que puede servir de piedra de toque para nuevas pesquisas intelectuales, pero que la realidad fáctica arrincona ante la implosión de abrasivas políticas esquilmadoras sin sombra de ética ni estética. Concluye Harvey que «toda edad logra la plenitud de su tiempo no a través del ser sino del devenir».

Lo que ocurre desborda análisis que antes cuadraban epistemológicamente echando mano de conceptos como alienación y cosificación. Hoy tenemos una izquierda que se ha hecho apodíctica e hipnótica en su pensamiento único, secuela de aquel milagrero socialismo científico. De ahí que, insistir en esa salida taumatúrgica, empiece a ser como dar coces en el aguijón. Lo acaba de reconocer en una entrevista el chileno Gabriel Boric con la sabiduría que proporciona la derrota: «La izquierda que solo culpa al adversario está condenada a
diluirse» (El País, 11/01/2026). Porque esta vez el secreto está en la masa, en la base, en el factor humano, en romper la cuarta pared.

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✊🏽Por la defensa del Escudo Social Básico🛡

Free L Letter Vector Art - Download 1,544+ L Letter Icons & Graphics ...a iniciativa de COESPE en todos los territorios, junto a otras organizaciones de pensionistas y afectadas por el escudo social básico, ha posibilitado que en gran parte de la sociedad y medios de comunicación , se esté dando un debate en torno a la necesidad que las medidas del llamado escudo social básico no decaigan, la presión sobre los poderes públicos debe ser mantenida, ya que la solución que se propone en los dos decretos llevados a votar al Congreso, por una parte no recoge la totalidad de las necesidades sociales de este momento, y por otra parte no está garantido en absoluto su aprobación, dado que los poderes fácticos representados por PP, VOX, UPN, y JUNTS mantienen una oposición frontal a cualquier tipo de medidas que permitan un modelo de protección básico a las personas más vulnerables, que están en la precariedad y en la desprotección social.

El decreto, que debe ser ratificado por el Congreso, en relación con el aumento de las pensiones públicas aún esta por aprobarse, y si esta decisión fuera ratificada, supondría una insuficiente subida ante el gran aumento del coste de la vida que no tiene control. Por ello, las organizaciones de pensionistas seguimos exigiendo la recuperación del poder adquisitivo de las pensiones públicas, a través de una cláusula de revisión anual (paguilla), que fue derogada unilateralmente, y que debe ser recuperada. Pero ni tan siquiera esa subida exigua de las pensiones públicas, esta ratificada y la posición de la derecha extrema y los poderes financieros interesados en su destrucción y privatización, no nos permite la desmovilización.

Además, la miserable posición política de la derecha extrema, y la debilidad del Gobierno, ha degradado las propuestas iniciales del llamado Escudo Social básico, empeorando las medidas de protección con respecto a los desahucios, disminuyendo la protección sobre las personas más vulnerables, dando más poder a las grandes rentistas, con el peligro de que un número aproximado a las 70.000 personas puedan ser expulsadas de sus viviendas, sin solución de realojo. Un proceso de exclusión que en muchas comunidades y ayuntamientos se esta abordando con total insensibilidad hacia las personas mas vulnerables, con casos dramáticos en ciudades como Badalona o comunidades como Madrid.

La posición de la derecha extrema de oposición a las medidas paliativas de la crisis de vivienda (segundo decreto), también afecta a miles de pensionistas y trabajadoras, que dependen de medidas como el bono eléctrico, la prohibición de cortar luz, gas agua, etc. Todo ello de no aprobarse, aumentará la vulnerabilidad y la desprotección.

Por ello, COESPE junto a las organizaciones de pensionistas en todo el estado, hacemos un llamamiento de solidaridad y movilización con las personas afectadas para enfrentar ese riesgo de involución, si se impone la posición de la derecha extrema, que ha conseguido con el apoyo de los medios privados y la crisis en que nos hallamos, llevar a una situación de gran debilidad al Gobierno, que puede desembocar en un aumento de la precariedad y la vulnerabilidad en nuestra sociedad. En este sentido, contando con todas

las organizaciones sociales en favor de los derechos democráticos, los servicios y las pensiones públicas, así como con las organizaciones sindicales y políticas, convocamos los días 21, 22, y 23 de febrero a impulsar movilizaciones territoriales en todo el Estado, en defensa de la vida y los derechos de la sociedad.

Es hora de la movilización y la denuncia contra aquellas fuerzas que representan lo más reaccionario de la sociedad, que quieren despojar del escudo social básico a las personas más vulnerables y desfavorecidasd.

Gobierne quien gobierne los derechos, los servicios y las pensiones públicas se defienden.

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🌎No, no es el hemisferio de Estados Unidos👎🏼

Donald Trump habla de una ampliación de la Doctrina Monroe que afirma la dominación estadounidense sobre todo el continente americano. El ex diplomático chileno Jorge Heine habló con Jacobin sobre la necesidad de un nuevo movimiento no alineado que pueda resistir las pretensiones imperialistas.

Por Phineas Rueckert, traducción: Natalia López

Letter - Letter En octubre de 2023, el presidente de Chile, Gabriel Boric, realizó su primera visita a China. Durante sus tres días en Pekín, asistió al tercer Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional, se reunió con el presidente chino Xi Jinping y firmó acuerdos comerciales bilaterales. Dos semanas después, Boric estuvo en la Casa Blanca. Allí participó en la conferencia de la Asociación de las Américas para la Prosperidad Económica (APEP) y se reunió con el entonces presidente Joe Biden. Al final de su mandato, Chile se negó a alinearse plenamente con cualquiera de las dos grandes potencias, que hoy protagonizan lo que muchos consideran como una Guerra Fría del siglo XXI. Hoy Chile realiza cerca del 40 por ciento de su comercio con China y el 15 por ciento con Estados Unidos.

«No muchos líderes de países en desarrollo pueden decir que visitaron el Gran Palacio del Pueblo y fueron recibidos por el presidente Xi, y diez días después visitaron la Casa Blanca y fueron recibidos por el presidente de Estados Unidos, en muchos sentidos, así es como entendemos que se ve el no alineamiento activo en la práctica».

me dice Jorge Heine, ex embajador chileno, desde la capital de su país, Santiago.

Heine es autor, junto con el ex ministro de Estado Carlos Ominami y el politólogo Carlos Fortin, de The Non-Aligned World: Striking Out in an Era of Great Power Competition (El mundo no alineado: abrirse camino en una era de competencia entre grandes potencias). Allí definen el no alineamiento activo como «una política exterior que está en permanente búsqueda de nuevas oportunidades, evaluando cada una según sus propios términos». La postura no es partidaria, advierte Heine: «El no alineamiento activo no es una política exterior de izquierda, de centro o de derecha. No es ideológica. Proporciona una guía para la acción».

Chile, según Heine, no es el único país que traza un camino entre China y Estados Unidos (y en menor medida Rusia) sin necesariamente tomar partido. Sin embargo, ha estado a la vanguardia de esta tendencia emergente a nivel internacional. Los autores presentan este concepto como un nuevo giro del Movimiento de Países No Alineados (MPNA), desarrollado originalmente en las décadas de 1950 y 1960: «Ante la reaparición de una confrontación entre las grandes potencias, un Sur Global emergente retoma las tradiciones del movimiento post Segunda Guerra Mundial y poscolonial, adaptándolas a los desafíos del nuevo siglo».

Con la reciente elección del dirigente de derecha chileno José Antonio Kast como nuevo presidente de Chile, lo que dio nuevo impulso a la derecha reaccionaria en América Latina, y con el secuestro ilegal del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte del presidente estadounidense Donald Trump, la estrategia enfrenta una prueba decisiva.

En 2026, Trump ya avanzó con su corolario de la Doctrina Monroe, que reclama un mayor control estadounidense sobre el comercio y las acciones militares en todo el continente. Heine y sus coautores consideran que es particularmente importante que los países latinoamericanos actúen con agilidad en el plano diplomático.

«Si este ataque a Venezuela sirve para algo, es para es reforzar la noción de no alineamiento activo, la alternativa, que es subordinarse por completo a Estados Unidos, es obviamente inviable. La situación actual, especialmente en América Latina, es muy difícil, y esto también es cierto en otros lugares (se me viene a la mente Irán). Pero eso no significa que no existan formas de manejarla».

le dijo Heine a Jacobin.

Basada en las concepciones del MPNA original, que surgió como una tercera vía entre el mundo capitalista y el liderado por el comunismo durante la Guerra Fría, la estrategia del no alineamiento activo cobró nuevo impulso con la pandemia de COVID-19, la reelección de Trump y las guerras en Ucrania y Palestina. Lejos de alinearse de manera uniforme con Occidente en estos conflictos, muchos líderes de países en vías de desarrollo evaluaron cuidadosamente sus intereses: en algunos casos se negaron a tomar partido y, en otros, se alinearon en la oposición a Estados Unidos.

Las crisis recientes llevaron a Heine, Ominami y Fortin a actualizar y revisar un libro anterior en el que habían desarrollado algunas de estas ideas. Ese libro, Políticas exteriores latinoamericanas en el nuevo orden mundial: la opción del no alineamiento activo, se publicó originalmente en español en noviembre de 2021, apenas unos meses antes de la invasión rusa a Ucrania. En ese momento, recordó Heine, apelar al MPNA era visto por algunos colegas como «anacrónico». Pero tras el estallido de la guerra, «de repente el no alineamiento volvió con fuerza, con posiciones adoptadas por India, Sudáfrica, Brasil, Pakistán y otros países que no siguieron a Occidente. En lugar de ser un concepto anacrónico, resultó ser profético».

América Latina a la vanguardia

En muchos sentidos, el no alineamiento activo comenzó primero en América Latina, y también es allí donde más se consolidó.

El 9 y 10 de noviembre, cuando Colombia fue sede del Foro UE-CELAC en Santa Marta, esta filosofía volvió a emerger con fuerza. En el escenario, durante el discurso de cierre, el presidente Gustavo Petro llamó a que América Latina vuelva al «centro del mundo», en lugar de permanecer en la periferia. Mientras firmaba acuerdos con China y Europa, Petro también criticó la campaña de bombardeos de Estados Unidos contra pequeñas embarcaciones, supuestamente dedicadas al narcotráfico, en aguas frente a la costa de Venezuela, en lo que constituyó el preludio del secuestro de Maduro ocurrido este pasado fin de semana.

Hay varias razones, explican los autores, por las que una región que Washington considera como su «patio trasero» se haya convertido en la cuna del no alineamiento activo. Heine —investigador no residente del Quincy Institute for Responsible Statecraft y profesor (recientemente retirado) de relaciones internacionales en la Universidad de Boston— le habla a Jacobin de un «triple impacto» de factores.

La pandemia de COVID-19, que golpeó con especial dureza a los países latinoamericanos; la crisis económica global que le siguió y la reelección de Trump reforzaron de manera decisiva la necesidad de que los líderes de la región miraran más allá de Estados Unidos en busca de asistencia y comercio. Esa diversificación económica, a su vez, les permitió desplegar una política exterior más activa, que incluyó algunas de las condenas más firmes y amplias del mundo al genocidio de Israel en Gaza.

Para América Latina, abrirse a China responde ante todo a una lógica económica. Pese a su abundancia de recursos naturales, el crecimiento de la región quedó rezagado respecto del resto del Sur Global, en parte debido a su dependencia histórica de Estados Unidos. Ese subdesarrollo llevó a los líderes regionales a buscar inversiones adicionales —y no solo en infraestructura— en otros lugares. En China encontraron un socio dispuesto. Entre 2000 y 2023, señalan los autores, el comercio entre América Latina y China se multiplicó por cuarenta.

China, explicó Heine, es un tipo de superpotencia diferente a la que representó la Unión Soviética durante la Guerra Fría. A diferencia de la URSS, que estaba en el centro de un bloque en gran medida autosuficiente (solo alrededor del 4 por ciento del PBI soviético correspondía a importaciones y exportaciones), China:

«ofrece oportunidades económicas a los países de África, Asia y América Latina en términos de comercio, inversión y cooperación financiera, abre la posibilidad de lo que llamamos jugar en varios frentes. Los países del Sur Global pueden jugar con Pekín frente a Washington y viceversa, de una manera que no era posible en el pasado»,

detalló.

Los países latinoamericanos tampoco cayeron necesariamente por completo en la órbita china. Brasil, por ejemplo, incrementó su comercio con China sin alejarse demasiado de Estados Unidos. Cuando Washington arremetió contra Brasil —por ejemplo, mediante la imposición de altos aranceles o los intentos de injerencia en asuntos internos—, el país se sintió con mayor margen para responder de una manera que quizás no hubiera sido posible antes, probablemente como resultado de su diversificación fuera de Estados Unidos. Según Heine:

«Brasil se plantó frente a Trump; no se dejó presionar para hacer lo que Washington quería, a mismo tiempo, sigue dialogando con Washington y con la administración Trump».

Esto también se expresó en términos de política exterior. En febrero de 2023, por ejemplo, al cumplirse un año de la invasión rusa a Ucrania, Brasil propuso que un grupo de países del Sur Global —entre ellos India, China, Indonesia y Turquía— se uniera para presentar un plan de paz para Ucrania, en lugar de depender de Estados Unidos, que intentó imponer un enfoque unipolar. Poco después, el principal asesor de política exterior de Brasil, Celso Amorim, fue enviado a Moscú, donde se reunió con Vladimir Putin. Más tarde, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva presentó su plan de paz al presidente chino Xi en una reunión bilateral. La multiplicación de enfoques de Brasil, señaló Heine, fue:

«un ejemplo de vanguardia de la aplicación del no alineamiento activo. Se puede defender lo que tu país necesita y quiere, y al mismo tiempo seguir dialogando y buscando maneras de resolver esas diferencias».

El no alineamiento activo más allá de América Latina

Angola, en la costa occidental del África austral, ofrece uno de los ejemplos más interesantes de no alineamiento activo. Angola es el mayor receptor de préstamos chinos de todo el continente africano, por un monto de 24.000 millones de dólares en 2024.

Sin embargo, en los últimos años fue a Estados Unidos a quien Angola recurrió para obtener asistencia en un ambicioso proyecto de infraestructura. Denominado Corredor de Lobito, el ferrocarril proyectado conectaría a la República Democrática del Congo y Zambia, ricas en minerales, con la costa de Angola para su exportación. El proyecto ya recibió más de 4.000 millones de dólares en inversiones estadounidenses, con más fondos en camino. La asociación, escriben los autores, «refleja la negativa de los países africanos a alinearse con una u otra de las grandes potencias, así como su disposición a cubrirse y jugar con ambos lados».

Esto se ilustra claramente en la negativa de muchos Estados africanos a defender el apoyo militar occidental a Ucrania y las sanciones contra Rusia. Diecisiete países africanos, incluyendo a Sudáfrica, se abstuvieron en una votación de la Asamblea General de la ONU para condenar la invasión. Algunos países asiáticos siguieron el mismo camino.

India, en particular, incrementó drásticamente sus importaciones de petróleo ruso en los años posteriores a 2022. «Paradójicamente, la guerra en Ucrania disminuyó la confianza en las potencias occidentales y enfocó las mentes en cómo cubrir sus apuestas», escribió el politólogo indio Pratap Bhanu Mehta en una columna en el Indian Express.

Este enfoque continuó durante la segunda administración Trump. Aunque algunos observadores sugirieron que los países en desarrollo podrían alinearse rápidamente con los caprichos de Trump, en gran medida eso no ocurrió.

«La noción de no alineamiento activo surgió durante la primera administración Trump, y yo sostendría con mucha firmeza que, tal vez, haya recibido un impulso mayor durante la segunda administración Trump»,

afirmó Heine.

Como escribe Steve Ellner en Jacobin, las políticas internas de Trump podrían estar impulsando una mayor unidad latinoamericana frente al esquema de deportaciones de Estados Unidos, y algo similar podría decirse de sus ataques contra Venezuela. Más allá de sus valoraciones sobre el gobierno de Maduro, los líderes latinoamericanos parecen coincidir casi de manera unánime en que las campañas militares estadounidenses en el Caribe son ilegales según el derecho internacional y conllevan el riesgo de una escalada mayor.

Incluso si América Latina continúa girando hacia la derecha, advirtió Heine, el no alineamiento activo sigue siendo una propuesta valiosa. En ese sentido, señaló los ejemplos de Ecuador y Uruguay que, aun cuando estuvieron gobernados por partidos tradicionales de derecha, mantuvieron vínculos tanto con Estados Unidos como con China en materia de comercio y cooperación financiera.

«Una idea que se volvió bastante extendida es la de que, al final, América Latina va a tener que tomar partido y alinearse con Washington, yo discrepo totalmente con esa noción. En el mundo actual, ¿qué vas a hacer? La estructura de la economía mundial hoy es tal que no se puede simplemente decir: “No vamos a hacer negocios con China, no vamos a interactuar con China”».

Para Heine, la respuesta a los desafíos geopolíticos actuales es evidente: seguir jugando en varios frentes.

☮️La política del miedo: 80.000 millones de gasto militar para 2026

🤔¿Quién gobierna el mundo?

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