☮️Madeleine Pelletier🖌

Libértame

De: Le calendrier du CIRA 2016

10,000+ Free Letter M & Alphabet Images - Pixabayadeleine Pelletier nació en París en mayo de 1874 y pronto se rebeló contra las ideas reaccionarias de su madre. Como la mayoría de las niñas pobres, interrumpió sus estudios, pero aprobó el bachillerato en 1897 con matrícula de honor. A continuación estudió medicina con brillantez, desafiando el prejuicio sexista que vinculaba la inteligencia al tamaño craneal y dedicándose a la psiquiatría. En 1903 se convirtió en la primera mujer residente en los manicomios del Sena. Denunció los internamientos arbitrarios en L’encyclopédie anarchiste. Médica de correos, se unió a la Cruz Roja durante la Primera Guerra Mundial, tras denunciar la Unión Sagrada, pero su extraño aspecto la convirtió en sospechosa de espionaje…

Única mujer en el comité ejecutivo de la SFIO antes de la guerra, partidaria de la acción directa, de la huelga general, de la insurrección y de los atentados, se afilió al Partido Comunista, viajó clandestinamente a Moscú y creyó que allí la condición de la mujer era, al menos de derecho, mejor que en otras partes. Poco a poco fue denunciando lo que llamaba centralismo militar, funcionariado y espíritu de camarilla que caracterizaban al bolchevismo organizativo.

Se une al movimiento anarquista: Al no encontrar ningún periódico en el que pudiera escribir, acepté colaborar con Le Libertaire, con el que comparto ideas secundarias, como el antimilitarismo, el neomalthusianismo, etc., pero no la idea principal, es decir, la posibilidad de una sociedad sin Estado.

Los condicionamientos sociales determinan las ideas individuales. Por tanto, cambiar la escuela significa cambiar a los individuos y cambiar la vida. En L’éducation féministe des filles (1914) desarrolla su proyecto educativo. Sin abandonar los principios pavlovianos de castigo y recompensa, notas y premios, defiende ideas innovadoras: el objetivo es preparar a las niñas para la integración profesional y política; no hacerlas aptas para el matrimonio, sino forjar en ellas un carácter activo y valiente. Al observar cómo juegan los niños
pequeños, considera que ambos sexos tienen la misma mentalidad y que es la educación la que crea la idea de un sexo débil; el concepto de género no está lejos. Hay que vestir a la niña como un niño; las actividades físicas y deportivas le permitirán virilizarla. Se prohibirán las muñecas, los muebles pequeños y las cocinas de juguete que enseñan a las niñas desde la cuna que serán amas de casa, y si la niña da unos golpes a las antifeministas en ciernes, habrá que felicitarla. Madeleine Pelletier desarrolla un programa de educación sexual para que las jóvenes puedan elegir libremente su sexualidad.

Junto a los neomalthusianos, hizo campaña a favor de la anticoncepción y el aborto, en contra de la ideología imperante de control de la natalidad tras la Primera Guerra Mundial. En 1939, tras sufrir un derrame cerebral que la incapacitó, fue acusada del delito de abortar a una niña de 13 años violada por su hermano. Condenada a ser internada, sobre todo en Sainte-Anne, donde había estudiado psiquiatría, por representar un peligro para sí misma, para los demás y para el orden público, murió, aislada y desesperada, el 29 de diciembre de 1940.

🤔La izquierda: muchas bodas y un funeral

💩La Comunidad de #Madrid implicada en múltiples demandas por #irregularidades en las baremaciones y contrataciones tras las #Oposiciones de Integradoras Sociales en centros docentes.
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🏴A medio siglo de la muerte del genocida✊🏽:

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la batalla por el relato

h | h&m belgië - Pebble Mathsace 50 años de la muerte del general Francisco Franco y el año que viene se cumplirán 90 desde el inicio de la sublevación militar fascista de 1936. Ambas efemérides están propiciando no pocas iniciativas institucionales y sociales que, más allá de la denuncia simbólica de los crímenes cometidos por el franquismo, alientan narrativas que chocan a menudo frontalmente con nuestro relato anarcosindicalista y libertario.

La memoria histórica, tal y como la entiende la CNT, abarca dos grandes campos de actuación:

Por un lado, la denuncia de los crímenes de lesa humanidad constitutivos de un genocidio y cometidos por la sublevación militar fascista, la consecuente guerra y el posterior terrorismo de estado que se materializa en la búsqueda de verdad, justicia y reparación (incluidas dentro de esta última las garantías de no repetición).

A medio siglo de la muerte del genocida: la batalla por el relatoLa otra vertiente de nuestra labor memorialista se basa en la recuperación de la memoria sociopolítica de nuestra militancia, de nuestro universo organizativo (sindicatos, grupos de afinidad, Mujeres Libres, comités de defensa, cooperativas, escuelas, grupos excursionistas, teatrales, publicaciones periódicas, editoriales…) y de la alternativa socioeconómica que el anarcosindicalismo convino en llamar comunismo libertario.

La búsqueda de la verdad, la justicia y la reparación propicia pequeñas victorias parciales como pueden ser la exhumación de algunas fosas, pero se estrella una y otra vez con la piedra angular del modelo de impunidad español: la Ley de Amnistía de 1977. Esta ley “de punto final” constituye un hito fundamental para entender por qué no se puede enjuiciar el genocidio franquista y cómo es posible que medio siglo después de la muerte del dictador su legado de terror perdure en la estructura política, económica y social españolas sin que se haya implementado una sola medida de justicia transicional.

La ley de Amnistía de 1977 indulta al antifranquismo y amnistía a los criminales amparando su legitimación en el apoyo de organizaciones que sí sufrieron en sus filas el genocidio (PSOE, PCE y PNV) pero que, con la vista puesta en el «reparto del pastel» que propiciaron los Pactos de la Moncloa, condenaron al ostracismo a sus propias víctimas. Este y no otro es el pilar fundamental de una transición que durante décadas se nos ha querido vender como ejemplar y exportable a terceros países. La «teoría de los dos demonios» y el creciente revisionismo histórico de carácter fascista que ya no se disimulan constituyen los nuevos andamiajes de una impunidad que perdura 50 años después.

Nuestra batalla por el relato no se circunscribe únicamente a la categorización penal de los crímenes franquistas o al tratamiento jurídico que reciben las víctimas. La práctica coherente de la memoria histórica con perspectiva de clase abarca también el campo de la narrativa ideológica. La práctica más extendida entre los agentes institucionales y sociales que abordan el 50 aniversario es la de presentar a todas las organizaciones antifascistas bajo el paraguas del republicanismo de izquierdas. Asociada a esa misma narrativa, existe cierta tendencia a exagerar el papel y las fuerzas del PCE atribuyéndole una cuota de representación obrera que no obtuvo hasta el tardofranquismo. Abordar la memoria histórica con ese grado de simplificación y tergiversación no contribuye a un análisis riguroso de los hechos y tan solo beneficia las narrativas de quienes difícilmente pueden justificar ante la historia y su público el proceder y la deriva de sus organizaciones históricas. No es nuestro caso. La CNT y el Movimiento Libertario han demostrado invariablemente su compromiso con la veracidad del relato histórico. Para el anarcosindicalismo, solo la investigación fidedigna y la divulgación sincera de las luchas, debates e ideas que conformaron esa etapa histórica garantizan el entendimiento y aprovechamiento actual de la experiencia autogestionaria de masas del verano de 1936 que alumbró las esperanzas revolucionarias de una clase trabajadora no tutelada por partidos ni por estados.

El recuerdo y homenaje a la militancia histórica que luchó por un mundo nuevo está presente en nuestro quehacer diario y hoy evocamos la figura del compañero Durruti, muerto el 20 de noviembre de 1936 defendiendo Madrid. La reivindicación de su memoria sociopolítica y la interpretación de su lucha nos compete directamente. Cuando desde las instituciones se implementan políticas públicas de memoria histórica sin contar con la organización histórica que más bajas tuvo en sus filas, cuando organizaciones no históricas se lanzan al memorialismo desde el presentismo o cuando se pone el foco en la lectura política de familiares que no comparten ideología con la víctima, se vulnera el trinomio de la verdad, la justicia y la reparación (incluidas las garantías de no repetición), dando lugar a interpretaciones interesadas, parciales y sin sesgo de clase o revolucionario.

Hoy, 50 años después de la muerte del genocida, imbricamos la memoria histórica con las luchas actuales y continuamos creyendo en la necesidad y viabilidad de un mundo sin clases ni estados. Seguimos apostando por un modelo sindical único y realmente efectivo, basado en la solidaridad y en la acción directa. Reivindicamos como única garantía válida de no repetición la abolición del ejército, de los cuerpos represivos y de la industria militar, así como la salida de España de la OTAN y la expulsión del ejército estadounidense de las bases que entregó Franco. Hoy, como ayer, seguimos teniendo compañeras presas por hacer sindicalismo. Cada vez más evidencias como la crisis de la DANA o la de los incendios forestales corroboran que el apoyo mutuo y la autogestión siguen siendo alternativas autoorganizacionales más fiables que el estado ante situaciones de colapso.

Hasta hace 50 años, luchábamos contra Franco, después contra el régimen del 78. Ahora y siempre, contra el estado y el capital, por el comunismo libertario.

Secretaria de Comunicacion Comite Confederal

La entrada A medio siglo de la muerte del genocida: la batalla por el relato se publicó primero en Confederación Nacional del Trabajo.

🤔¿Cuántos documentos del 23F se han destruido?

👁El lado oscuro del ser humano. Lo que nos traen los papeles de Epstein

🖋Recordando a Milly Witkop [1877-1955]🌹:

Veníamos de mundos diferentes» (1956) – Rudolf Rocker

Las Memorias de R. Rocker no son muy prolíficas en detalles personales, pero son muy representativas de una época en la que las narraciones autobiográficas militantes estaban confinadas, en su mayor parte, a la esfera pública. Aunque hay algunas notas intimistas aquí y allá, siempre se inscriben en un marco mucho más amplio, el de la historia colectiva.

Lo cierto es que un acontecimiento privado desempeñó un papel importante en la vida de Rocker: su encuentro en 1896 con Milly Witkop (1877-1955) en el East End de Londres. Fue tan importante que dio lugar a sesenta años de vida en común, lo que no es poca cosa. Se ha dicho que estas dos personas estaban hechas la una para la otra y que su unión les proporcionaba una hermosa complicidad. Podemos creerlo.

Para hablar de esta larga relación, hemos optado por publicar extractos, de un artículo escrito por Rocker al día siguiente de la muerte de su compañera – y publicado en el nº 29 del «Suplemento Literario» de Solidaridad Obrera (París, mayo de 1956).

Premium Vector | Letter veníamos de mundos diferentes, de dos mundos que no sólo no estaban relacionados, sino que eran extrañamente distantes, tan distantes como la ciudad de Slotopol [1] en Ucrania y la vieja ciudad del Rin donde yo nací.

¿Cómo y por qué la vida nos ha unido? El cómo podría explicarse, pero el por qué sigue siendo insondable, como la vida misma.

Para Milly y para mí, así es como sucedió: nos encontramos y, aunque cada uno de nosotros venía de esferas perfectamente ajenas, construimos nuestro propio mundo. Esto y sólo esto era la esencia de nuestra vida.

Cuando conocí a Milly hace sesenta años en Londres, era miembro del grupo Arbayter Fraynd y trabajaba por esa causa todo lo que podía. Milly, que era una persona profundamente religiosa de origen, encontró en Inglaterra un ambiente muy diferente a la vida judía que había conocido en su pequeña ciudad ucraniana. En las tristemente célebres fábricas de explotación del gran gueto londinense, donde apenas se ganaba la vida, a veces se le exigía trabajar en sábado e incluso realizar tareas que entraban en conflicto con los principios de la religión judía. A veces se negaba a hacerlo y, por ello, perdió su trabajo más de una vez y pasó por momentos difíciles. Tenía cierta aversión a las cosas hechas a medias, y empezaron a surgir en ella las primeras dudas.

Por casualidad, un compañero del movimiento libertario del East End fue admitido en el taller donde trabajaba, y en el curso de las discusiones Milly escuchó, por primera vez, cosas que hasta entonces le eran completamente ajenas y que le causaron gran confusión. Cuando el trabajador le explicó las verdaderas causas de la espantosa miseria que estaba convirtiendo el gueto en un infierno, sus ojos se abrieron de par en par. A partir de entonces, se produjo en ella una transformación irreversible: tomó conciencia de las contradicciones del sistema que había forjado las cadenas de millones de seres humanos. La religión dio paso a nuevas ideas, que arraigaron en ella con la misma fuerza. Milly era uno de esos raros seres que piensan tanto con la cabeza como con el corazón. Comenzó a devorar toda la literatura libertaria que le llegaba y encontró así un nuevo espacio -que hizo suyo para siempre- en el que expresar sus impulsos interiores.

Había llegado a Londres siendo una niña y se había privado de todo hasta que, tres años más tarde, pudo traer a sus padres y tres hermanas desde Rusia e instalarlos en un modesto hogar. Sólo quienes han vivido las increíbles condiciones de explotación del gueto londinense pueden apreciar este gesto. Para Milly, era algo natural, nunca lo mencionó.

Ella y yo estuvimos juntos durante más de cincuenta y ocho años y nada afectó a nuestra felicidad. Había algo en el fondo de nuestra existencia común que es difícil de describir: una especie de templo oculto, del que sólo nosotros teníamos la llave. Cuando pienso hoy, en las horas de soledad, en aquella hermosa época, recuerdo inmediatamente las palabras de la mujer de Auban en Los anarquistas de Mackay. Cuando un simplón le pregunta qué ha hecho ella por la felicidad de la humanidad, su respuesta es: «Mucho». Incluso he sido feliz. Ella y yo podríamos haber dicho lo mismo. […]

Esta armonía que presidía nuestra vida en común no evitaba, afortunadamente, los puntos de desacuerdo. Su inteligencia la llevó a formarse una opinión propia sobre todo y a ser capaz de argumentar con gran habilidad. Cuando a veces nos enzarzábamos en una discusión acalorada, me decía llena de alegría: «Somos una pareja única». […]

Milly participó plena, concreta y útilmente en las diversas luchas y logros del proletariado judío en Inglaterra. También estuvo presente en todas las reuniones internacionales que se celebraron en Londres en aquella época. Durante la gran huelga de los estibadores londinenses, desarrolló una intensa y notable actividad de solidaridad militante al organizar, junto con otras mujeres, el cuidado de los hijos de los huelguistas. Más tarde, viviendo en Alemania, encontró su espacio natural de actividad en la FAUD y contribuyó a la fundación del «Syndikalistischen Frauen-Bundes», organización que estuvo representada en todos los congresos de la FAUD y prestó grandes servicios al movimiento sindical revolucionario en Alemania.

Como en otras ocasiones difíciles, Milly demostró valor al no renunciar a sus opiniones durante la Primera Guerra Mundial. Cuando se promulgó el decreto que daba a los inmigrantes rusos en Inglaterra la opción de alistarse en el ejército o ser deportados, participó en todas las protestas y acabó siendo encarcelada. Poco después de su detención, el abogado de oficio informó a la comisión de que intentaría exculparla de la acusación, sin molestarse siquiera en pedirle su opinión. Cuando Milly se enteró de las intenciones de su abogado durante el juicio, dijo:

«Agradezco a mi abogado todo lo que hace, pero creo que, en las circunstancias actuales, una declaración clara de mis convicciones más íntimas es desproporcionada en relación con las consecuencias que puede acarrear, pues sólo la voz de la conciencia decide lo que está bien y lo que está mal».

Esta declaración le valió dos años y medio de prisión, aunque sus jueces cedieron a su valor.

Dos personas a las que la vida une tan armoniosamente y que han estado asociadas durante tantos años, acaban fusionándose. Este fue, efectivamente, nuestro caso. Siempre que hablamos de uno, pensamos en el otro. Éramos, como decía nuestro amigo español Tarrida del Mármol, «una pareja romántica». […]

Durante los últimos diez meses de su vida cayó enferma con frecuencia, y luego se recuperó, pero sus fuerzas fueron disminuyendo visiblemente. El médico vino a casa más a menudo que en el pasado, pero cuando las cosas mejoraron, volvimos a tener esperanzas. En los últimos meses de su vida le molestaban mucho las dificultades respiratorias y tenía una esclerosis de la arteria coronaria. Tengo la impresión de que vio venir la sombra de la muerte, pero ocultó su estado para no preocuparnos. Ella era así. […]

Las últimas dos semanas fueron una agonía. Su respiración era cada vez más dificultosa y la noche anterior a su muerte tuvimos que llevarla al hospital de Peekskill. Podía sentir que se iba; sentía que mi corazón se paralizaba. Cuando Fermín, Polly y yo la visitamos al día siguiente, la encontramos con una tienda de oxígeno. Cuando nos vio, sonrió y nos pidió que levantáramos la cortina para darnos un tierno abrazo. Al ver a Fermín abatido, le dijo: «¿Por qué estás triste, querido? No te preocupes». Entonces me rodeó el cuello con sus brazos y dijo, con voz débil pero clara: «Lucharé hasta el final, mi amor». Exhausta, apoyó la cabeza en la almohada y sus ojos se cerraron lentamente. Salimos de la habitación en silencio, dejándola descansar. Cuando volvimos dos horas después, estaba en la misma posición, pero ya inconsciente. El médico nos dijo que su pulso disminuía rápidamente. Una hora más tarde, exhaló su último aliento. Murió el 23 de noviembre y fue incinerada el 27 de noviembre. […]

La noticia de su muerte se difundió rápidamente. De todos los rincones del mundo recibí mensajes de viejos amigos, de grupos libertarios, de sindicatos y de otras organizaciones. Se dijeron hermosas palabras sobre ella, tan hermosas que actuaron como un bálsamo en esta herida que no se cerrará durante mucho tiempo. Me alegro de tener unos amigos tan fieles que han podido aliviar, en este doloroso período de mi vida, este sentimiento de abandono, de soledad que me ha causado la muerte de Milly. A todos ellos, sin embargo, les pido que no se preocupen por mí. No estoy desesperado ni moralmente roto, y me enfrentaré al destino como siempre lo he hecho. Uno de esos amigos, conociendo bien la naturaleza de la relación entre Milly y yo, me escribió en aquellos días: «Habéis vivido el uno para el otro tan intensamente que nada puede romper ese vínculo. Siento estas palabras en mi corazón.

Si me veo obligado a seguir mi propio camino, la presencia de Milly seguirá inspirándome. Como siempre. A lo largo de su vida, participó en mis luchas y me apoyó calurosamente en mi trabajo. Poco antes de su muerte, un día en que yo había vuelto a escribir, me dijo con una sonrisa:

«Para mí, el sonido de tu máquina de escribir es como la música. […]

Milly y yo amábamos la vida. A pesar de la crueldad y la escasez de la época, nos dio una gran felicidad interior, mucha belleza y algunas perspectivas maravillosas. También alejó la monotonía y el aburrimiento de la vida cotidiana de nuestra puerta. Tal vez tenía razón Calderón cuando decía que la vida es un sueño, siendo todo lo que nos sucede fugaz, temporal y sujeto a los eternos cambios del tiempo. Pero es el hombre quien da contenido y forma al sueño. Del mismo modo, puede hacer que sea algo lleno de luz o de pesadilla.

Así que continuaré mi lucha solo a partir de ahora, hasta que caiga el telón. Sé que no he vivido una vida inútil, y por eso no tengo miedo a la muerte. Me siento lo suficientemente fuerte para enfrentarme al destino como lo habría hecho Milly si me hubiera adelantado a ella. […] Y añadiré, por último, que si aporté algo a Milly, ella abrió una puerta en mi corazón que me era desconocida y que, sin ella, quizá nunca se hubiera abierto. A través de esta puerta llegó la luz del sol, la vida feliz y la calma interior, todas las cosas sin las cuales la vida es una caricatura. […] Fue una parte de mi vida, y seguramente la mejor. La muerte me la ha arrebatado, pero no puede impedir que su figura y su rostro sigan viviendo en mí, como un precioso recuerdo de los años pasados, de una época que ya ha desaparecido y que nunca volverá.

Rudolf ROCKER

Notas:

[1] Milly Witkop nació el 1 de marzo de 1877 en Zlotopol (Slotopol, Slatopol), un shtetl de la Zona Residencial, actualmente situado en Ucrania, entre Kiev y Dnepropetrovsk. La comunidad judía de esta ciudad, que contaba con 6.373 personas en 1897, 3.863 en 1926 y 1.047 en 1939, fue destruida por los nazis, que masacraron a 1.200 judíos en la región ocupada de Zlotopol entre el verano de 1941 y el otoño de 1942 (W. Portmann/S. Wolf, «Ja, Ich kommt», p. 3). Wolf, «Ja, Ich kämpfte». Von Revolutionstraümen, ‘Luftmenschen’ und Kindern des Schtetls, Münster, Unrast, 2006, pp. 249-250).

🏴Resistencia libertaria y clandestinidad en Francia 🪖Why Washington wants war on Iran

🏴Lucía Sánchez Saornil, una anarquista y feminista en la Guerra civil española☮️

Art Lubna Initial Caps Font Capital Letter U vector design 35787040 ...na densa y completa biografía sobre Lucía Sánchez Saornil ha sido publicada por Michela Cimbalo, doctora por la Universidad Federico II de Nápoles, gracias a haber obtenido el premio Vinka Kitarovic de la Universidad degli Studi de Boloña2. Después de un primer trabajo realizado sobre la organización anarcofeminista Mujeres Libres3, como explica la autora en la introducción, se apasionó de la figura poliédrica y original de su fundadora y decidió ir adelante con su biografía a pesar de la escasa documentación existente. Su objetivo ha sido reseguir todos los trazos dispersos de la vida y de las múltiples actividades de Lucía Sánchez Saornil. Gracias a la diversificación de documentos utilizados, muchos de ellos inéditos, como los padrones municipales, las actas de nacimiento y de defunción del registro civil, los fascículos judiciales, las fuentes de policía de diversos países, los materiales de organizaciones políticas, la correspondencia con algunas personalidades anarquistas y finalmente los testimonios orales familiares ha podido ir reconstruyendo paso a paso las etapas de esta vida intensa y comprometida.

La historiografía ha profundizado más en la organización Mujeres Libres y en su revista homónima4. Sin embargo, se conoce menos la biografía de sus fundadoras, de la escritora Mercedes Comaposada y de la poeta y escritora Lucía Sánchez Saornil. De la primera todavía se tiene que escribir su biografía, de la segunda gracias a este espléndido trabajo se cubre el vacío historiográfico que todavía existía. Sin embargo, es necesario recordar la aproximación biográfica, realizada anteriormente por la militante y estudiosa del movimiento anarquista Antonia Fontanillas, basada fundamentalmente en testimonios orales, en dónde se añadía una selección de sus artículos publicados en los años treinta5.

El libro inicia con su origen y formación en la Madrid de final del siglo XIX, dónde Lucía nació en diciembre de 1895, en el seno de una familia de inmigrantes campesinos provenientes de un pequeño pueblo, Posal de Gallinas (Valladolid). Segunda de cuatro hermanos, de los que sobrevivieron ella y su hermana menor Concepción. También la madre murió cuando Lucía tenía doce años. Su instrucción fue escasa, como era habitual en las familias desfavorecidas económicamente y aunque pudo frecuentar algún año el instituto de beneficencia “Centro de Hijos de Madrid”, su afán de cultura la llevó a ser una autodidacta. Siguió lecciones de pintura en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, aunque la autora no ha encontrado su inscripción en los registros. A los 18 años empezó a escribir y a publicar sus poesías demostrando su sensibilidad y capacidad literaria. En estos años su tema principal era el amor, el deseo y la pasión, utilizando a menudo el pseudónimo masculino “Luciano de San Saor”. El hecho que alguna vez con la misma poesía publicada en otras revistas firmase con su nombre auténtico lleva a Michela Cimbalo a pensar que Lucía jugase con varias identidades, que usó de forma alternada a lo largo de los años diez y veinte. Una voz poética que deseaba escapar de los géneros definidos y que se presentaba voluntariamente de forma ambigua. Para la autora, la joven Lucía hubiera podido vivir con diversas contradicciones que explican sus dificultades en mostrarse con una identidad definida. Por un lado, era la única mujer en el grupo de artistas de vanguardia del inicio del siglo y la actividad literaria era considerada socialmente masculina. Por otro, vivía una atracción por su propio sexo, tema que tenía que esconder al ser castigado socialmente. Su conflicto con las normas sociales podía llevarla a la dificultad de definir claramente su pertenencia a un género.

La sociedad española después del conflicto de la I Guerra Mundial tenía necesidad de renovación y de cambio, también cultural. El movimiento ultraísta aspiraba a superar la tradición y los valores del pasado, uniendo elementos del futurismo, del dadaísmo, del cubismo y del creacionismo. La incorporación de Lucía a las vanguardias literarias fue activa y entusiasta. Su participación en el movimiento ultraísta ha sido profundizado en el estudio de Rosa Mª Martín Casamitjana6. La revista “Los Quijotes”, en donde colaboraba Lucía, se unió a esta nueva corriente. También la poesía de nuestra protagonista se transformó en este momento, participando en la revista “V-ltra” (1921), que representó una revolución en el panorama de las publicaciones literarias españolas. La extracción proletaria de Lucía la diferenciaba de la mayoría de los escritores, sin embargo no fue un impedimento para conquistar un espacio destacado entre ellos y ser plenamente integrada. En los años treinta, nuestra protagonista se alejó de los ambientes literarios, para dedicarse plenamente a la militancia política. Para ella, los vanguardistas hacían discursos de salón y abstractas elucubraciones intelectuales. Su compromiso con los periódicos anarquistas fue menos literaria y más política. Su pseudónimo masculino fue definitivamente abandonado, prefiriendo utilizar su nombre, aunque la mayoría de veces escribió de forma anónima.

En 1916, con veinte años, había empezado a trabajar en la Compañía Telefónica de Madrid, símbolo de la modernidad y de las nuevas tecnologías. Era una profesión abierta a las mujeres de la clase media, a las “señoritas” y las trabajadoras tenían que vestirse de forma presentable. Según la autora, la encargada le había llamado la atención por no llevar sombrero. El trabajo era duro, sin interrupciones, sin descanso dominical y realizado con una rígida disciplina. Para mejorar las condiciones de trabajo se realizó una reunión sindical en el año 1919, impulsada por los trabajadores telegrafistas varones. Fue la única mujer presente en una reunión de 500 asistentes. A diferencia de otras ciudades las telefonistas madrileñas no se sumaron a la huelga nacional. El dictador Primo de Rivera concedió en monopolio la Compañía Telefónica Nacional de España a la estadunidense International Telephone and Telegraphic (ITT) en 1924, lo que repercutió directamente en el trabajo de las telefonistas. Como explicaba el trabajo de Cristina Borderías7, se hicieron cursos para racionalizar el trabajo e imponer el taylorismo. Cada fase del trabajo –respuesta, diálogo con cliente, establecimiento de conexión- venía controlado por cronómetro, los tiempos venían predefinidos por los técnicos estadunidenses. El resultado repercutía en el salario y las posibilidades de hacer carrera. No se podía alzar la voz, no se podía llegar con retraso, estableciéndose castigos para la trabajadora que osara hacerlo. La sustitución del personal masculino por el femenino era un emblema de modernización y así se presentaba por la nueva compañía. Aunque el salario femenino era la mitad del masculino. A finales de 1926 la red telefónica pasó del sistema manual al automatizado. Se tuvo que preparar al personal con cursos especiales. El ritmo se intensificó y también los castigos. Llegar dos minutos tarde al trabajo significaba dos horas más de trabajo. Las trabajadoras con una edad avanzada no pudieron reciclarse y se produjeron muchos despidos. Se extendió el descontento entre el personal y empezaron las protestas. Las que se significaron fueron despedidas o transferidas a otra ciudad. Lucía fue enviada a trabajar a Valencia en 1927 y finalmente despedida en 1931. Con la proclamación de la República, la CNT promovió una importante huelga de la Telefónica a nivel nacional durante el verano de 1931. El conflicto se transformó en un enfrentamiento entre la CNT y el Gobierno republicano, que se situó abiertamente en defensa de la empresa y clausuró los locales del Sindicato deteniendo a sus militantes. Lucía participó en las protestas siendo detenida en Madrid. La huelga no tuvo el resultado positivo que se esperaba. Nuestra protagonista, como otros trabajadores huelguistas, no fue readmitida hasta 1936 con el inicio de la guerra civil.

Su significación como sindicalista en la Compañía Telefónica le llevó a un progresivo compromiso militante con el sindicato anarcosindicalista y con los periódicos anarquistas que surgieron bajo la legalidad de la República. Trabajó como secretaria administrativa con la Federación Nacional de la Industria Ferroviaria (CNT) en Madrid. También fue nombrada redactora del diario “CNT”, órgano nacional del sindicato en 1933, siendo la única mujer presente. Colaboraba en diversos periódicos anarquistas como “El Libertario” de Madrid, “Solidaridad Obrera” de Barcelona, “Avance marino”, órgano del Sindicato de Pescadores (CNT) del País Vasco. Al mismo tiempo, actuó como oradora y propagandista a cargo del sindicato. La Federación local de CNT de Madrid le encargó actividades de instrucción primaria para trabajadores y trabajadoras a partir de 1933, importante tarea que le marcó en su decisión de organizar formación específicamente femenina y posteriormente en crear la revista y la organización Mujeres Libres.

En las primeras semanas de la Guerra civil, el grupo fundador de la revista “Mujeres Libres”, que ya había publicado tres números, se planteó crear una organización nacional, uniéndose a los grupos femeninos específicos que ya existían en el movimiento anarquista. En Barcelona, el Grupo Cultural Femenino (CNT) existente desde 1935 se transformó en sección local de la organización Mujeres Libres a finales de setiembre de 1936. Pronto se crearon otras secciones en diversas partes del territorio español, hasta contar con 115 grupos y unas 20.000 afiliadas. El objetivo de Mujeres Libres era liberar a la mujer de la subordinación a la cual se veía sometida, como asalariada y como mujer. Esta doble lucha la distinguía de las otras organizaciones femeninas existentes durante la Guerra civil. Centrarse en la instrucción y en la superación del analfabetismo tan presente en las mujeres de aquella época era fundamental. Con este objetivo se crearán Institutos en Madrid, Barcelona y Valencia ofreciendo desde lecciones de educación elemental, científica y humanística hasta preparación profesional y técnica. Lucía multiplicó su actividad no sólo inspirando la nueva organización y la revista, que redactaba con editoriales y artículos casi siempre anónimos sino también continuó con la redacción del diario “CNT”, actuando como repórter de guerra, siguiendo en prima línea el desarrollo del conflicto bélico así como las realizaciones de la revolución, que surgieron paralelamente en la retaguardia transformando la organización social. Recuperó la poesía en este contexto, y con un lenguaje simple y directo dio expresión a los sentimientos y preocupaciones emergentes con la insurrección militar. Como por ejemplo, la poesía titulada “Madrid, Madrid, mi Madrid”, exaltación de la acción de la mujer en la defensa de la capital.

Sus escritos eran agudos y críticos, encarando la defensa del trabajo asalariado femenino en igualdad de condiciones con el masculino y tutelado por las organizaciones de clase. Rechazaba el discurso de la inferioridad de la mujer como explicación para mantener la subordinación femenina. También criticaba la teoría de la diferenciación sexual del médico Gregorio Marañón, en boga en los años treinta, como un determinismo biológico, que tenía como objetivo exaltar la maternidad. Lucía destacó por su manera original de defender la liberación femenina conjuntamente con el anarquismo. Para ella la emancipación de las mujeres sólo se podría hacer realidad a través un proceso de autodeterminación y de transformación social. Por ello defendió la total autonomía femenina, denunciando el sexismo de los compañeros varones. Impulsó, con la ayuda de Mercedes Comaposada, un órgano de prensa femenino independiente, la revista “Mujeres Libres”, escrita sólo por mujeres. La publicación, que vio luz el mes de mayo de 1936, estaba dirigida a aumentar la conciencia política y la instrucción de todas las mujeres españolas en general, no solamente anarquistas

En las primeras semanas de la Guerra civil, el grupo fundador de la revista “Mujeres Libres”, que ya había publicado tres números, se planteó crear una organización nacional, uniéndose a los grupos femeninos específicos que ya existían en el movimiento anarquista. En Barcelona, el Grupo Cultural Femenino (CNT) existente desde 1935 se transformó en sección local de la organización Mujeres Libres a finales de setiembre de 1936. Pronto se crearon otras secciones en diversas partes del territorio español, hasta contar con 115 grupos y unas 20.000 afiliadas. El objetivo de Mujeres Libres era liberar a la mujer de la subordinación a la cual se veía sometida, como asalariada y como mujer. Esta doble lucha la distinguía de las otras organizaciones femeninas existentes durante la Guerra civil. Centrarse en la instrucción y en la superación del analfabetismo tan presente en las mujeres de aquella época era fundamental. Con este objetivo se crearán Institutos en Madrid, Barcelona y Valencia ofreciendo desde lecciones de educación elemental, científica y humanística hasta preparación profesional y técnica. Lucía multiplicó su actividad no sólo inspirando la nueva organización y la revista, que redactaba con editoriales y artículos casi siempre anónimos sino también continuó con la redacción del diario “CNT”, actuando como repórter de guerra, siguiendo en prima línea el desarrollo del conflicto bélico así como las realizaciones de la revolución, que surgieron paralelamente en la retaguardia transformando la organización social. Recuperó la poesía en este contexto, y con un lenguaje simple y directo dio expresión a los sentimientos y preocupaciones emergentes con la insurrección militar. Como por ejemplo, la poesía titulada “Madrid, Madrid, mi Madrid”, exaltación de la acción de la mujer en la defensa de la capital.

A finales de abril de 1937, Lucía se trasladó a vivir a Valencia. Para la autora, este hecho fue un duro contraste con la realidad de Madrid asediada por los franquistas. En esta ciudad se ocupó de la vice dirección de la revista semanal “Umbral”, creada por la CNT nacional en julio de 1937. Era una revista vanguardista por sus ilustraciones, en la que contribuían artistas conocidos como Manuel Monleón, autor de originales fotomontajes. Aquí colaboró con reportajes sobre las colectivizaciones industriales y agrícolas, el trabajo cotidiano en el campo, la Casa de la maternidad de Vélez Rubio (Almería), así como la experiencia pedagógica del CENU en Cataluña con entrevistas a sus protagonistas y acompañado de un abundante aparato fotográfico. En esta ciudad, conoció la que sería la compañera de su vida, América Barroso, “Mery”, secretaria de dirección de la revista “Umbral”. Mery, como su hermana Irene, se dedicaba paralelamente al teatro, recitando obras en apoyo del frente republicano. A partir de este encuentro, Mery se dedicó más al compromiso militante al lado de Lucía colaborando con la organización Mujeres Libres y con Solidaridad Internacional Antifascista (SIA).

Esta última organización fue creada por la CNT a finales de mayo de 1937 para gestionar las ayudas provenientes del extranjero y crear una estructura dedicada a la actividad asistencial y de solidaridad en el territorio republicano. La historiografía no ha estudiado todavía de forma detallada la organización de SIA española a pesar de su importancia. La autora hace una buena aportación de esta etapa bastante desconocida de la biografiada, basada en fuentes originales de los archivos de CNT existentes en la Fundación Anselmo Lorenzo de Madrid. Gracias a ellos sabemos que fueron escogidos tres representantes encargados de llevar a cabo este proyecto. Lucía Sánchez Saornil era una de las elegidas junto a Pedro Herrera (militante de la FAI) y Rafael Monteagudo (de las Juventudes Libertarias). La nueva organización recibió el apoyo inmediato de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT), encargándose de recoger ayudas económicas internacionales para la revolución española. SIA venía a ser una organización paralela al Socorro Rojo, influenciada por el Partido comunista, que desarrollaba desde hacía tiempo una importante labor asistencial, distribuyendo víveres, medicinas y otros bienes entre la población. SIA, como remarca la autora, dedicó una atención especial a la creación de colonias infantiles, agrupando los niños refugiados evacuados de zonas de combate o huérfanos de guerra. En enero de 1938, el consejo nacional de SIA se trasladó a Barcelona, en dónde se había instalado el gobierno republicano, por ello Lucía y Mery se establecieron en esta ciudad. Cuando meses más tarde Pedro Herrera dimitió de secretario del consejo general, la CNT propuso a Lucía de ocupar su lugar. Existieron tensiones entre CNT y SIA, cuando el gobierno republicano creó un Comité de Ayuda a España en julio de 1938 y la CNT entró a formar parte desautorizando las funciones de SIA. El conflicto se resolvió gracias a que el nuevo Comité tardó en ser organizado lo que permitió a SIA española continuar con sus contactos. Emma Goldman, uno de los apoyos decididos, creó la sección inglesa de SIA a partir de noviembre de 1937. Otras secciones muy activas fueron las de Suecia, Francia y Estados Unidos, especialmente.

Gracias a la intensa correspondencia que Lucía mantuvo con Emma Goldman y con John Andersson (secretario de la sección sueca y también de la AIT), consultada por la autora y conservada en el Internacional Institute of Social History de Amsterdam, podemos reseguir la actividad de Lucía y de SIA española en los difíciles momentos del final de la guerra. El papel que esta organización tuvo en este momento era un tema muy poco conocido, relevándose esencial al ofrecer un lugar para dormir y alimentación a los prófugos que llegaban en masa. También, en el momento de la caída de Cataluña en manos franquistas, SIA fue fundamental por el esfuerzo realizado ante los refugiados españoles, instalándose en Perpiñán y distribuyendo las ayudas internacionales que recibía entre los internados en los campos de concentración. También ayudó a planificar evasiones, facilitando documentación falsa y dinero para las fugas. Al mismo tiempo, actuó como red de solidaridad y apoyo a militantes perseguidos, que debían vivir en la clandestinidad. En París, Lucía desarrolló su papel de secretaria general, junto con Mateo Baruta y su compañera Cristina Kon, con la protección de la SIA francesa. También publicó en la revista “SIA” francesa, en la sección “España expatriada”, acusando a las democracias europeas de no haber sido más decididos en su ayuda a la República española y de haber contemporizado con el gobierno de Hitler. Con el estallido de la guerra y la invasión de los alemanes en Francia, la policía francesa, colaboracionista de Vichy, persiguió SIA y sus miembros destacados. Lucía y Mery dejaron París, para instalarse en Orleans. Desde esta ciudad continuaron con su trabajo de coordinar a los militantes dispersos y publicaron la revista “España expatriada”, con colaboraciones anónimas dada la difícil situación. Se denunciaban las persecuciones del franquismo y las condiciones extremas de las prisiones. También se daba noticia de las depuraciones realizadas por la administración y los fusilamientos de miles de republicanos. Ante el rápido avance de las tropas alemanas, escaparon de nuevo y se instalaron en Montauban, donde se instauró también una parte del régimen de Vichy.

En esta centro Lucía y Mery vivieron aproximadamente un año y medio. La documentación policial recogida por la autora, demuestra que fueron vigiladas por la policía de Vichy por actividades subversivas y finalmente detenidas. También lo fueron todos los militantes colaboradores de su entorno. En la primavera de 1942 las dos militantes decidieron volver a España, escapando de las investigaciones policiales. Pasaron la frontera con documentos falsos. Se instalaron en Madrid con la familia de Lucía, el padre y la hermana. Gracias a las fuentes usadas por Cimbalo, sabemos que sobrevivieron haciendo diversos trabajos a domicilio, como por ejemplo confeccionando redecillas para el pelo. Arriesgaban la vida en todo momento, ya que podían ser denunciadas por sus actividades anteriores. Sin embargo, no entraron en clandestinidad con documentos falsos. Lucía era la cabeza de la familia y se encontraba a cargo de sus familiares. Durante estos años, hizo una vida sin exponerse públicamente, aunque según testimonios orales volvió a conectar con personas de confianza para reprender la actividad política. Se planteó una reorganización de Mujeres Libres con fines asistenciales y de solidaridad, para ayudar a los detenidos, a sus familias y a los perseguidos. Alguna de las promotoras fue detenida por lo que los grupos se formaban y deshacían frecuentemente. Como señala Ángel Herrerín López el sindicato anarcosindicalista reorganizado, tuvo un notable crecimiento entre 1945 y 19478. A finales de 1947, la policía detuvo a los componentes del Comité nacional, a los de la tipografía clandestina en donde se publicaban los periódicos y se hizo con los archivos de la organización. La CNT decidió trasladar la sede de sus publicaciones a Valencia, estableciéndose en esta ciudad. También Lucía y Mery abandonaron Madrid a principios de 1948 con toda la familia Sánchez Saornil y se trasladaron a Valencia, dónde vivía la familia de Mery.

La situación no era fácil tampoco en esta ciudad. Dos hermanos de Mery Barroso habían sido detenidos y encarcelados. Para sobrevivir tuvieron que inventarse un trabajo de representantes de géneros de punto, que revendían a los negocios. También realizaron trabajos de colaboración doméstica. Hasta los años cincuenta no estabilizaron el sustento. Mery, que había nacido en Argentina, comenzó a trabajar como administrativa en el Consulado de este país y Lucía desarrolló su capacidad pictórica y empezó a pintar abanicos y baldosas de cerámica, así como cuadros por encargo. Gracias al testimonio oral de la familia Barroso, sabemos que Lucía fue aceptada por la familia de Mery como una más, aunque su relación sentimental se mantuvo en la clandestinidad. Cimbalo contextualiza cómo la homosexualidad era condenada socialmente, siendo además un delito penal perseguido por el franquismo.

En Valencia, Lucía retomó sus contactos con grupos de artistas e intelectuales que se reunían periódicamente en su casa. También con algunas compañeras de Mujeres Libres de esta ciudad, que había frecuentado durante la guerra. El estudio pormenorizado conducido por la autora, tiene que aceptar el hecho que no se conoce si tuvo actividad política clandestina en estos años. Volvió a escribir poesía como expresión intima de sus profundas reflexiones. En 1955 publicó en “Estrofa”, una revista de Burgos, la poesía “Quiero en mi ley cumplirme”, con una clara afirmación de libertad y rechazo a las imposiciones externas. También dejó inédito un libro de poesías titulado “Siempre puede volver la esperanza”, que recogían el estado de ánimo de sus últimos años. Era consciente de la derrota política pero al mismo tiempo demostraba una fe inquebrantable en sus propios ideales y sueños. Nos refiere Cimbalo que con cierta tristeza Lucía se daba cuenta de su aislamiento, mientras fuera de su entorno la vida continuaba y nuevas esperanzas nacían para otras generaciones. Lucía Sánchez Saornil murió en junio de 1970 en Valencia con 74 años. En su tumba Mery hizo escribir un fragmento de una de sus poesías: “pero… ¿es verdad que la esperanza ha muerto?”. En esta poesía ella misma daba una respuesta vital y positiva:

“Vuela, volamos,

¿Hacia donde?/

¡Oh! No importa, no importa./

El mundo es todavía hermoso.

¡Siempre puede volver la esperanza!”9.

En conclusión, nos encontramos ante un estudio detallado, en dónde Michela Cimbalo ha descrito con mucha atención las diversas etapas vitales de esta importante militante anarcofeminista, que unió el ideal político a la poesía, la instrucción a la solidaridad dentro y fuera del movimiento anarquista. Se puede afirmar con tranquilidad que este libro, que esperamos se traduzca pronto al castellano, representa un auténtico avance en la historiografía sobre la participación femenina en el movimiento anarquista y sobre el importante papel de una de sus más significativas militantes, que quiso estar siempre en la sombra rechazando el protagonismo personal a favor de una acción colectiva y paritaria.

☮️Alemania y el espejo USA del rechazo a la «mili»🏳️

☮️No a las bases militares de EEUU ni en Guantánamo ni en América Latina